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Presente y futuro de Pakistán, a 7 años de Musharraf

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Por Sohail Mahmood (para Safe Democracy)

Sohail Mahmood detalla los avances, los fracasos y las cuestiones pendientes del régimen de Pervez Musharraf en Pakistán (tras siete años en el poder) y dice que a pesar de que el gobierno manifiesta ser democrático, el país carece de instituciones, procesos y estructuras necesarias para ser una auténtica democracia. Sohail Mahmood cree que el gobierno de Musharraf ha instituido algunas políticas que han resultado positivas para promover un cambio estructural, pero no ha sido suficiente. Sepa a continuación qué retos enfrenta Pakistán de cara al futuro y por qué después de tantos años de vivir bajo el autoritarismo, los paquistaníes empiezan a desesperar.


[2] Sohail Mahmood es Decano Asociado del Departamento de Relaciones Internacionales de la Preston University en Islamabad y Doctor en Ciencia Política por la Northern Arizona University, en Estados Unidos. Es uno de los mayores expertos en Musharraf y Pakistán en el mundo y ha publicado docenas de libros y artículos sobre el tema.

A PESAR DE LOS DISCURSOS PERMANENTES SOBRE AVANCES Y TRANSFORMACIONES en la democracia pakistaní, lo cierto es que después de 7 años en el poder es cada vez más evidente que el régimen de Musharraf ha llegado para quedarse.
La democracia es sólo una pantalla en Pakistán o el intento de propaganda que esconde el hecho de que el país sigue viviendo bajo un sistema autoritario.

UN RÉGIMEN DIFERENTE
Sin embargo, cabe señalar que el gobierno de Pervez Musharraf es diferente a otros regímenes militares de su clase ya que ha evitado utilizar las prácticas represivas que son comunes en Oriente Medio adoptando genuinas políticas liberales.

Con esto no se pretende excusar al régimen autoritario y militar. Pero hay que ser francos: el gobierno de Pakistán podría ser mucho peor.

[3] LOS LOGROS DE PERVEZ
Musharraf ha logrado cumplir varias metas desde que ha asumido el poder en Pakistán. Ha tenido éxito en la contención de Al-Qaeda y sus adeptos en el país; ha concretado importantes proyectos de infraestructura; ha contribuido al aumento del número de mujeres en legislaturas provinciales y federales, consejos locales y otras dependencias del gobierno; asimismo ha apoyado la libertad de prensa, tolerando las fuertes críticas que han hecho de sus políticas y acciones gubernamentales.

[4] La economía en Pakistán ha alcanzado un importante crecimiento. El PIB y el ingreso per capita van en aumento al igual que las cifras de superávit del Estado. La inversión en sectores como las telecomunicaciones, la banca, la industria textil y los servicios privados de la salud ha generado un impulso para la economía del país.
Y a pesar de que Musharraf es un líder autoritario, ha estimulado la descentralización del poder transfiriendo gran parte del mismo a la población.

[5] LOS RETOS DE PAKISTÁN
No obstante, aún existen áreas de trabajo en las que se puede mejorar. Desde un punto de vista negativo, Pakistán carece de un gobierno constitucional y de un Estado de Derecho que permita la creación de auténticas instituciones, procesos y estructuras para acceder a la democracia. La corrupción y la inestabilidad política sumadas al deterioro de los derechos humanos, continúan saturando al país. La clase política invierte una enorme cantidad de dinero en cuestiones de Defensa en detrimento de los sectores sociales que son, en realidad, los que más lo necesitan.

La lucha contra el terrorismo, los conflictos sectarios y la crisis en Baluchistán siguen causando inconvenientes para el crecimiento y progreso de la democracia en la nación.
En lugar de contribuir a la solución de los problemas, las fuerzas armadas se han convertido en el combustible que alimenta el ciclo de violencia. Por si fuera poco, la economía pakistaní enfrenta todavía un déficit presupuestario, inflación y una escasa regulación de las empresas privadas.

[6] DECEPCIÓN Y DESEO DE CAMBIO
El régimen de Musharraf tendrá que enfrentar grandes retos. La discordia nacional, la segregación política, las escasas relaciones provinciales en Sindh (provincia fronteriza ubicada al noroeste) y Baluchistán [7] continúan siendo algunas de las mayores obligaciones que requieren una pronta solución.

Después de tantos años de vivir bajo el autoritarismo, el pueblo pakistaní empieza a desesperar. Existe una gran decepción por el desempeño del gobierno de Pervez Musharraf, así como una gran agitación causada por los mandos militares que siguen manteniendo el poder.

El deseo de un liderazgo democrático y una mejor calidad de vida está en la mente de todos los pakistaníes.

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