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Brasil y el arte de hacer política

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Por Mario Toer (para Safe Democracy)

Mario Toer explica el complejo entramado político de Brasil y dice que el 49 por ciento de los votos obtenidos por Lula y el Partido de los Trabalhadores (PT) en el primer round electoral son una verdadera hazaña. Toer cree que lo más probable es que Lula gane la segunda vuelta, aunque no está todo dicho aún y tendrá que seguir negociando, quizás con un poco más de pericia y menos ingenuidad. Y deberá hacerlo con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño. Quién es quién en el vasto panorama de partidos de Brasil.


[2] Mario Toer es experto en Brasil y catedrático de Sociología y de Política Latinoamericana de la Universidad de Buenos Aires.

A LO LARGO DE LA HISTORIA, los brasileños han estado acostumbrados a negociar. Ya desde los tiempos de la Colonia –una administración más laxa, en contraste con la rígida burocracia colonial española que debía velar por la llegada segura a las arcas de la metrópoli de la abundante riqueza minera– se fue permitiendo el entrenamiento en el arte de parlamentar y de acordar entre los poderosos de cada región. Esa fue una de las razones que facilitaron que ese inmenso territorio permaneciese unido al separarse de Portugal.

Incluso la férrea dictadura que se instaló por más de tres lustros, en 1964, debió contar con el Parlamento y se limitó a excluir a los diputados indeseables. Ni los mariscales de entonces podían pretender gobernar con meros decretos a tan vasta trama de intereses diversos y remotos.

DONDE TODO SE NEGOCIA
En Brasil todo se negocia, desde el poder en un lejano ayuntamiento hasta el voto en cada resolución del Parlamento en Brasilia; desde quién entra y quién sale de algunas favelas, hasta quién cruza primero en un semáforo indiferente después de la puesta del sol. Se podrá decir que lo mismo ocurre en otras latitudes. Sí, pero no como en Brasil; no tanto ni tan bien como en Brasil.

Basta mirar los contrasentidos de muchas elecciones locales con la elección presidencial, las pausas y silencios antes de prometer un respaldo desde el ámbito estadual al nacional, el singular número de representantes de todos los niveles que negocian su pertenencia partidaria y cambian de bancada durante sus mandatos.

PMDB, PSDB, PFL Y PARTIDOS DE ALQUILER
Así nos encontramos con una agrupación, como el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, que reúne a la principal bancada (89 parlamentarios) sin haber presentado candidato a la presidencia y aglutina a una multitud de personeros que confluyen, o se dividen, según las circunstancias, y con quienes es obligatorio contar a la hora de tener que aprobar una ley.

También existe una larga lista de pequeños partidos, al margen de los cuatro principales, que suman la cuarta parte de los diputados: 211 sobre 513. A buena parte de ellos, la jerga los llama partidos de alquiler.

El bloque del centro derecha, del Partido de la Social Democracia Brasileña y el Partido Frente Liberal (derechas), que se reparten áreas de influencia en distintas regiones y respaldaron a Geraldo Alckmin, reúnen ahora equitativamente a 65 parlamentarios cada uno.

[3] EL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES
En este variado escenario se extendió el Partido de los Trabalhadores (PT), con la inusual capacidad de ser el único partido que alcanza a contar con presencia en todo el territorio nacional. Pero aún así, el gobierno del presidente Lula da Silva debió ingeniárselas para gobernar tres años y medio con la módica bancada de 83 diputados sobre los 513 y 12 senadores sobre los 81 que componen esta Cámara. Y con sólo tres gobernadores de los 27 Estados.

Naturalmente, el PT bregó para imponer una reforma política que le permitiese al Ejecutivo contar con mayores recursos institucionales, pero ciertamente no encontró eco.

De allí que debiera optar por la absoluta intrascendencia, o aprender a cómo se negocia en las alturas, desde hace mucho tiempo, en esta singular república parlamentaria de facto. Y allí pagó el precio de la inexperiencia y de lo rudimentario de sus vínculos con el establishment.

Como se ha dicho con elocuencia, a diferencia de los demás partidos, el PT tiene techo de vidrio y la caja paralela para estimular las alianzas quedaría a la vista de todos, amplificadas por medios de comunicación muy poco amistosos. Aún así el carisma de Lula y sus políticas distributivas entre los más necesitados le permitieron sobrellevar el sismo y apostar a un nuevo mandato, e incluso intentar mejorar sus escasos recursos institucionales.

[4] MONTANDO UNA ESCENOGRAFÍA IMPLACABLE
Pero un nuevo affaire, a partir del supuesto esfuerzo por comprar argumentos que mostraban la corrupción en el partido de Alckmin presentes en un tentador dossier, le permitieron a la oposición montar una implacable escenografía, gracias a la manifiesta parcialidad de los medios, que acotan la escalada petista, al menos en lo que hace al segundo de los objetivos.

El casi 49 por ciento de los votos, en semejante contexto, puede ser visto como una verdadera hazaña. Pero la elección de un Parlamento con escasas diferencias con el anterior (de hecho el PT obtiene ahora exactamente el mismo número de parlamentarios) hace que, ganando la segunda vuelta, como puede presumirse, el objetivo de contar con nuevos recursos institucionales queda pendiente.

[5] NADA DE POBRES CONTRA RICOS
Así las cosas, el PT tendrá que seguir negociando, quizás con un poco más de pericia y menos ingenuidad, evitando que le hagan la cama. Deberá negociar con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, con casi veinte gobernadores ajenos, con las mafias de guante blanco y aún con las más rústicas que controlan las favelas, para no hablar de los poderosos intereses económicos que regulan la vida productiva del país.

Cuando a Lula se le hizo notar cómo quedaba dividido el mapa del país entre el norte y nordeste pobre en el que se había impuesto, reforzado con el triunfo petista en Bahía –histórico bastión del derechista Partido Frente Liberal (PFL)– y el sur rico, que había favorecido a su adversario, respondió que las cosas no eran tan simples, que si fuera pobres contra ricos hubiera ganado arrolladoramente en todo el país… Por cierto, la cohesión de los pudientes puede explicar un tercio de los votos de Alckmin, pero el resto en gran parte sigue articulado por intrincadas redes clientelares, desde las más primitivas de antaño a las más sofisticadas de nuestro tiempo.

INGENUAS CRÍTICAS DESDE LA IZQUIERDA
[6] Sin dudarlo, se trata de una realidad compleja sobre la que habría mucho que decir, pero lo más prudente es esperar el resultado de la segunda vuelta. De hecho no está todo dicho y los implacables medios de comunicación, que definen con holgura qué y cómo se discute, aún no han agotado el tema del dossier y pueden incluso idear un nuevo escándalo (1).

De todas maneras, a esta altura, hay un aspecto que resalta de manera singular, y es la argamasa de ingenuidad y soberbia de aquellos intelectuales que le reclaman al PT por no haber ido más lejos en las transformaciones que se requieren y alentaron el voto a variantes disidentes supuestamente de izquierdas.

RELACIONES DE FUERZA
¿No reparan en el difícil entramado que componen las relaciones de fuerzas en Brasil? No está mal que la disconformidad sirva de acicate, pero de allí a imaginar que la mera voluntad puede desanudar tantas amarras y suponer que quienes componen las legiones de petistas han naufragado en la apostasía, resulta un tanto extraviado.

Al menos no parece nutrirse del análisis de una realidad cuyas entrañas no podrán ser removidas tan solo de la mano de la osadía. Estas voces tuvieron un singular eco en los medios, que sin duda apostaban a la merma de votos que le ocasionarían al PT. No fueron pocos, entre unos y otros llegan casi a un 10 por ciento. ¿Serán capaces de darle una nueva oportunidad a Lula el 29 de octubre?

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Notas:
(1) En referencia al poderío de la televisión, el semiólogo Eliseo Verón destacaba recientemente la notable influencia que sigue ejerciendo en Brasil, en contraste con la más restringida que manifiesta en Argentina (Clarín 3/9/2006). El motivo habría que buscarlo en el efecto vacunación en amplios sectores populares que produjeron los casi 20 años de proscripción del peronismo, que modelaron la expresión si lo dijeron en la TV, es mentira. La mayor persistencia de las jerarquías en Brasil le otorga más predicamento al otro axioma si no sales en TV, no existes.