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La inevitable y recurrente crisis con Hezbolá

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Por Mario Sznajder (para Safe Democracy)

Mario Sznajder reflexiona sobre el enfrentamiento entre Israel y Hezbolá en territorio libanés y dice que la organización chií es mucho más que una milicia, una guerrilla, o un grupo terrorista corriente. Sznajder cree el conflicto actual es difícilmente resoluble en la medida en que haya un partido-milicia –como Hezbolá— con la capacidad operativa de arrastrar a un Estado débil del que forma parte –como Líbano— a través de su modus operandi guerrillero-terrorista. Crisis como la que ha generado Hezbolá con Israel son inevitables (y serán recurrentes en los próximos años) en la medida en que no exista la voluntad y la capacidad de modificar el status quo regional y no se logre apuntalar al Estado libanés e imponer –con él– el uso monopólico de la violencia legitima.


[2] Mario Sznajder es profesor titular de la cátedra Leon Blum en Ciencia Politica de la Universidad Hebrea de Jerusalén e investigador asociado del Instituto Truman para el avance de la paz. Ha publicado un centenar de artículos en publicaciones científicas sobre fascismo, derechos humanos, democracia y Oriente Medio.

MUCHO SE HA ESCRITO Y MAS AÚN SE HA DICHO SOBRE LA OLA DE VIOLENCIA que envuelve a Israel y su entorno en las últimas semanas.

Quizás el análisis más profundo, a nivel mediático, fue el que publicó Fouad Ajami, Director del Programa de Estudios de Oriente Medio y de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad de Johns Hopkins (Hostage to Hezbollah, The Wall Street Journal, 21-23 de julio [3]).

LOS TRES MOSQUETEROS
Ajami elaboró en términos analíticos la metáfora utilizada por Thomas L. Friedman (en The New York Times), según la cual la crisis se define en torno a la siguiente imagen: Hassan Nasrala, secretario general de Hezbolá, conduce un coche a alta velocidad, y junto a él va sentado el presidente iraní Mahmud Ajmadinejad, y en el asiento trasero, el tercer pasajero: el presidente sirio Bashir Assad. El problema es que el auto va cada vez más rápido y no tiene frenos…

Tras más de dos semanas de choques entre Israel y Hezbolá, está claro que la organización chií en Líbano no es simplemente una milicia, o guerrilla, o un grupo terrorista corriente. No sólo porque Hezbolá está representada en el Parlamento libanés, sino también por la cantidad y calidad del armamento que ha desplegado, y por el nivel de entrenamiento de sus combatientes.

Más allá de esto, y aunque muchos sostengan que Hezbolá obedece órdenes de Teherán y Damasco, tampoco está claro el grado de autonomía que poseen Nasrala y sus seguidores.

UN GOLPE DE TEATRO
Ajami sostiene que Hezbolá perdió gran parte de su razón de ser con la retirada israelí de Líbano de 2000 –al menos desde el punto de vista de su faz nacionalista libanesa– y que no le interesa acentuar la conflictiva identidad chií frente a los grupos suníes de Líbano y aún Siria.

También sostiene Ajami que al retirarse Siria de Líbano, el paraguas protector que este país otorgaba a Hezbolá desapareció. Por ende, no es de extrañarse que Nasrala decidiera asestar un golpe teatral a Israel, con el ataque contra la patrulla fronteriza –que tuvo como resultado cuatro muertos, dos heridos y dos soldados israelíes en manos de Hezbolá– precisamente en vísperas de la reunión del G-8 en San Petersburgo.

Todo ello podría de manifiesto la injerencia iraní y su intento de desviar la presión internacional, a través de la creación de otra crisis en Oriente Medio, en proporciones internacionales.

EL FRENTE SUNÍ
Ajami sostiene que Hezbolá ha fracasado políticamente ya que Arabia Saudí –muy interesada en la reconstrucción y estabilidad de Líbano y de Oriente Medio en general– creó un frente al que se añadieron Egipto y Jordania, contra el tipo de aventura político-militar generada por Nasrala.

Desde mi punto de vista, el análisis de Ajami es muy preciso y muestra hasta qué punto los frágiles equilibrios en los que se desarrollan este tipo de crisis prevalecen en la región.

LOS IMPODERABLES
El problema son los imponderables. Y son varios. El primero proviene de Israel y es la decisión de eliminar la capacidad de Hezbola de lanzar misiles, como lo ha hecho en las últimas semanas. Aquí el imponderable son los costos –humanos, internacionales, políticos y económicos– que el gobierno de Olmert está dispuesto a pagar para lograr este objetivo.

El segundo tiene que ver con la dirección y voluntad política de los diversos actores internos en Líbano, frente a la crisis a la que fueron arrastrados por Hezbola.

Aunque las acciones militares israelíes en Líbano han logrado despertar una cierta medida de nacionalismo y apoyo a Hezbola –86 por ciento según encuestas recientes– Walid Jumbalat, el líder de los drusos de Líbano se ha declarado contra la ingerencia de Irán en Líbano y la política, según éste, suicida de Nasrala. Y no es el único.

EL PELIGRO DEL DESBORDE
El otro imponderable reside en el peligro que la crisis desborde los límites de Israel y Líbano y se transforme en una guerra entre Israel y Siria. Esto tiene que ver no sólo con la relación Siria-Hezbolá –y las pretensiones nacionalistas de Siria sobre Líbano–, sino con la falta de negociaciones políticas entre Israel y Siria y el problema del Golán, congelado desde hace años.

Siria, militar y económicamente débil, posee aún una capacidad misilística no-convencional considerable y la prolongación de los enfrentamientos en Líbano, así como la necesidad israelí de cortar el aprovisionamiento a Hezbolá por parte de Siria, pueden proveer la chispa que haga saltar el polvorín.

EL ROL DE IRÁN

El rol de Irán, en su carrera por convertirse en la gran potencia de Oriente Medio no queda claro, debido a la composición de sus objetivos.

Para Irán, ¿se trata de asegurar su capacidad nuclear, o es la destrucción de Israel un objetivo político no sólo de carácter instrumental –movilizador de masas islámicas, más allá de la confrontación suní-chií en Oriente Medio– sino producto de la ideología islamista radical del régimen?

LA IMPORTANCIA DEL ESTADO

La solución política necesaria para salir de esta crisis es difícil de conseguir, no sólo por falta de voluntad y unidad entre las potencias, sino también porque para extender la soberanía efectiva de Líbano hasta la frontera con Israel –e impedir que sea un partido-miliciano el que provoque nuevas crisis– habrá que desarmar a Hezbolá. Y no está nada claro quién hará el trabajo, ya que el intento israelí de llevar a cabo este objetivo es calificado por muchos como desproporcionado.

El problema central no es el terrorismo como muchos intentan explicar, más en base a sus percepciones ideológicas que a un análisis de los hechos empíricos. El problema es que no hay democracia ni Estado que pueda funcionar normalmente mientras un partido-milicia –como son Hezbolá chií en Líbano y Hamás suní en la Autoridad Palestina– posea autonomía operativa (en el sentido de generar violencia organizada) en su seno.

UNA CRISIS INEVITABLE

El conflicto es difícilmente resoluble en la medida en que haya partidos-milicias violentos que arrastren al débil Estado del que forman parte a través de su modus operandi guerrillero-terrorista.

La política como compromiso –lo cual pueda sonar como blando— implica la voluntad y capacidad por parte del Estado de monopolizar el uso de la fuerza, lo cual es, paradójicamente, una fórmula dura.

Crisis como la que ha generado Hezbolá son inevitables en la medida en que no exista la voluntad y la capacidad de modificar el status quo.

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