Por Bernardo Kliksberg (para Safe Democracy)

Bernardo Kliksberg vuelve sobre el escándalo de la compañía Enron en Estados Unidos para explicar por qué el tema de la ética en los negocios ha sido convertida en una cuestión central de la agenda pública en el mundo desarrollado y otros países, lo mismo que la conducta de los líderes políticos y directivos públicos. Kliksberg dice que son los propios inversores los que exigen la transparencia total en la conducción corporativa. Sepa por qué crece cada día más la sensación de que sin un comportamiento ético y sin confianza, las bases de nuestro sistema económico tiemblan.


Bernardo Kliksberg es uno de los mayores expertos mundiales en lucha contra la pobreza y dirige desde Washington la Iniciativa Interamericana de Capital Social, Ética y Desarrollo patrocinada por el BID. Es asesor especial de Naciones Unidas, UNESCO, UNICEF, PNUD y otros organismos internacionales, y autor de 40 libros, el más reciente el best seller “Más ética, más desarrollo” (publicado en España por el INAP), además de centenares de artículos técnicos activamente utilizados internacionalmentede. Ha asesorado a más de 30 países en alta gestión, incuyendo a diversos presidentes y a numerosas organizaciones públicas de la sociedad civil y empresariales.

EL VEREDICTO DEL JURADO EN EL CASO DE LOS DOS MÁXIMOS responsables de Enron –la séptima empresa de Estados Unidos– Lay (presidente), y Skilling (CEO) demoró muy poco. Por unanimidad los declaró culpables… ello a pesar de que habían contratado equipos de abogados costosísimos (sólo el de Lay recibió 70 millones de dólares).

La defensa intentó atribuir la quiebra fraudulenta al tesorero Fastow (ya condenado) a maniobras para bajar los precios de las acciones, y a los medios masivos de comunicación. Pero la Fiscalía demostró que habían ocultado las pérdidas de la empresa, habían falsificado sus balances con la ayuda de Arthur Anderson –la auditora líder del mundo, disuelta ante el impacto público–, y habían hecho todo lo contrario de lo que decían.

YO VENDO, PERO USTED COMPRE
Lay vendía masivamente sus acciones en Enron al mismo tiempo que exhortaba a sus empleados a comprar acciones con sus reservas para jubilación.

El monto de la quiebra fue de 60.000 millones de dólares, sustraídos en su mayoría a muchísimos pequeños inversores, y los 20.000 empleados de la empresa perdieron sus fondos jubilatorios (de 2.000 millones de dólares).

Uno de los elementos centrales de la defensa, fue hacer testimoniar a los acusados. Pero los jurados dijeron que eso pesó aún más en su condena.
Cuando escucharon a dos personas que tenían pleno dominio de las más sofisticadas herramientas financieras, crecía en ellos la duda de cómo podían argumentar que no sabían lo que estaba pasando en su empresa.

¿FUNCIONA EL SISTEMA?

El caso ha demostrado que el sistema judicial funciona, y es capaz de poner en prisión y condenar a personas de gran poder económico y enormes conexiones. Sin embargo, uno de los periódicos más influyentes del país, el The Washington Post ha subrayado editorialmente que hay un riesgo es que se piense que se trataba de dos manzanas podridas, y que eliminándolas se solucionó el problema. El editorial señaló que el problema es mucho más vasto, y que se necesitarán muchos esfuerzos para combatirlo.

Enron fue el caso más prominente pero menciona otros muy relevantes, y el hecho de que 250 empresas que cotizan en bolsa tuvieron que rectificar sus balances. En los últimos 10 años, hubo 1.000 condenas por delitos corporativos.

INVIERTA EN RESPONSABILIDAD

El tema de la ética en los negocios ha sido convertido en una cuestión central de la agenda pública por la sociedad estadounidense y otras sociedades avanzadas, junto al tema de la ética en los líderes políticos, y directivos públicos.

Junto a la rectitud, los inversores están exigiendo crecientemente que haya transparencia total en la conducción corporativa, controles confiables, y están impugnando los montos siderales pagados como compensaciones a altos ejecutivos.

Fondos de pensiones y otros grupos de pequeños inversores están enfatizando invertir en empresas socialmente responsables. Ha surgido un fuerte movimiento para que las universidades preparen a los futuros gerentes como personas éticas, para que las tecnologías que les entregan no sean manejadas contra el interés colectivo.

SIN ÉTICA NO HAY CONFIANZA

La sensación predominante es que si no hay garantías éticas, no hay confianza, y sin ella las bases del sistema económico vigente tiemblan. Expresivamente sugiere el gurú en inversiones Stewart, en el Wall Street Journal: desde que emergió el fraude de Enron me he movido rápidamente a vender las acciones de empresas donde la alta gerencia está implicada en irregularidades, especialmente cuando no acepta su responsabilidad. Les recomiendo hacer lo mismo.

En América Latina, necesitada de recursos y respuestas a los agudos problemas sociales tanto la corrupción pública como la privada deben ser combatidas estableciendo leyes y medidas de control adecuadas, eliminando la impunidad, y al mismo tiempo trabajando en la educación y la cultura para crear un gran frente de rechazo a ellas.

Urge hacerlo.

Safe Democracy le invita a suscribirse gratis al boletín electrónico semanal, con el análisis y los comentarios de nuestros expertos internacionales (pinche aquí).