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¿Adiós a la ONU?

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Por Juan Gabriel Tokatlian (para Safe Democracy)

Juan Tokatlian indaga sobre el presente y futuro de Naciones Unidas y predice tres escenarios posibles al respecto. En el corto plazo, se mantendrían tensiones divergentes en su seno que no se cristalizarán, necesariamente, en un cambio hondo (orden híbrido); por otro lado, Estados Unidos intentaría afianzar su condición unipolar (orden imperial). Pero en el largo plazo, Tokatlian cree que se producirá un reordenamiento profundo del sistema mundial, y la gestación de una heteropolaridad, es decir, un orden de polaridades múltiples. Sepa a continuación cuáles son las posibilidades de la diplomacia multilateral para el siglo XXI.


[2] Juan Gabriel Tokatlián es sociólogo y ha realizado un doctorado y una maestría en Relaciones Internacionales en la Johns Hopkins University, de Washington. Dirige actualmente la carrera de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, en Argentina.

UN DATO IMPRESCINDIBLE PARA ANALIZAR la evolución del sistema internacional es distinguir con cierta precisión el tipo de equilibrio de poder inter-estatal predominante y su vínculo con el foro principal de la diplomacia multilateral: la Organización de Naciones Unidas.

La pregunta esencial tiene que ver con la existencia (o no) de una sincronía entre la distribución de poder mundial y la institucionalidad (formal o informal) vigente en cada momento histórico.

EL CONCIERTO DE EUROPA

Durante el siglo XIX en Occidente, el locus del poderío político, militar y material se ubicaba en Europa, mientras el llamado Concierto de Europa –un esquema de consulta entre las mayores potencias europeas de la época– instituido después del Congreso de Viena de 1815, contribuía a la preservación de una relativa paz en el viejo mundo mediante conferencias, negociaciones y acuerdos.

LIGA DE LAS NACIONES
Después de la Primera Guerra Mundial se creó la Liga de las Naciones con el propósito de alcanzar la seguridad colectiva.

Su fracaso obedeció, en buena medida, al hecho de que el organismo no reflejaba la ecuación de fuerzas en ciernes: la ausencia del principal poder ascendente, Estados Unidos, impidió que la nueva institución tuviera la capacidad y legitimidad suficientes para garantizar la paz internacional.

OLIGARQUÍA DEMOCRÁTICA
Terminada la Segunda Guerra Mundial, la Organización de Naciones Unidas, combinó una estructura democrática (la Asamblea General con cada país un voto) y otra oligárquica (el Consejo de Seguridad con el veto para dos superpotencias como Estados Unidos y la Unión Soviética, y para tres grandes potencias, China, Francia y Gran Bretaña). Esta estructura respondía más cabalmente al reparto de poderío tangible en el sistema mundial.

[3] ¿Y AHORA QUÉ?
Culminada la Guerra Fría, con la implosión de la Unión Soviética, y, más aún, después de la guerra a Irak de 2003, la ONU no parece traducir la distribución de poder internacional.

En este contexto, existen distintos escenarios posibles:

Es altamente probable que, al menos en el corto plazo, se mantenga un contexto mixto con fuerzas y tensiones diversas y divergentes que no se cristalicen, necesariamente, en un cambio hondo de Naciones Unidas. Es probable que Estados Unidos pretenda, en el mediano plazo, afirmar aún más su condición unipolar convirtiendo a la ONU (actual o reformulada) en una institución dócil y subordinada a su poderío militar.

HACIA UNA ESTRUCTURA MÁS PLURAL
Es potencialmente probable que, en el largo plazo, se produzca un reordenamiento profundo del sistema mundial que lleve a que Naciones Unidas –u otro órgano de alcance planetario– entre en un proceso de reforma de envergadura en el que la variedad y heterogeneidad existentes (tanto material como culturalmente, y en el ámbito estatal y no estatal) facilitan el tránsito hacia una estructura más plural.

TRES POSIBILIDADES
En el primer escenario, estaríamos en presencia de un orden híbrido, con elementos claros de un patrón unipolar y con fenómenos que insinúan cierta multipolaridad. En el segundo escenario, asistiríamos a un orden imperial, notoriamente encabezado por Estados Unidos. Y en el tercer escenario, observaríamos la gestación de una heteropolaridad, es decir, un orden de polaridades múltiples, tanto en el plano estatal como en el no estatal, que combina niveles intrincados y coetáneos de cooperación y conflicto.

En cualquiera de los tres escenarios habrá que recordar que a las naciones más pequeñas, a los países intermedios, a las potencias medias o a los poderes regionales les conviene un mundo en el que prime una distribución y difusión del poder y no una concentración y centralización del poder y en el que los regímenes internacionales y los espacios multilaterales resulten sólidos, legítimos y eficaces.