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Rusia, ante la crisis nuclear iraní

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Por Mercedes Herrero de la Fuente (para Safe Democracy)

Mercedes Herrero explica las claves para entender la posición de Rusia ante uno de los asuntos mundiales más candentes como es la crisis y la evolución de la política nuclear iraní. La primera y más evidente causa de la moderación rusa –ante las condenas de Estados Unidos y la Unión Europea— es una motivación puramente económica; en segundo lugar, hay una razón política, y es que Rusia no se resigna a ser una potencia regional y utiliza esta crisis para ganar protagonismo internacional. Herrero advierte, sin embargo, de que la situación podría empeorar y el régimen de Mahmud Ahmadineyad radicalizarse. En ese caso, Moscú mismo deberá enfrentar el riesgo y la amenaza nuclear de Irán: si ocurre que Teherán obtiene armas nucleares, Rusia sería uno de los grandes perjudicados.


[2] Mercedes Herrero de la Fuente es profesora asociada de Periodismo Internacional en la Universidad Antonio de Nebrija (España) y productora en los Informativos de TELEMADRID.

LA EVOLUCIÓN DE LA POLÍTICA NUCLEAR PUESTA EN PRÁCTICA POR IRÁN es una de las cuestiones más candentes a las que se enfrenta hoy la comunidad internacional. Frente a la clara condena de Estados Unidos y de la Unión Europea –aunque esta segunda se manifiesta en contra de una posible intervención militar en Irán– la posición de Rusia ha sido más moderada.

Sin dejar de intervenir activamente en la crisis, desde Moscú se ha intentado rebajar las tensiones, dando un voto de confianza al régimen de Teherán y a su declarada intención de proseguir con su programa de enriquecimiento de uranio con fines exclusivamente civiles.

INTENTO DE MEDIACIÓN

A principios de este año y tras rechazar Irán una moratoria en sus labores de enriquecimiento de uranio, la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) insistió en exigir al régimen iraní que cesara todas sus labores al respecto e instó al Consejo de Seguridad de la ONU a tomar cartas en el asunto. La respuesta de Teherán ante tales presiones fue abandonar el Protocolo Adicional del Tratado de No Proliferación (TNP), lo que tiene como consecuencia que se impida a los especialistas de la OIEA acceder a las instalaciones y los documentos relacionados con el programa nuclear iraní sin previo aviso.

Rusia intenta mediar en el conflicto, ofreciendo a Irán la posibilidad de enriquecer uranio en territorio ruso, para luego usarlo en las centrales iraníes. El gobierno de Teherán rechaza la oferta, al tiempo que insiste en que sus planes nucleares están en consonancia con las normas de la OIEA y con lo establecido en el TNP.

[3] EL PELIGRO DEL RADICALISMO
A partir de ahí y ante la gravedad creciente de la crisis, Rusia ha insistido en un aspecto: la necesidad de no humillar al régimen iraní y provocar así una respuesta radical de su gobierno, que podría desestabilizar aún más la difícil situación en Oriente Medio.

Hay que señalar que las declaraciones del presidente de Irán, el polémico Mahmud Ahmadineyad, no han ayudado mucho a mantener la calma. Su amenaza de hacer desaparecer Israel ha dado alas a Estados Unidos para considerar una intervención militar sobre determinados puntos estratégicos en territorio iraní.

Pero, ¿qué razones mueven a Moscú para intentar mediar en esta crisis?

[4] LAS RAZONES DE FONDO
La primera y más evidente es una motivación económica. Rusia ha participado en la puesta en marcha de la primera central nuclear en Irán y planea implicarse en la construcción de las siguientes a lo largo de los próximos años. También espera obtener grandes beneficios del suministro de uranio enriquecido. Por otro lado, el interés ruso de mantener buenas relaciones con Teherán tiene que ver con una serie de proyectos futuros, relacionados con la extracción y el transporte del gas y el petróleo iraníes por un lado y, por otro, con la colaboración en el ámbito militar.

En segundo lugar podemos distinguir una razón política. Rusia no se resigna a ser una potencia regional y utiliza esta crisis para ganar protagonismo y recuperar parte de su influencia en el seno de la comunidad internacional. Pero esto sólo será posible si el conflicto se mantiene dentro de unos límites. Si la situación se radicaliza, Moscú no estará en condiciones de movilizar los recursos suficientes como para respaldar a Irán frente a una eventual intervención militar estadounidense.

[5] EL RIESGO Y LA AMENAZA PARA MOSCÚ
Por último, hay que destacar que el gobierno ruso está corriendo un importante riesgo al confiar en que, efectivamente, Irán dará a sus centrales nucleares un uso restringido al ámbito civil. Esta afirmación tal vez resulte aceptable hoy, pero también podría revelarse como falsa en un plazo menor a diez años, cuando el programa nuclear iraní haya pasado de la fase inicial, que se caracteriza por ser la más lenta y costosa.

Si pasado ese plazo ocurre que Teherán ha conseguido obtener armas nucleares, Moscú sería uno de los grandes perjudicados. El hecho de encontrarse con un vecino potencialmente peligroso pondría en entredicho la propia seguridad nacional rusa, hecho éste que no estaría compensado por ningún otro tipo de beneficio económico ni político.

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