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El gas y el petróleo marcan la agenda sudamericana

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Por Fabián Bosoer (para Safe Democracy)

Fabián Bosoer cita la más sangrienta guerra ocurrida en Sudamérica en el siglo XX –entre Paraguay y Bolivia, con 100 mil muertos por enfrentamientos de territorios, petróleo y otros intereses– para poner de manifiesto que los recursos energéticos vuelven a estar hoy en primer lugar de la agenda regional. Bosoer cree que ya no son las ideologías los principales factores que guían y separan a las políticas de los gobiernos y trazan las coordenadas de acercamientos y confrontaciones en América Latina, sino los recursos naturales, sobre todo el gas y el petróleo.


[2] Fabián Bosoer es politólogo y periodista del diario Clarín. Es profesor de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Belgrano.

SE HAN CUMPLIDO 71 AÑOS de la finalización de la más sangrienta guerra ocurrida en Sudamérica en el siglo XX. El conflicto bélico entre Paraguay y Bolivia comenzó oficialmente el 15 de junio de 1932 y concluyó formalmente tres años más tarde, el 14 de junio de 1935.

Sus consecuencias se hicieron sentir largamente después de suscribirse la paz, cosa que ocurrió en una Conferencia Interamericana extraordinaria celebrada en Buenos Aires en diciembre de 1936 y por la cual el Ministro de Asuntos Exteriores argentino (canciller) de entonces, Carlos Saavedra Lamas, fue merecedor del Premio Nobel.

100 MIL MUERTOS

En esa guerra murieron más de 100 mil hombres reclutados entre los más pobres de dos de las naciones más atrasadas de América del Sur.

Los bolivianos, detrás de la quimera de la salida al mar, fueron rechazados por los paraguayos, dispuestos a defender su territorio del Chaco boreal, una extensión de 250 mil kilómetros cuadrados, con bosques de quebracho en la superficie y petróleo bajo tierra.

MUCHO MÁS QUE LUCHA TERRITORIAL
Ocurre que detrás de esa enconada lucha territorial había otros intereses. La venta de armas a las dos países en conflicto por parte de una Alemania interesada en el petróleo y el estaño bolivianos; el espionaje militar europeo y norteamericano, la sorda guerra petrolera entre la Standard Oil de Nueva Jersey, establecida en Bolivia, y la anglo-holandesa Shell, en Paraguay, y las operaciones de contrainteligencia de los países vecinos al campo de batalla, Argentina, Brasil, Chile y Perú buscando sacar ventajas unos de otros.

Todos estos factores confluyeron en esa estratégica porción central de Sudamérica y jugaron en la llamada Guerra del Chaco un papel decisivo.

El hecho es recordado por el periodista e historiador Rogelio García Lupo en un interesantísimo libro, Últimas noticias de Perón y su tiempo (Vergara-Grupo Zeta), que se acaba de publicar (en Buenos Aires).

[3] EVO MORALES Y LOS HIDROCARBUROS
Su resonancia actual resulta reveladora, a la luz de la nacionalización de los hidrocarburos decidida por el gobierno de Evo Morales en Bolivia el pasado 1 de mayo y el impacto y relevancia que han ganado las cuestiones vinculadas a los recursos energéticos en las políticas nacionales y las relaciones internacionales.

Otro historiador, en este caso el brasileño Luiz Alberto Moniz Bandeira, recordó oportunamente que no es la primera vez que nacionalizaciones de gas y petróleo ocurren en Bolivia.

En 1937, con el apoyo de la opinión pública, el coronel David Toro –un héroe de la Guerra del Chaco– derribó al presidente José Luis Tejada Sorzano y al asumir el poder decretó la confiscación de las propiedades de la Standard Oil.

En 1969, el general Alfredo Ovando hizo lo propio con las propiedades de la Gula. En las dos ocasiones, los gobiernos de facto resolvieron la estatización mediante decretos supremos pero cayeron luego del mismo modo que subieron al poder.

[4] EL MAL MENOR
Hacen bien en preocuparse las empresas petroleras de capital extranjero que operan en Bolivia, y los gobiernos que las representan, por las condiciones de seguridad jurídica, previsibilidad luego de las nacionalizaciones dispuestas por Evo Morales. Pero deben preguntarse, también, si eran más seguros, previsibles y sustentables los contratos de explotación que rigieron durante los gobiernos amigos del libre mercado de la década del 90 que llevaron las cosas al extremo de la inestabilidad y la polarización social vividas en los últimos años.

Ahora tendrán la oportunidad de tratar con un gobierno que representa legítima y genuinamente a la mayoría pobre y des-heredada de la población.

TODO POR LOS RECURSOS NATURALES
Y no hay que remontarse a los tiempos del general Hugo Banzer y las permanentes revueltas y gobiernos ahogados en sangre para matizar los juicios alarmados y temerarios que suscita en el exterior este presidente campesino e indígena que se atreve a cumplir con lo que prometió antes de ser elegido y con lo que fue el mandato del electorado boliviano en el referéndum vinculante de dos años atrás.

Basta recordar la sentencia que popularizó Bill Clinton en la campaña electoral de 1992 y le ayudó a desbancar a Bush padre de la presidencia: es la economía, estúpido.

Ahora, podría decirse que en la región sudamericana no es la ideología (socialismo o liberalismo, nacionalismo o populismo, estatismo o privatismo) el factor principal que guía y separa a las políticas de los gobiernos y traza las coordenadas de acercamientos y confrontaciones entre intereses nacionales y transnacionales: son los recursos naturales, hermano.

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