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MERCOSUR: ¿unidad en la diversidad?

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Por Edgardo Mocca (para Safe Democracy)

Edgardo Mocca explica las razones que podrían llevar al MERCOSUR a encaminarse hacia la constitución de una comunidad política capaz de impulsar un proyecto de desarrollo productivo regional y convertirse así en un garante de la consolidación democrática y de la estabilidad en América Latina. Para que ello sea viable, Mocca dice que la estrategia deberá dar respuestas en el terreno de la integración efectiva y deberá asimismo ser consistente más allá de las inclinaciones ideológicas de los circunstanciales gobernantes de sus países miembros. Cuál es el papel de la alianza estratégica entre Brasil y Argentina; cómo influye la entrada de Venezuela; por qué la aparente homogeneidad ideológica de los miembros esconde una gran diversidad. He aquí algunas respuestas.


[2] Edgardo Mocca es politólogo y profesor de la Universidad de Buenos Aires. Asesora al Ministerio de Asuntos Exteriores de Argentina.

LA RECIENTE CUMBRE DE PRESIDENTES DEL MERCOSUR merece ser analizada en su complejidad, sin ceder a las estridencias ciertamente espectaculares que la rodearon.

Hay que decir, de entrada, que las profecías agoreras respecto de la agonía del MERCOSUR parecen haberse disipado, al menos provisoriamente. Lo curioso es que ese cambio se verifica sin que ninguno de los conflictos –cuya acumulación autorizaba los malos augurios– aparezca plenamente solucionado.

Persiste el diferendo argentino-uruguayo por la instalación de las fábricas de pasta celulosa en la margen oriental del río Uruguay, el debate entre Brasil y Bolivia acerca del aumento del precio del gas impulsado por este último país y los recurrentes reclamos de Uruguay y Paraguay para que el bloque compense eficazmente las asimetrías estructurales, que incluyen, en el caso uruguayo, la insinuación de acuerdos de libre comercio extra-regionales expresamente incompatibles con el estatuto mercosuriano.

[3] LA NOVEDAD VENEZOLANA
El ingreso de Venezuela como miembro pleno del MERCOSUR es, sin duda, una novedad importante. Lo es desde el punto de vista económico, particularmente por la potencialidad energética del país y también en una perspectiva política, en la medida en que el vínculo con el MERCOSUR fortalece las posibilidades de encauzamiento democrático de su polarizada realidad política. A eso se suma la posibilidad cierta de que, en plazos relativamente breves, también Bolivia se incorpore en plenitud al MERCOSUR.

Como se ha dicho, se crearía así un nuevo espacio geoeconómico que podría unir el Caribe con Tierra del Fuego, aunque, claro está, la dimensión geográfica no es equivalente a la viabilidad y efectividad del proyecto.

Sin embargo, no es la ampliación territorial del MERCOSUR –con toda su importancia– el dato decisivo del nuevo clima que se vive en el sur del continente.

LA RELACIÓN BRASIL-ARGENTINA
Es necesario prestar atención al estado de las relaciones entre Brasil y Argentina. Con elocuencia lo dijo el presidente brasileño Lula en la cumbre, al afirmar que tales vínculos pasaban por el mejor momento de su historia. No es exagerado afirmar que la alianza estratégica entre ambas naciones marca el ritmo y la profundidad de la integración sureña.

Las periódicas apariciones de conflictos comerciales entre ellos venían complicando, en los últimos tiempos, la relación. A lo que hay que añadir la permanencia de diferencias en la estrategia frente a problemas de orden global, particularmente en relación con la reforma del Consejo de Seguridad de la ONU, en la que Brasil no tiene el acompañamiento argentino para su pretensión de contar con una silla permanente en dicho organismo.

[4] EL ANTIAMERICANISMO DE CHÁVEZ
La afirmación de la alianza estratégica brasileño-argentina es asimismo decisiva en el rumbo político del MERCOSUR. Y es así porque la aparente homogeneidad ideológica de los gobiernos de sus países esconde una diversidad apreciable en el modo en que éstos interpretan la realidad continental y mundial.

Cualquier observador medianamente atento puede haber tomado nota de tales divergencias en el desarrollo de la reciente cumbre de Córdoba.

Los planteos crispadamente anti-norteamericanos del presidente venezolano Chávez –acompañados en este caso por un Fidel Castro que aportó más espectacularidad por el peso simbólico de su presencia que sustancia a la reunión– están marcadamente distantes del enfoque de los miembros originarios del bloque.

[5] DIFERENCIAS SUSTANTIVAS
Más allá de las referencias ocasionales a la necesidad de la hermandad latinoamericana, apoyadas en fuertes invocaciones a los padres fundadores de la independencia de la región, el modo de pensar la integración presenta diferencias sustantivas.

Ni Brasil ni Argentina –y mucho menos Uruguay, Paraguay y Chile– parecen dispuestos a estimular una artificiosa conflictividad frente a Estados Unidos, más allá de las obvias tensiones de intereses comerciales que existen con la principal potencia mundial y del explícito desacuerdo con la política exterior de su actual gobierno.

[6] HACIA LA COMUNIDAD POLÍTICA
Eso hace posible que el MERCOSUR se encamine en la dirección de constituirse como una comunidad política capaz de impulsar un proyecto de desarrollo productivo regional y de convertirse en un garante de la consolidación democrática y la estabilidad política en la región. Claro que no es ése el único rumbo posible.

Para hacerse viable, esa estrategia está obligada a dar respuestas en el terreno de la integración efectiva de sus países miembros y a actuar con prontitud y eficacia en la neutralización de los efectos centrífugos que trae la acentuación de las asimetrías entre ellos.

DAR CONSISTENCIA
La Cumbre aprobó una agenda realista y a la vez ambiciosa, definida en los términos de un MERCOSUR productivo y social. Es decir, una integración que, apoyada en logros comerciales efectivos, trascienda esa dimensión para proyectarse como un actor trasnacional influyente hacia adentro y hacia fuera de sus fronteras.

Sería el logro de la unidad en el contexto de la diversidad, lo que permitiría dar consistencia al MERCOSUR más allá de las inclinaciones ideológicas de los circunstanciales gobernantes de sus países miembros.

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