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Un diamante es para siempre, Charles Taylor no

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Por Antumi Toasijé (para Safe Democracy)

Antumi Toasijé relata la crónica, propia de una novela, de los movimientos del ex-presidente de Liberia, Charles Taylor, durante sus años de actividad guerrillera criminal, su presidencia despótica y sobre todo la guerra civil inducida en Sierra Leona –con todo un rosario de crímenes contra la humanidad– hasta que es conducido a La Haya para responder por los crímenes cometidos. Toasijé explica el significado de la década perdida, donde los mercenarios del mundo, las grandes compañías de minerales y los Estados del norte pugnaron por las ingentes riquezas mineras del área de los Grandes Lagos. Sepa qué hay en juego hoy en el juzgamiento de Taylor (sobre todo desde Bélgica y Francia) y cuál es papel de los diamantes ensangrentados que se tallan y pulen en Europa.


[2] Antumi Toasijé es historiador y realiza un doctorado en Estudios Africanos. Es miembro del Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid y director de la Revista de Ciudadanía, Migraciones y Cooperación, de Baleares. Es rector del Centro Panafricano de Estudios Culturales.

20 DE JUNIO DE 2006. El ex-presidente de Liberia, Charles Taylor es conducido a La Haya para responder por los crímenes cometidos durante sus años de actividad guerrillera criminal, su presidencia despótica y sobre todo la guerra civil inducida en Sierra Leona con todo un rosario de crímenes contra la humanidad.

Es interesante seguir los movimientos de Taylor propios de una novela.

INAUGURANDO LA GUERRA CRIMINAL
En los sesentas y primeros ochentas del siglo pasado, Taylor trabaja y estudia en los Estados Unidos donde lidera una liga juvenil contra las dictaduras américo-liberianas de Tumban y Tolbert; posteriormente regresa a Liberia donde la oportunidad le coloca en el gobierno del golpista Samuel Doe. Pronto inaugura su carrera criminal haciéndose con cerca de 900.000 dólares de las arcas del Estado liberiano y desapareciendo rumbo a Estados Unidos, donde es detenido y de donde escapa misteriosamente dirigiéndose a Libia.

MERCENARIOS DEL MUNDO, UNIDOS

En los campos de entrenamiento de Libia, Taylor conoce al fotógrafo de Sierra Leona Foday Sankoh, también líder estudiantil y futuro jefe del grupo rebelde del vecino país el Frente Unido Revolucionario (RUF). Al parecer, en Libia, Taylor, Sankoh y otros idean uno de esos importantes y criminales negocios que se gestaban en África tras la caída del bloque soviético en los primeros ochenta.

En la denominada década perdida, todos los mercenarios del mundo, las grandes compañías de minerales y los Estados ricos del norte, se aprestan a cubrir los vacíos que deja el sistema de guerra indirecta conocido como guerra fría. El principal enfrentamiento pasa a ser entre los tándems Francia-Bélgica y Estados Unidos – Gran Bretaña, con la pugna por las ingentes riquezas mineras del área de los Grandes Lagos como colofón.

[3] GUERRA Y PAZ, UNA Y OTRA VEZ
Mientras en los noventa, Taylor hace la guerra y la paz una y otra vez hasta desesperar a los Estados africanos de la zona, Foday Sankoh se dedica a controlar expeditivamente y criminalmente, las zonas mineras de Sierra Leona y dar salida a su valioso producto, diamantes, vía la Liberia controlada por su camarada. Muchos no quieren recordar ahora que fue la ECOMOG, fuerza de interposición de África Occidental con fuerte presencia de efectivos de Nigeria y entonces paradójicamente al mando del dictador Sani Abacha, y no la UNAMSIL de la ONU, quien frenó la criminal guerrilla de Sankoh y repuso al democráticamente electo Ahmad Tejan Cava a la cabeza de Sierra Leona en febrero de 1998.

DEMASIADOS INTERESES EN JUEGO

Para entonces Taylor había conseguido gracias a una campaña mediática pagada con su propia fortuna delictiva, acceder a la presidencia de Liberia con no menos del 70 por ciento de los votos. Puesto al que tuvo que renunciar de nuevo gracias a la ECOMOG para refugiarse en Nigeria de donde finalmente ha sido extraditado a Europa a petición de la actual presidenta liberiana Ellen Johnson Shirleaf.

[4] Es poco probable que el juicio a Taylor, a ojos de los panafricanistas atentos, desvele algunas preguntas trascendentales y siente en el banquillo algunas de las mayores fortunas de Europa, porque si Charles Taylor tuvo ocasión de exportar una cantidad todavía desconocida de diamantes procedentes de Sierra Leona, ¿quiénes fueron sus compradores? Y si la guerrilla criminal del RUF y sus sucesoras, encontraron apoyo en Burkina Fasso y Costa de Marfil, países que no movían un dedo sin la aprobación del Elíseo, ¿qué negocio había detrás? Y si fue Gran Bretaña y su socio Nigeria con el concurso de mercenarios anglófonos quienes intervinieron en la zona, en defensa del gobierno de Sierra Leona, ¿cuáles eran sus verdaderos intereses?

UN INVENTO BELGA
Del Conflicto de Sierra Leona, todo el mundo recuerda las espantosas imágenes de mujeres y niños con miembros amputados por miembros del RUF, simplemente para establecer el terror, o con la intención de reclutar niños soldado.

Pero la amputación masiva como castigo por no producir para una fuerza de ocupación, no es un invento africano, fue Leopoldo II de Bélgica, el emperador personal de Congo quién inició la práctica del terror y la mutilación en África negra, matando y mutilando no menos de cinco millones de congoleses en su inmensa finca personal de caucho.

[5] DIAMANTES ENSANGRENTADOS
Con estos antecedentes y conociendo que el genocidio en los Grandes Lagos es un asunto de pugna geoestratégica anglo-francófona, como se reconoció en la Comisión informativa de la Asamblea Francesa de 1998, conviene preguntarse quién anda detrás de Taylor y del ya fallecido Sankoh mientras cometían sus tropelías en similar época. Si Estados Unidos siempre ha tenido un aliado especial en Gran Bretaña, ¿es descabellado pensar en Bélgica como el aliado natural de Francia en África?

Después de todo en Amberes a sólo 128 kilómetros de donde será juzgado Charles Taylor, está el mayor mercado de diamantes del mundo, ese al que Naciones Unidas intenta dotar de transparencia, la transparencia imposible de unos diamantes teñidos de sangre que se tallan y pulen en Europa.

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