Por Sagrario Morán (para Safe Democracy)

Sagrario Morán analiza la última tregua permanente de ETA y cree que lo realmente nuevo y esperanzador es que se ha declarado tras un periodo prolongado de más de 1.000 días sin atentados mortales, con una banda debilitada por la eficacia policial y judicial, y con una militancia cada vez más deseosa de entrar en el juego político. Morán piensa que sólo desde la unidad política de todos los demócratas, ETA comprenderá –si es que aún no lo ha hecho– que por respeto a las víctimas y por dignidad al Estado de Derecho, su desaparición definitiva no puede ser fruto de ningún precio político.


Sagrario Morán es especialista en ETA y profesora de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad Rey Juan Carlos I. Ha publicado “PNV-ETA. Historia de una relación imposible”.

HA COMENZADO “EL ALTO EL FUEGO PERMANENTE” decretado por ETA. Esperanza, prudencia y oportunidad son tres palabras que hemos escuchado de forma reiterada desde que la organización terrorista, autora de la muerte de más de 800 personas en todo el territorio español (desde 1968), hiciese dicha declaración.

NO ES LA PRIMERA VEZ
No era la primera vez que la banda anunciaba un cese de la violencia. En la historia de ETA ha habido una evolución en sus anuncios de tregua. En la década de los ochenta declaró varios ceses del fuego. El más largo, de tres meses, fue decretado con motivo de unas conversaciones celebradas entre representantes del Gobierno socialista y dirigentes de ETA en Argelia, en 1989. Conversaciones frustradas, porque la banda no estaba dispuesta a renunciar a sus objetivos políticos independentistas.

FRACASOS DEL PROCESO DE PAZ
Casi diez años después, en septiembre de 1998, anunciaba una “tregua unilateral e indefinida”. Los términos, muy novedosos –acostumbrados a treguas limitadas por el tiempo– tiñeron de esperanza a toda España. Con el paso de los meses comprobaríamos que la tregua no era unilateral sino fruto de un acuerdo secreto entre el principal partido nacionalista vasco, el PNV, y ETA. Acuerdo por el que la banda trató de imponer, a cambio del fin de la violencia, su propio modelo de Estado para los vascos. Nuevamente el “proceso de paz” fracasó.

¿ALTO EL FUEGO PERMANENTE?
Se abre ahora un periodo inédito donde parece que la tregua es cualitativamente más madura que las anteriores. ETA habla de “alto el fuego permanente”. En su terminología es un paso con respecto a las anteriores treguas. Pero lo realmente nuevo y esperanzador es que se ha declarado tras un periodo prolongado de más de 1.000 días sin atentados mortales, con una banda debilitada por la eficacia policial y judicial, con una militancia cada vez más deseosa de entrar en el juego político, y con un terrorismo yihadista en el panorama internacional.

No obstante, la experiencia nos obliga a ser prudentes porque ETA no ha utilizado el término de “alto el fuego definitivo”, como se exige en la hoja de ruta diseñada por la resolución aprobada en el Congreso de los Diputados, en mayo de 2005. De ahí que antes de dar cualquier paso se imponga la necesidad de verificar si se trata de una renuncia firme de la violencia.

LA UNIDAD DE TODOS LOS DEMOCRATAS
Una vez constatada ésta, para que la oportunidad abierta derive en la desaparición de la organización terrorista, se precisa la unidad de todos los demócratas. La paz debe conseguirse desde el mayor consenso, con lo cual ninguna formación política debe quedar al margen. Solo desde la unidad política, y desde el apoyo de esos grandes altavoces públicos que son los medios de comunicación, ETA comprenderá, si es que aún no lo ha hecho, que por respeto a las víctimas y por dignidad al Estado de Derecho, su desaparición definitiva no puede ser fruto de ningún precio político.