Por Juan Gabriel Tokatlian (para Safe Democracy)

Juan Gabriel Tokatlian escribe sobre el estado de las democracias a nivel global y afirma que existen señales inquietantes desde el 11 de Septiembre de 2001. Un autoritarismo larvado o, lo que es lo mismo, una regresión democrática, parece recorrer el sistema internacional, alerta. Tokatlian cree que esta involución podría minar seriamente a las democracias del centro y de la periferia, a las más antiguas y las nuevas, a las presumiblemente consolidadas y las muy endebles, escribe, independientemente de su marco geopolítico y analiza por qué.


Juan Gabriel Tokatlián es sociólogo y ha realizado una maestría y un doctorado en Relaciones Internacionales en la Johns Hopkins University de Washington. Dirige actualmente la carrera de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, en Argentina.

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LA DEMOCRATIZACIÓN NO CONSTITUYE UN PROCESO homogéneo e inexorable. Fuerzas, factores y fenómenos contingentes pueden generar obstáculos y provocar retrocesos. En esencia, la democratización es un proceso social e histórico y, por lo tanto, su evolución no está predeterminada. Es posible la involución.

SEÑALES INQUIETANTES
En ese sentido existen señales inquietantes. Durante la fase final de la Guerra Fría, la comunidad internacional buscó impulsar la protección de los derechos humanos y restringir la arbitrariedad de los gobiernos no democráticos. Se trataba de denunciar, y también sancionar, a los regímenes autoritarios y totalitarios por sus violaciones a los derechos fundamentales. Incluso en los casos en que esos regímenes confrontaban el desafío de movimientos armados, el mundo buscaba –en especial, los gobiernos de los países desarrollados– que se los enfrentara bajo el imperio de la ley. Autoritarios y totalitarios eran escrutados para que no aplicaran políticas ilegítimas y violentas.

MANO DURA
Después del 11 de Septiembre de 2001 se ha dado un giro relevante; se ha instalado una atmósfera de mano dura que tiende a permitir que las democracias –en particular, la de los países centrales– tengan más discrecionalidad para recortar libertades y aplicar políticas coercitivas. No hay duda de que una democracia puede y debe defenderse de manera legítima y legal. Lo que no puede ni debe es protegerse de modo ilegítimo ni ilegal.

DIFERENTES MARCOS GEOPOLITICOS
Observemos algunas democracias con distintos niveles de madurez y substantividad, ubicadas en diferentes marcos geopolíticos. Hoy, George W. Bush en Estados Unidos puede limitar más la libertad de sus conciudadanos en aras de mayor seguridad, al tiempo que puede anunciar ataques preventivos (que hacen trizas la carta de la ONU). Israel puede aplicar políticas virulentas contra los palestinos en nombre de la “guerra contra el terrorismo”, amparándose en la naturaleza democrática del régimen israelí. Vladimir Putin en Rusia puede recurrir a la fuerza letal contra los chechenos, en defensa de una turbia democracia asediada por el “terrorismo internacional”. Gloria Arroyo en Filipinas acuerda la presencia de soldados estadounidenses en su territorio para apoyar a la frágil democracia filipina en su lucha contra el grupo Abu Sayyaf, legitimando la intromisión de tropas extranjeras para combatir el “terrorismo fundamentalista”. Y, en Colombia, el gobierno de Álvaro Uribe propicia una política severa en materia de orden público, en nombre de la defensa de la “seguridad democrática” y en aras del combate contra el “terrorismo” local, vinculado presuntamente al internacional.

LOS LÍMITES DE LA DEMOCRACIA
En todos los casos estamos frente a regímenes democráticos. En cada uno de ellos existe una parte importante de la opinión pública que respalda las medidas, mientras se extiende un elocuente silencio internacional frente a esos –y otros tantos– ejemplos. Sin embargo, surgen cuestiones fundamentales respecto a los límites que tienen o aceptan estas democracias en su lucha contra el terrorismo; ante quiénes, cómo y cuándo rinden cuentas por sus acciones de fuerza crecientemente represivas; y en qué momento se podrá decir que estas democracias se sienten seguras y revitalizan las plenas libertades públicas.

Un autoritarismo larvado –o lo que es relativamente lo mismo, el espectro de una regresión democrática– parece recorrer el sistema internacional. Ello, sin duda, podría minar seriamente a las democracias del centro y de la periferia, a las más antiguas y las nuevas, a las presumiblemente consolidadas y las muy endebles.