Por Miguel Huezo Mixco (para Safe Democracy)

Miguel Huezo Mixco analiza la situación de los indígenas en El Salvador y dice es importante crear condiciones socioeconómicas, políticas y culturales que debiliten las desigualdades abismales entre indígenas y no indígenas. Huezco Mixco intenta dar visibilidad a la invisibilidad de los indígenas de su país y advierte de la intolerancia y la exclusión en la sociedad salvadoreña.


Miguel Huezo Mixco es escritor y ensayista salvadoreño. Ha publicado tres libros sobre temas culturales. Forma parte del Equipo editorial del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD El Salvador.

LA DESIGUALDAD TIENE UN ROSTRO INDÍGENA EN EL SALVADOR. Así lo evidencia el “Informe Sombra”, elaborado por representantes de grupos indígenas salvadoreños en respuesta al Informe oficial ante la Comité para Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) de Naciones Unidas. El documento cuestiona, entre otras cosas, uno de los supuestos básicos de la “identidad” salvadoreña: la inexistencia de una significativa población indígena, y subraya la necesidad de un replanteamiento de la actuación del Estado frente al asunto indígena.

LA INVISIBILIZACIÓN DEL INDÍGENA
En 1990, estimaciones independientes calcularon que las personas que se reconocen a sí mismas como indígenas alcanzarían la nada despreciable cifra de 600 mil personas (el 10 por ciento de la población que vive dentro del país).

Considerando estas cifras, resulta llamativo que, en un país tan pequeño, crecientemente urbano, se siga considerando casi insólita la inexistencia de indígenas.
En realidad, los indígenas de El Salvador de nuestros días son muy difíciles de distinguir: no muestran las características culturales externas y observables (vestido, idioma, etc.) de otros países.

Este fenómeno, que el antropólogo Marc Chapin llamó la “invisibilización del indígena salvadoreño”, es parte de un proceso que adquirió dramatismo después de la matanza de 1932, cuando el ejército sofocó un levantamiento en el que los indígenas tuvieron participación directa. En la cultura salvadoreña decir “indio” siempre fue sinónimo de estúpido y resentido social.

DISCRIMINACIÓN RACIAL
En 1979 el gobierno adquirió la obligación de rendir informes periódicos sobre el cumplimiento de la Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial. El informe de 2005 corresponde al Noveno, Décimo, Undécimo, Duodécimo informes pendientes desde 1995.
El documento del gobierno asegura que la salvadoreña es una sociedad principalmente mestiza, cuya población no está compuesta por grupos con características raciales diferentes. Tampoco reconoce las diferencias entre blancos (ladinos) e indios. Esta invisibilización vuelve más ardua la posibilidad de identificar la condición de los indígenas, ya que el censo oficial tampoco considera su existencia.

SITUACIÓN ECONÓMICA Y SOCIAL
Basado en estimaciones propias, el Perfil de los pueblos indígenas (2003), auspiciado por el Banco Mundial, estima que seis de cada diez indígenas viven en situación de pobreza, y cuatro de cada diez en pobreza extrema; apenas el 27 por ciento de los niños indígenas reciben cobertura médica completa durante el primer año de vida; y nueve de cada diez hogares carecen de servicio de drenaje.

Aunque no existen datos oficiales sobre la situación económica y social de los indígenas, el Mapa de Pobreza (2005) del gobierno, revela que muchos de ellos viven en el grupo de municipios más pobres del país.

DESIGUALDADES ABISMALES
Para que sean reales y posibles los enunciados del Estado salvadoreño de reconocimiento igualitario para todos los miembros de la sociedad, se deben crear condiciones socioeconómicas, políticas y culturales que debiliten las desigualdades abismales entre indígenas y no indígenas.

Un concepto de ciudadanía plena no encaja en esta sociedad, de por sí marcada por la intolerancia y la exclusión, en la que los indígenas, aparte de vivir las desigualdades materiales, por sus propios símbolos y hábitos, por su cultura, enfrentan enormes dificultades en la convivencia misma.