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¿Final de época para los diarios impresos?

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Por Juan Pedro García (para Safe Democracy)

Juan Pedro García explica por qué, ante el avance arrollador de Internet, los diarios impresos enfrentan dos desafíos: por un lado, deben adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas tecnologías y por el otro, deben seguir contribuyendo con la pluralidad. García cree que la disminución de la diversidad de medios impresos podría redundar en un grave retroceso para el pluralismo y la democracia. Y por eso, la prensa necesita invertir en el futuro, aprovechar las nuevas tecnologías y ofrecer a sus lectores diversos puntos de vista; de lo contrario, estaríamos contemplando el final de la época de los diarios impresos.


[2] Juan Pedro García es consultor de medios y marketing y candidato a doctor por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido responsable de marketing del diario El Mercurio de Chile durante más de 10 años. Tiene un Master en Ciencias de la Ingeniería de la Universidad Católica de Chile y otro en Integrated Marketing Communications de la Northwestern University, en Estados Unidos.

DESDE QUE NACIÓ LA INDUSTRIA DE LOS DIARIOS, uno de sus mayores éxitos ha sido la capacidad de readaptarse y sobrevivir a pesar del nacimiento de nuevos medios como la radio, la televisión, el cable, los periódicos gratuitos y ahora Internet, de los que siempre se ha dicho que le reemplazarían.

Si bien la baja de lectores a nivel mundial es un hecho irrefutable y que se arrastra desde antes de que naciera Internet, la llegada de esta tecnología se ve más amenazante que los otros formatos por dos razones.

¿AMENAZA U OPORTUNIDAD?
La primera, porque mientras los anchos de banda no permitan que Internet sea un medio verdaderamente multimedial, seguirá siendo mayoritariamente un medio de lectura.

La segunda, porque la mayoría de los diarios no han sabido determinar si Internet es para ellos una amenaza o una oportunidad.

En mi experiencia de trabajo de más de doce años en periódicos he visto cómo los mismos directores de los medios han frenado el crecimiento de sus propias áreas editoriales en Internet, limitándose a ser una reproducción plana del periódico impreso para que la web no compita a su propia edición impresa.

ATRAER A LOS LECTORES DEL FUTURO
Para que un diario sobreviva, una de las estrategias básicas es atraer a los lectores del futuro. Desde hace décadas, los diarios han invertido millones de euros en programas para la educación, tratando de crear branding (marca) y hábito de lectura en niños y adolescentes. Pero, ¿se puede tapar el sol con un dedo?

Los lectores del futuro, digamos del año 2015 o de 2020: ¿cuánto tiempo dedicarán a los diarios impresos y cuánto a versiones digitales en los múltiples dispositivos que existen y que ni imaginamos habrá para esos años y que seguramente tendrán el soporte de una red mundial de WiFi (inalámbrica) como la que está construyendo Fon (www.fon.com)?

Por lo tanto, surgen varias preguntas: ¿Aguantar mientras se pueda? ¿Detener lo inexorable? ¿No deberían los diarios ser pioneros e invertir en el futuro para tomar las riendas de su propio porvenir y ser parte activa en la creación de nuevos modelos de negocio que permitan generar ingresos a sus accionistas y dar un producto de calidad a sus lectores?

Lógicamente, la tarea no es fácil. En lugar de ser meros observadores del futuro que viene como una ola, los medios deberían intentar surfearla y subirse a ella con el fin de aprovechar su energía.

Hasta ahora los diarios no han sabido qué hacer. No sienten al lector como un cliente a satisfacer, sino como una persona que debe adaptarse al periódico que se le entrega cada día. Pero, en un mundo en que todos luchan por atraer, retener y captar lectores, ¿están los diarios en posición de darse el lujo de apenas escucharles?

MISMO DILEMA, NUEVO CONTEXTO
Las empresas periodísticas se encuentran ante el mismo dilema desde hace más de 60 años, pero ahora la fuerza de la competencia y de la concentración parece ser aún superior a la de las décadas anteriores. Nadie puede saber cómo será la evolución de este mercado, pero lo que sí está claro es que el panorama ha cambiado sin ninguna posibilidad de vuelta atrás. Basta ver la cantidad de opciones nuevas que tienen las audiencias para informarse en un día normal. Por ejemplo, en una ciudad como Madrid, los medios de transporte se han visto repletos de opciones de medios gratuitos. Tanto en el Metro como en los autobuses las personas son bombardeadas por una variedad de diarios gratuitos y no sólo generalistas, sino que además se han añadido nuevas opciones de medios segmentados, tales como diarios gratuitos deportivos, de propiedades, para inmigrantes, etc. Y todo esto sin considerar la presencia de televisores en los andenes del Metro, los diarios gratuitos vespertinos y una gran cantidad de nuevos medios que compiten por el tiempo de las audiencias.

A todo lo anterior se añade el avance arrollador de Internet, cuyos brazos alcanzan cada día a más personas y que seguramente tendrá un salto exponencial cuando aparezcan en el mercado los largamente esperados ordenadores de 100 dólares.

Quizá, en el futuro, en vez de hablar de crisis en los medios, habrá que recordar a los medios que alguna vez existieron y que ya no están más…

PELIGRO PARA LA DEMOCRACIA
Pero si hay una disminución de la diversidad de medios de comunicación impresos en el futuro cercano, podríamos estar ante un grave retroceso para el pluralismo y la democracia. Hay que recordar que la prensa escrita juega un papel esencial: a pesar de responder naturalmente a su propia línea editorial, los diarios presentan una visión del mundo y son creadores de opinión.

En este sentido, la responsabilidad de los medios no sólo es reproducir el mundo en el que se desenvuelven, sino que deben ofrecer a los lectores la posibilidad de acceder a una amplia gama de puntos de vista. El defensor del lector es una figura que ya está ampliamente aceptada en los principales diarios del mundo y que vela precisamente por este compromiso, aún a costa de los frecuentes problemas internos que provoca este rol en el seno de las compañías periodísticas.

ADAPTARSE O MORIR
Por esta razón, los diarios impresos no sólo deben adaptarse a las nuevas tecnologías por razones comerciales o de mercado, sino que debe de haber un objetivo superior: propagar la libertad de expresión, la participación ciudadana y el desarrollo de su sociedad y por ende, de sus audiencias. Es decir, el desafío es doble: adaptarse a los nuevos formatos y contribuir con la pluralidad. El diario que crea que sus lectores no son capaces de darse cuenta de la coherencia y veracidad en sus contenidos cometen un grave error, pues las audiencias están cada vez más informadas y tienen una creciente capacidad de comparar directamente las fuentes que los periódicos utilizan.

Si los accionistas de diarios quieren evitar este negro futuro, quizá deberían prestar más atención a las nuevas tendencias. Uno de los posibles escenarios está aquí a su disposición… [3] (y conste que esto fue hecho antes que Google comprara el sitio de vídeos YouTube).

Las empresas periodísticas no podrán decir que no fueron advertidas.

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