Por Augusto Zamora R. (para Safe Democracy)

Augusto Zamora se adentra en el último enfrentamiento que protagonizan la República de Georgia y Rusia y detalla las razones por las cuales la política anti-Moscú del presidente Mikhail Saakashvili –que quiere entrar en la OTAN— no recibirá el apoyo de Estados Unidos ni de la Unión Europea. Zamora R. cree que la estrategia georgiana de enfrentamiento con Rusia resulta irresponsable y temeraria: es muy mal momento para promover la desestabilización del Cáucaso. ¿Por qué Georgia está desafiando a Vladimir Putin?


Augusto Zamora R. es profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid. Ha sido abogado nicaragüense ante la Corte Internacional de Justicia entre 1983 y 2001. Es columnista del periódico El Mundo. Su última obra es “La paz burlada. Los procesos de paz en Centroamérica” (Editorial Sepha, Madrid, 2006).

LA ÚLTIMA CRISIS ENTRE LA PEQUEÑA REPÚBLICA DE GEORGIA y la inabarcable Rusia, a causa de la detención de cuatro militares rusos acusados de espionaje por el gobierno georgiano, plantea unos cuantos interrogantes que no pueden ser respondidos solamente desde la evidente antipatía del presidente georgiano con su poderoso vecino. Un vecino del que, paradójicamente, depende Georgia, pues recibe gas ruso subvencionado, las remesas de los emigrantes en Rusia son fuente esencial para la economía y Rusia es, además, uno de sus principales mercados.

PARTE DEL (EX) IMPERIO
Georgia formó parte de Rusia –desde mediados del siglo XVIII– hasta la caída de la Unión Soviética y, quiérase o no, su historia y geografía la hacen formar parte del área de influencia rusa. No puede olvidarse que José Stalin nació en Georgia, como tampoco cabe obviar que dos siglos de unión no pueden borrarse de un plumazo, sobre todo porque, a diferencia de otros países influenciados por Rusia –como Polonia o los Bálticos–, esta pequeña república no tiene límites geográficos con Europa occidental.

Georgia, como Azerbaiyán y Armenia, está condicionada por la geografía; olvidar esa realidad sólo puede ser fuente de complicaciones y conflictos.

EL PROBLEMA DEL SEPARATISMO
El presidente georgiano, Mikhail Saakashvili, no oculta sus simpatías hacia Estados Unidos y aspira a que su país ingrese en la OTAN. Tal planteamiento es entendido por Rusia como un desafío a su condición de gran potencia pues, entre otras consecuencias, implicaría meter al enemigo en casa. La política anti-rusa de Saakashvili no parece ser la más conveniente, dada la situación de Georgia.

Además de sufrir una gran pobreza y de estar aislado y lejos de sus potenciales aliados, Georgia enfrenta tres movimientos separatistas, dos de los cuales, Abjazia y Osetia del Sur, pueden derivar en una guerra general. De hecho, ambas regiones funcionan de forma autónoma desde 1991, bajo la supervisión y control de Rusia, cuya intervención permitió poner fin a la guerra civil iniciada en 1989, que devastó la economía georgiana. Abjazios y osetios desean unirse a Rusia, por lo que a Moscú le sería fácil reactivar los conflictos y sumir a Georgia en el caos, lo que contribuiría a incrementar la pobreza que sufre la población.

MI SUERTE NECESITA DE TU SUERTE
Dadas las circunstancias políticas internacionales, Estados Unidos, la gran esperanza del presidente georgiano, poco puede hacer en respaldo de la política de Saakashvili.

Washington necesita de Moscú para presionar a Irán en el tema atómico y lo necesita también para mantener su presencia en Asia Central, de cara al conflicto en Afganistán.

La guerra de Irak, por su parte, no le permite prodigarse en grandes dispendios económicos, de forma que Georgia tampoco encontraría respaldo económico para un enfrentamiento con Rusia.

La Unión Europea, por su parte, difícilmente optaría por un enfrentamiento con Moscú en apoyo de Georgia, estando de por medio el tema energético, así como una multiplicidad de cuestiones económicas, científicas y políticas. Un conflicto bélico, asimismo, afectaría el oleoducto del Cáucaso, que lleva petróleo de Azerbaiyán hasta Turquía, cruzando territorio georgiano.

¿HAY RAZONES PARA LA PROVOCACIÓN?
No existen, por tanto, condiciones internacionales que expliquen la inesperada provocación de Georgia a Rusia.

¿Ha interpretado erróneamente Saakashvili las señales de Estados Unidos, en el sentido de que podía avanzar en su estrategia pro-OTAN y de desafío a Moscú? ¿Está dispuesto el gobierno de George W. Bush a retar a Rusia en el Cáucaso, dando alas al presidente georgiano?

¿O ha sido, simplemente, un pulso para medir hasta dónde estaría dispuesto a llegar Vladimir Putin ante los planes de Saakashvili?

LA IRRESPONSABILIDAD DE SAAKASHVILI
Sea cual sea la respuesta, no es el mejor momento de promover la desestabilización del Cáucaso. La guerra rara vez resuelve los problemas y, en el avispero que es esa región, la política georgiana resulta irresponsable y temeraria, pues pocas posibilidades hay de victoria, ante el poder de Moscú.

Ni Europa ni Estados Unidos deben alentarla, considerando la volatilidad de la región y la enorme fragilidad de la propia Georgia. Teniendo este país un vecino tan poderoso, la cooperación debería ser la regla.

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