Por Javier Jordán (para Safe Democracy)

Javier Jordán analiza las distintas fuentes de financiación que utiliza el terrorismo yihadista y explica cómo y por qué el origen de los recursos procede fundamentalmente de la criminalidad y de donaciones. He aquí un breve recorrido por las dificultades que plantea la prevención del yihadismo.


Javier Jordán es profesor del Departamento de Ciencias Políticas y de la Administración de la Universidad de Granada, del Instituto Andaluz de Criminología, y del Experto en Servicios de Inteligencia del Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado”. Es también redactor jefe de JihadMonitor.org.

SE HA ESPECULADO MUCHO SOBRE LAS FUENTES DE FINANCIACIÓN del yihadismo. A día de hoy se sabe que el dinero no procede directamente de Estados, ni de la fortuna personal del fundador de Al Qaida. Bin Laden invirtió su patrimonio personal en apoyo de los muyahidines durante la guerra de Afganistán y, posteriormente, en los comienzos de Al Qaida y en un complejo entramado empresarial en Sudán. Pero cuando Bin Laden se estableció de nuevo en Afganistán en 1996 su fortuna estaba prácticamente agotada. Además, Al Qaida representa hoy sólo una fracción del movimiento yihadista global.

CRIMINALIDAD Y DONACIONES

El origen de los recursos procede de otras vías, principalmente de la criminalidad y de donaciones.

Los robos, el fraude de tarjetas de crédito, la sustracción de vehículos o el tráfico de drogas son medios de financiación habituales de los grupos yihadistas, sobre todo de los que actúan en Europa. En ocasiones, algunos de sus miembros ya se encontraban inmersos en el mundo de la delincuencia antes de su paso al radicalismo. Otros tienen un trabajo normal pero recurren a esas actividades con el fin de obtener fondos complementarios para la causa.

La justificación moral de tales acciones radica en su finalidad. Los líderes espirituales del yihadismo, como por ejemplo el jeque Abu Qutada, legitiman la delincuencia y el tráfico de drogas cuando están orientadas a la yihad, e incluso las asemejan al derecho de botín de las guerras medievales.

AUTONOMÍA FINANCIERA

La financiación a través de la criminalidad permite la autonomía financiera de muchos de estos grupos, sin necesidad de recibir recursos de un nivel superior. En España ha sido la principal fuente de recursos de las distintas redes desarticuladas y la que permitió financiar los atentados del 11-M.

El otro sistema de financiación son las donaciones privadas. La limosna, o zakat, es una obligación dentro del islam que se traduce en miles de millones de dólares al año destinados a fundaciones y asociaciones caritativas. No existe una cantidad establecida pero la referencia suele ser un 2,5 por ciento de los ingresos anuales en función de las posibilidades de cada familia. Como es lógico gran parte de ese dinero se destina a fines legítimos, humanitarios y absolutamente loables, pero la experiencia ha demostrado que en ocasiones parte de ese dinero ha ido a parar a manos de grupos radicales y yihadistas.

LA LUCHA EN PALESTINA Y EN IRAK
En ocasiones quienes realizan la aportación desconocen por completo que se va a dedicar a fines radicales, pero en muchos casos sí tienen una idea más o menos clara de a qué se va a destinar. Por ejemplo, algunos comerciantes musulmanes del barrio de Lavapiés en Madrid han reconocido que Said Chedadi –un miembro de la red de Abu Dahdah– pasaba por sus comercios para hablarles de la yihad y a pedirles su aportación. Y, aunque los entrevistados en cuestión no reconocen ni niegan habérsela prestado, es probable que algunas personas no yihadistas contribuyan de vez en cuando si saben que su dinero va a servir para apoyar la lucha en Palestina o Irak.

ZAKAT Y HALAL
Otras veces son las propias salas de oración, los ultramarinos, las panaderías o las carnicerías halal los lugares desde donde se recauda el zakat. En el sector de la alimentación existe también otra fuente de ingresos que es la tasa halal. Un pequeño impuesto, propina o donativo –como se quiera considerar– que se añade al precio de un determinado producto que ha sido sacrificado y preparado en conformidad con la normativa islámica. Al igual que el zakat, en numerosos comercios esta pequeña tasa no computa en la declaración fiscal y por tanto resulta difícilmente controlable.

Desde el comienzo los yihadistas han utilizado como pantalla organizaciones benéficas. En cierto modo la Oficina de Servicios Afgana (que fue la cuna de la que surgió Al Qaida) fue una organización de este tipo. Después de Afganistán ese modelo de organizaciones fue utilizado de nuevo en Bosnia y Chechenia. Por su propia naturaleza no despierta sospechas que los miembros de una ONG recauden dinero, publiquen revistas, organicen conferencias con invitados extranjeros, viajen por diferentes países, etc. Además, apenas necesitan infraestructura. Una oficina en un pequeño apartamento, un fax, una dirección de correo y una línea telefónica son más que suficientes.

LA COBERTURA DE LAS ASOCIACIONES
Por todas esas razones Al Qaida y otros grupos radicales han utilizado durante años la cobertura de asociaciones benéficas ficticias para obtener recursos de musulmanes bienintencionados y a veces incluso de la propia Administración estatal. Por ejemplo, la Holy Land Foundation decía a los musulmanes norteamericanos que su dinero se utilizaría para ayudar a viudas y huérfanos. Lo cual en parte era cierto, ya que en realidad apadrinaba prioritariamente a hijos de terroristas suicidas. En Estados Unidos varias de estas ONGs actuaron con casi plena libertad hasta que después del 11-S el gobierno endureció la vigilancia y congeló las cuentas de algunas de ellas.

No es fácil controlar la actuación de ONGs radicales, que apoyan financieramente grupos terroristas o que al menos los apoyan con un discurso marcadamente antioccidental que facilita el reclutamiento yihadista. Esas asociaciones utilizan cajas B con un flujo considerable de dinero en metálico procedente de donaciones directas y suelen estar también relacionadas con otras asociaciones y empresas pequeñas que les permiten blanquear y canalizar los ingresos. Además, las medidas policiales y judiciales contra este tipo de grupos pueden provocar fácilmente una acalorada polémica por parte de las comunidades islámicas en general y de algunos movimientos de defensa de los derechos civiles.

EL APOYO DEL GOLFO Y DE ARABIA SAUDÍ
En algunos casos esas ONGs también pueden recibir el apoyo de organismos como la Liga Islámica o la Conferencia Islámica Internacional, que a su vez reciben ayudas económicas de Arabia Saudí y de otros Estados del Golfo. Habitualmente ese dinero se dedica a la construcción de mezquitas, salas de oración y sueldos de imanes. Pero parte de esos ingresos también pueden acabar siendo derivados a actividades ilícitas. Son varios los gobiernos europeos que están intentando controlar las contribuciones procedentes del extranjero, pero –por las razones que acabamos de apuntar– no siempre es un rastro fácil de seguir.

Una vez que el dinero está mano de los radicales, y en el caso de que deseen hacérselo llegar a otra célula, suelen transferir los fondos en pequeñas cantidades con el fin de no despertar sospechas. Un medio muy conocido es la hawala. Se trata de un sistema arcaico que utiliza como intermediarios a individuos en el lugar de origen y en de destino, que reciben y entregan el dinero cobrando una pequeña comisión, y sin dejar rastro en el sistema bancario formal.

LA HAWALA EN ESPAÑA
En el año 2005, la policía española conocía la existencia de doce negocios de hawala en nuestro país y reconocía que los radicales se han servido de ese sistema en sus actividades financieras. Pero los yihadistas también han utilizado otros medios como las transferencias legales, las empresas de envío de dinero que suelen utilizar los inmigrantes e incluso los correos humanos, aprovechando los viajes de militantes o familiares de confianza.

Al margen de estos medios de financiación, muchos yihadistas se mantienen a sí mismos y a sus familias con trabajos legales. En numerosas ocasiones se trata de personas aparentemente normales, que no viven en la clandestinidad ni reciben un sueldo de la organización terrorista. Los medios económicos extraordinarios sólo son precisos cuando van a llevar a cabo un atentado terrorista o cuando van a enviar a algún voluntario sin recursos a Irak o Afganistán (porque, de tenerlos, se pagaría él mismo el viaje).

EL 11-M COSTÓ 45.000 EUROS
La experiencia de estos años de lucha antiterrorista ha constatado una y otra vez que la militancia yihadista es relativamente sobria y barata.

Por poner dos ejemplos europeos, los atentados del 7-J en Londres fueron obra de cuatro individuos que fabricaron los explosivos ellos mismos, con sustancias que apenas les costaron unos cientos de euros y siguiendo instrucciones que habían obtenido a través de internet. Por su parte, los atentados de Madrid tuvieron un coste más elevado porque incluyeron la compra de explosivos, el alquiler de varios domicilios y los gastos de manutención de varios de los terroristas durante los meses inmediatamente previos a la masacre. Sin embargo, el coste total de la operación no superó los 45.000 euros. Posiblemente incluso fue menor.