Por Nelson Pilosof (para Safe Democracy)

Nelson Pilosof cree uno de los problemas de las sociedades contemporáneas es la exacerbación de la importancia de la política y la tecnología en la vida de las personas y las sociedades, y que descuidando su permanente sustrato filosófico y moral, la democracia se herrumbra y prepara su fracaso. En este sentido, Pilosof señala que es esencial mantener viva la interculturalidad, como uno de los caminos fundamentales para preservar la convivencia y el respeto; se trata de la verdadera democracia, más allá de lo exclusivamente político, escribe.


Nelson Pilosof es empresario y filósofo uruguayo. Preside el World Trade Center Montevideo.

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ESTÁ TOMANDO CUERPO EN LA SOCIEDAD MODERNA un proceso de politización creciente y expansivo. Llamo politización a la exacerbación de la importancia de la política en la vida de las personas y de las sociedades, y a la intromisión de la política en áreas de la vida y la cultura en las que no debería inmiscuirse. Estoy pensando, por ejemplo, en las religiones, las artes, el deporte, los medios de comunicación, la educación, los gremios, las relaciones interpersonales, el centro focal del pensamiento y la meditación, etc.

Advierto la excesiva politización de la democracia, a pesar de que se trate de un aspecto fundamental y prioritario en la democracia es su aspecto político.

SUSTRATO FILOSÓFICO Y MORAL
Pero se descuida algo esencial: sin su permanente sustrato filosófico y moral, la democracia se herrumbra, comienza su decadencia y prepara su fracaso. Quienes gustan ver sólo el lado político de la democracia, cometen, entre otros, estos errores básicos:

a) dan énfasis solamente al aspecto cuantitativo que determina las mayorías electas en aplicación del sistema, descuidando y postergando el aspecto cualitativo, que hace que las mayorías sean prudentes en la administración del poder, y que respeten y escuchen a las minorías, parte fundamental de la sociedad, ya que es inconcebible democracia sin pluralismo;

b) sin el componente moral, las democracias se desvían de su razón de fondo: el respeto a la condición humana de cada persona, a su unicidad y a su derecho irrenunciable a pensar distinto o igual a los demás, pero por decisión propia y no por imposición de la mayoría. Las mayorías pueden equivocarse; las mayorías pueden desviar el fundamento moral de la sociedad; las mayorías arrogantes pueden “democráticamente” ir hacia el totalitarismo.

c) Hay muchos temas esenciales para el hombre, que no se resuelven ni pueden resolverse por mayoría, y donde debe quedar preservado el derecho a quedar incluso en minoría absoluta, como temas de conciencia, concepción del mundo y de la vida, lealtad a valores que la sociedad puede estar postergando o incluso denigrando.

FILOSOFÍA DE VIDA
La sociedad democrática se basa en el pluralismo, como filosofía de vida y forma de vivir cotidianamente. Quienes no respetan el pluralismo, socavan la democracia, y la usan transitoriamente para llevarla a su extinción y sustitución por regímenes omnímodos, antipluralistas y liberticidas.

INTERCULTURALIDAD
Este tema de la interculturalidad es esencial mantenerlo activo y siempre vigente en el mundo de la globalización. Interculturalidad es democracia, pero más allá de lo político exclusivamente. Es uno de los caminos fundamentales para la convivencia y el respeto, sin los cuales poco futuro le cabe a la sociedad moderna y a las democracias, crecientemente canalizadas por los avances y predominancia de la tecnología. La realidad de estos tiempos nos advierte que un avance descontrolado y mal utilizado de la tecnología, erosiona las identidades nacionales, las formas democráticas de convivencia, el desarrollo del espíritu y la predominancia del mundo de los valores.

La tecnología crece continua e irreversiblemente a pasos acelerados. La educación espiritual y el respeto a la convivencia dentro del pluralismo, o está muchas veces en retroceso, o cuando avanza lo hace a un ritmo lento y va siempre a la zaga del cambio tecnológico.

Estamos a tiempo de reflexionar y fortalecer los cimientos esenciales de la condición humana y de la convivencia interhumana.