Por Ignacio Muro Benayas (para Safe Democracy)

Ignacio Muro explica que los medios de comunicación han pasado a ser el centro de la acción política –reemplazando a los partidos tradicionales– y dice que esa pugna por el poder se está dando hoy entre empresarios interesados en la opacidad y ciudadanos deseosos de mayor transparencia. En este sentido, Muro identifica las consecuencias de dos tendencias: por un lado los grupos mediáticos abarcan cada vez más sectores y por otro las grandes empresas tienen gran interés en vincularse con los medios. ¿Qué significa esto para la exactitud periodística? ¿Y para la objetividad y la transparencia social? ¿Cuáles son las implicaciones para la democracia? He aquí algunas respuestas.


Ignacio Muro Benayas es economista, experto en el mundo de la comunicación y secretario general de ASINYCO, Asociación Información y Conocimiento, que agrupa a profesionales españoles del conocimiento con mentalidad progresista entre empresarios, funcionarios y altos directivos de grandes empresas. Acaba de publicar “Globalización de la Información y Agencias de Noticias. Entre el negocio y el interés general” (Editorial Paidós). Ha desempeñado durante 18 años diversas funciones directivas en la Agencia EFE, entre ellas la de gerente general.

¿SON LOS MEDIOS Y LOS GRANDES GRUPOS MEDIÁTICOS ALIADOS objetivos en la lucha por la transparencia social? ¿Es el periodismo una profesión cuyo desarrollo objetivo nos acerca a la exactitud, la objetividad y la transparencia?

Acababa un artículo anterior lanzando al aire estas preguntas relacionadas con el conflicto entre la opacidad y la transparencia. Recordaba que existen grupos de poder interesados en la opacidad. La lógica tradicional del poder, del cómo conseguirlo, cómo disfrutarlo y cómo mantenerlo, una lógica con miles de años de historia, está vinculada a la opacidad. La transparencia social ataca su pervivencia.

BURBUJAS FINANCIERAS E INFORMATIVAS
¿Cómo se manifiesta hoy esa pugna por el poder? Las cúpulas de las grandes empresas lo saben: es fundamental tener un acceso privilegiado a los medios de comunicación, algo que debe concretarse tejiendo una red de relaciones e intereses lo más tupida posible con los más relevantes.

Veamos cómo funciona y veamos sus consecuencias.

Sabido es que uno de los signos de la época que nos ha tocado vivir es la existencia de burbujas financieras que condicionan la economía real. Pero otro signo, no menos importante, es la existencia de burbujas informativas que condicionan, y hasta velan, el conocimiento de la vida real, tal como la sienten los ciudadanos.

LÓGICAS PERVERTIDAS
Antes, los partidos eran los grandes activos de la acción política y los medios el lugar a través del cual se proyectaban. Esa parecía ser la lógica natural del sistema.

Hoy esa lógica está pervertida: cualquier grupo de interés político, económico o social se vierte, en primer lugar y directamente, a través de los medios hasta el punto de que estos parecen ser el centro mismo de la acción política(1).

Al aceptar la libertad económica debemos aceptar sus consecuencias. Y sus retos. En ese ambiente de pluralidad de presiones es en el que se debe fraguar la independencia de los medios. Pero ello no debe impedir identificar los problemas: por un lado los grupos mediáticos abarcan cada vez más sectores, por otro las grandes empresas tienen verdadero interés en acercarse a los medios.

NADA QUE HACER
Los conglomerados mediáticos buscan alianzas con los principales actores de las áreas estratégicas de la economía como la energía, las telecomunicaciones o la banca. Es la consecuencia de la convergencia de los sectores asociados a la industria del conocimiento — editoriales, ocio, comunicación y distribución de contenidos– que fortalece a los grandes grupos de comunicación.

Se trata de una tendencia económica objetiva, contra la que no hay nada que decir cuando no daña a la competencia ni a los principios democráticos.

MARCAR LA AGENDA POLÍTICA Y JUDICIAL
Por otro lado, las empresas se acercan a los medios para canalizar un mensaje y condicionar las pautas de comportamiento social. Más directamente, se acercan a ellos por su capacidad para marcar la agenda política y judicial de las instituciones. El control de los medios es el camino más directo de empresas y grupos de presión, con dinero para gastar y mucho que perder, para presionar al poder político.

No se busca eficiencia empresarial sino, sencillamente, poder. Un poder que se concreta en la capacidad añadida para convertir en favorables para sus intereses los comportamientos de cualquier organización social teóricamente neutral… como los medios. Ese paso se considera imprescindible para obtener posiciones de privilegio en las instituciones y en el mercado, también teóricamente neutrales.

CAPITAL Y CONCENTRACIÓN DE PODER
Muchos ciudadanos del mundo defensores de la transparencia están preocupados por las conexiones de capital, la concentración de poder y el perfil de los dueños de los medios de comunicación. Al final, la independencia de un proyecto editorial tiene que ver con quiénes son sus propietarios y con su actitud y su respeto por aquellos valores que convierten a la información en un bien público, como la credibilidad y la exactitud.

El hecho es que la lucha entre la opacidad y la transparencia se debate, en una buena medida, alrededor de los medios de comunicación. Repasemos el panorama con algunos ejemplos concretos.

MURDOCH Y LA GENERAL ELECTRIC
Un ejemplo típico de concentración de poder desde una dimensión exclusivamente mediática, es el caso del magnate australiano Murdoch(2) dueño, en todo el mundo, de grandes diarios, cadenas de televisión y productoras de ficción. Su conexión con otras industrias no se muestra directamente aunque sí su vinculación pública a políticos de signo ultraconservador (Bush, Thatcher, Aznar). Ningún problema, siempre que exista transparencia.

Otro ejemplo lo constituye General Electric, en el que la máxima concentración de poder mediático(3) viene acompañado del liderazgo en otros muchos sectores en todo el mundo. La novedad es que, entre ellos, se incluye la industria de armamento.

La interrelación entre la industria de la transparencia, los medios, y la industria de la opacidad, la de la guerra, empieza a ser difícil de entender e imposible de asimilar. Por ese camino no parece que haya razones para el optimismo.

EL TÍPICO GUSTO FRANCÉS
Mucho peor, cuando esa interrelación da un paso más, se convierte en subordinación y alcanza proporciones nacionales. Es el caso de Francia. Allí, dos de los principales grupos de comunicación Lagardere, presidido por Jean Luc Lagardere, y Dassault, presidido por Serge Dassault, ambos importantes políticos conservadores, tienen también la inquietante particularidad de haberse constituido alrededor de una firma central cuya actividad principal es militar (aviones, helicópteros, misiles, cohetes, satélites…).

Los conflictos de interés de los accionistas se manifestaron con la guerra de Irak, cuando Serge Dassault (3), dueño de Le Figaro, afirmó que hay informaciones que hacen más daño que bien, y por tanto no deben ser publicadas en sus medios(4).

Reaparece así la opacidad como valor dominante. Pero, en este caso, la transparencia, tuvo un digno representante: la Sociedad de Redactores del diario, que votó el 20 de septiembre de 2004 una moción pública que emplazaba al director del periódico a defender una línea editorial de total independencia.

AGENTE DEL MAL
La industria de armamento actúa como el perfecto agente del mal. Pero es solo un ejemplo extremo y negativo: todo poder que se acerca y crece alrededor del control sobre los medios de comunicación –los que deberían ser defensores de luz y taquígrafos– tiene por objeto ganar influencia y pervertir la lógica democrática.

Las empresas buscan una posición de privilegio que acabará convertida en dinero, de eso se trata. Es decir, al final, lo intangible debe convertirse en tangible, debe materializarse en resultados, debe, en suma, monetarizarse.

BERLUSCONI, DUEÑO DE ITALIA
El paradigma del asalto al poder desde los medios lo constituye sin duda Berlusconi y su condición de primer ministro de Italia –entre 1994 y 1995 y entre 2001 y 2006– mientras se mantenía como el principal empresario de la comunicación de su país y entre los primeros de Europa.

Ese poder le ha producido beneficios particulares, no es un intangible. Al cumplir el último año de su mandato, 2005, había escalado, según la revista Forbes, todas las posiciones hasta convertirse en el hombre más rico de Italia y una de las mayores fortunas del mundo.

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Notas:

1) Iñaki Gabilondo. El País, 19 de noviembre de 1999.

2) Murdoch es dueño de diarios británicos y estadounidenses (The Times, The Sun, New York Post), de la cadena de televisión por satélite BskyB, una de las cadenas de TV de Estados Unidos (FOX) y la productora de cine Twenty Century Fox.

3) General Electric, con sus variadas filiales, es una de las corporaciones sobre la que pivota la industria de armamentos. Tiene posiciones de liderazgo en multitud de sectores, entre ellos construcción, generadores, electrodomésticos, plásticos. En la industria del ocio y las comunicaciones es propietario de NBC Universal, procedente de la fusión entre Vivendi y NBC. Esta unión dio como resultado una entidad que agrupa a las 29 cadenas de televisión NBC y la cadena hispana Telemundo, los estudios de cine Universal Pictures, los estudios de producción de programas de televisión Universal Television y NBC Studios, así como participaciones en diversos parques temáticos como Universal Studios Hollywood y Universal Orlando.

4) Dassault es el principal grupo de prensa nacional de Francia a través de Socpresse que controla Le Figaro, un grupo de diarios regionales, el semanario L’Express, la revista L’Expansip, y otras 14 publicaciones.
Lagardere es el principal editor de Francia (Hachette, Fayard, Grasset, Stock, Larousse, Robert Laffont, Bordas…), es dueño de diarios regionales (Nice Matin, La Provence) domina las revistas (Paris Match, Elle, Télé 7 Jours, Pariscope…), las distribuidoras de diarios Relay y NMPP y ha sido candidato a adquirir Canal Plus o la cadena pública France 2.

5) La pérdida de credibilidad de los medios. Revista Cultural DosDoce.com