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Cuba, Venezuela y el abandono del mundo democrático

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Por Wenceslao Cruz (para Safe Democracy)

Wenceslao Cruz Blanco cree que el hecho de que Fidel Castro se haya autodefinido enemigo de Estados Unidos le ha permitido permanecer en el poder en las últimas cinco décadas, primero ante una Unión Soviética benefactora que le garantizaba una ideología y poder económico y militar; y segundo, como medio para destacar internacionalmente como una especie de David frente a Goliat, según el autor. Cruz Blanco dice que el peligro de que proliferen regímenes como los de Cuba y Venezuela no es considerado con seriedad por los países que defienden la democracia como forma de estabilidad, convivencia y prosperidad.


[2] Wenceslao Cruz Blanco estudió cibernética y matemática en la Universidad de la Habana. Trabaja como consultor en sistemas y comunicación y escribe regularmente en diversos medios en español sobre la situación de su país. Reside en Madrid tras haberse exiliado en 1991.

UNA FRASE DE DEMÓCRATES alertaba de que todo está perdido cuando los malvados sirven de ejemplo y los bondadosos de broma; parece ser el caso de la región latinoamericana.

El mal ejemplo que ha representado Cuba para los pueblos hermanos de la región ha sido, es y será convenientemente manipulado por algunos nuevos líderes que han comprobado que asumiendo un gobierno autócrata y antidemocrático similar, les permitirá convertirse en caudillos de por vida.

DERECHOS HUMANOS VULNERADOS
Tras casi medio siglo de poder unipersonal en Cuba, el egocéntrico personaje –que ha pretendido hacer de un uniforme verde olivo y su cutis sin afeitar los símbolos de rebeldía de un continente– ha tenido el éxito que esperaba. Su postura anti-norteamericana le proporcionó, y aún le proporciona, el desvío de atención suficiente para que el resto del mundo no actúe responsablemente frente a las violaciones a los derechos humanos que se vulneran ininterrumpidamente en Cuba desde los comienzos de la revolución cubana.

La atención que sucesivos gobiernos norteamericanos le han dispensado al tema cubano hasta ahora se ha demostrado insuficiente.

Quizás han actuado con excesiva despreocupación, o en forma ineficiente, y les ha importado poco que Fidel Castro se arrogue el autodefinirse como enemigo de Estados Unidos. De hecho, es esta definición la que le ha permitido a Castro ganar puntos, primero sólo como pago a una benefactora URSS que le garantizaba una ideología y el poder económico y militar; y segundo, como medio para destacar internacionalmente como una especie de David frente a Goliat, pero ambos enfocados al fin último de permanecer en el poder.

¿PROBLEMA BILATERAL?

Desde mi punto de vista, el régimen cubano ha practicado un apartheid más inhumano y salvaje contra sus ciudadanos que el que empleó el régimen racista sudafricano años atrás, pese a ello la comunidad internacional no se ha planteado aplicarle sanciones ni tan siquiera similares a las que empleó con Sudáfrica.

A Estados Unidos se le ha dejado sólo en la defensa de la instauración de la democracia en Cuba. Un error que ha sido convenientemente manipulado por los acólitos del castrismo en el mundo, para que la situación sea vista como un problema bilateral de un Estado poderoso contra otro pequeño.

Pero los problemas se reproducen cuando no se les soluciona y en Latinoamérica nuevos tiranos se van afianzando en el poder: utilizan el enfrentamiento con Estados Unidos como justificación.

INTERESES ECONÓMICOS

El resto de la comunidad internacional sigue sin ver en ello un problema y no apoya a Washington cuando alerta de que Venezuela está desestabilizando la región conjuntamente con Cuba. Más bien actúan como aliados de esos enemigos de la libertad y de la democracia cuando proceden a venderle armamento, aviones y barcos de guerra.

Es como si la democracia debiera estar supeditada primeramente a los intereses económicos antes que a unos valores y principios que deben ser defendidos prioritariamente.

Un gobierno personalista y dictatorial como el que se está imponiendo en Venezuela expresa congruencia cuando repite la misma estrategia que ha empleado la dictadura cubana en medio siglo. Llamar a la unidad contra Estados Unidos y buscarse amigos que aborrecen los valores democráticos constituye –para los que hemos padecido el régimen cubano– la certeza de que el discípulo de Castro en Venezuela se mueve por idéntico camino.

ABANDONO Y DEJADEZ
El peligro de que proliferen regímenes como los de Cuba y Venezuela por la región sigue sin valorarse seriamente por los países que defienden la democracia como forma de estabilidad, convivencia y prosperidad.

Si no se debe imponer por la fuerza la democracia a países que carecen de ella, al menos no deberíamos armarlos para que utilicen ellos la fuerza para mantenerse en el poder, ni amenazar ni desestabilizar a sus vecinos.

El abandono y dejadez que por casi medio siglo ha sufrido Cuba por la mayor parte del mundo democrático se vuelve a repetir con Venezuela, un error que sufren primeramente sus pueblos, pero que a la larga sufre el conjunto de la humanidad.

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