- Safe Democracy Foundation - http://spanish.safe-democracy.org -

Por qué puede fracasar la paz en el País Vasco

[1]

Por Javier Ortiz (para Safe Democracy)

Javier Ortiz explica por qué a seis meses del anuncio del alto el fuego definitivo de ETA es posible que la búsqueda de la paz en el País Vasco fracase. En este sentido, Ortiz cree que el proceso se encuentra estancado debido a los diferentes modos en que unos y otros actores –el gobierno de España, la oposición del Partido Popular, el Partido Socialista de Euskadi, ETA y el partido político ilegalizado Batasuna– pretenden encauzar el futuro inmediato. A la espera de que sean los otros los que cedan por sentido de la responsabilidad, nadie se mueve de su posición.


[2] Javier Ortiz es columnista del diario El Mundo y comentarista político de la radio y la televisión públicas vascas. Ha sido subdirector de El Mundo y responsable de sus páginas de opinión. Ejerce de periodista desde los 18 años. Durante el franquismo padeció cárcel y exilio por razones políticas. Ha escrito en muy diversos medios españoles y extranjeros. Tiene publicados ocho libros.

ACABAN DE CUMPLIRSE SEIS MESES del inicio del alto el fuego permanente de la organización armada vasca Euskadi Ta Askatasuna (ETA). Aquel anuncio, revestido de la misma fórmula que fue utilizada en su día por el IRA irlandés, suscitó una gran corriente de esperanza tanto en el País Vasco como en toda España, esperanza que se vio reforzada cuando el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, anunció su disposición a propiciar una solución dialogada al conflicto terrorista.

LA PREOCUPACIÓN DE LOS ANALISTAS
[3] Transcurrido medio año desde aquellos primeros y alentadores pasos, los analistas locales se muestran seriamente preocupados por el estancamiento en que se encuentra un proceso que apenas ha dado pasos adelante.

En su haber público se anota tan sólo el cumplimiento positivo del plazo que el Gobierno de Madrid se concedió para verificar la realidad del alto el fuego y la realización de un encuentro entre los dirigentes del Partido Socialista de Euskadi –rama vasca del partido gobernante en Madrid– y los de Batasuna, partido político (ilegalizado) defensor de los postulados de ETA.

LOS OBSTÁCULOS
El obstáculo principal que frena el avance se sitúa en los diferentes modos en que unos y otros pretenden encauzar el futuro inmediato.

Hay acuerdo en que debe haber dos ámbitos de diálogo: uno, reservado para el Gobierno central y ETA, en el que se fijen las condiciones para la desaparición de la organización terrorista; otro que reúna a los partidos políticos, sin exclusiones –aunque con la autoexclusión del derechista Partido Popular, que no quiere participar en este proceso, que considera equivocado–, para debatir sobre el engarce del País Vasco en la estructura del Estado español, revisando los términos del actual Estatuto de Autonomía.

[4] LAS DIFERENCIAS
Pero, en cuanto se trata de plasmar prácticamente este consenso genérico, surgen las diferencias. El Gobierno de Madrid quiere adentrarse cuanto antes en las conversaciones con ETA; a cambio, no siente ninguna urgencia en la puesta en marcha del proceso político. Por su parte, los partidos nacionalistas moderados, que controlan el Gobierno autónomo vasco, pretenden que los dos escenarios de diálogo progresen en paralelo. En fin, Batasuna tiene urgencia de que las conversaciones políticas se pongan en marcha ya mismo, para demostrar a su propia base social que ETA no deja las armas gratis et amore, sino porque hay una vía pacífica por la que cabe caminar en pos de los mismos objetivos. De cara a ello, exige al Gobierno de Madrid –sin ningún éxito, por ahora– que tome las medidas necesarias para que pueda volver a actuar en la legalidad. Extremo éste de notable importancia, porque los jueces de la Audiencia Nacional –tribunal especial que persigue los delitos de terrorismo– no han rebajado su presión sobre los representantes de Batasuna y el resto la izquierda abertzale (patriótica vasca), lo mismo que sobre sus actividades, incluidas las que se derivan de los derechos de reunión y manifestación.

¿JUEGO SUICIDA?
Todos los actores del drama parecen actuar convencidos de que ninguno de los otros asumirá la pesada responsabilidad de llevar el proceso al fracaso.

A la espera de que sean los otros los que cedan por sentido de la responsabilidad, nadie se mueve de su posición. Sin embargo, el juego puede revelarse suicida.

El fracaso de la paz es posible.

Safe Democracy le invita a suscribirse gratis al boletín electrónico semanal, con el análisis y los comentarios de nuestros expertos internacionales (pinche aquí). [5]