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Basta de machismo

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Bernardo Kliksberg analiza los alarmantes efectos de la violencia de género –una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido este mal– y describe el grave cuadro que presenta América Latina, donde las cifras se elevan por encima del 50 por ciento. El autor demuestra por qué existe una fuerte correlación entre pauperización, pobreza y violencia doméstica, y señala hasta qué punto las crisis socioeconómicas y la cultura del machismo han contribuido a que la violencia se propague dentro de las familias.

AMÉRICA LATINA Y EL MUNDO SIGUEN SIENDO LUGARES peligrosos para muchísimas mujeres a pesar de los avances que se han dado en los últimos años. La Organización Mundial de la Salud acaba de publicar los resultados del mayor estudio que se ha efectuado sobre violencia doméstica. Para estos efectos se entrevistó a 25.000 mujeres, provenientes de 15 ciudades, ubicadas a su vez en 10 países diferentes, entre ellos Perú y Brasil. En 6 de las ciudades, el 50 por ciento o más de las mujeres dijeron que habían sufrido violencia moderada o severa en su casa y en la mayoría de las ciudades, un 25 por ciento dijo que había sufrido violencia doméstica durante el último año.

Por otra parte, la investigación muestra que entre un 20 y un 66 por ciento de las mujeres señalaron que esta era la primera vez que habían hablado de los abusos a alguien, hecho que refleja el miedo y el carácter invisible de esta violación brutal de los Derechos Humanos. Las voces escépticas de quienes decían que los grupos feministas sobredimensionaban el problema, tendrán ahora que aceptar la realidad.

[2] GRAVE CUADRO EN AMÉRICA LATINA
Se estima que entre un 20 y un 25 por ciento de mujeres se ven afectadas por la violencia doméstica en la Unión Europea, mientras que en Estados Unidos el 25 por ciento refieren que han sido física o sexualmente agredidas por esposos, acompañantes o citas.

Los datos coinciden con otros estudios, como el efectuado por el Fondo de Población de Naciones Unidas en 2000, en el que se encontró que una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada, obligada a tener relaciones sexuales bajo coacción o maltratada de alguna manera (muy frecuentemente por alguien que ella conocía, inclusive el esposo, compañero, u otro miembro de la familia).

Los estudios del BID sobre América Latina muestran un cuadro grave. El 70 por ciento de las mujeres entrevistadas en México aseguraron haber sufrido violencia por parte de su pareja, mientras que en Chile y en los barrios pobres de Ecuador la cifra es del 60 por ciento. Los datos del BID de fines de los noventa estimaban que en Argentina el 25 por ciento de las mujeres era víctima de violencia y el 50 por ciento pasó por alguna situación violenta en algún momento de su vida. Los estudios también indicaban que un 37 por ciento de las mujeres agredidas llevaba 20 años o más soportando estos abusos.

[3] EFECTOS ALARMANTES
Las mujeres golpeadas sufren graves daños, entre ellos: miedo, depresión, dolor crónico y pérdida de la autoestima. Sin embargo, los efectos no se limitan únicamente a las mujeres; en Nicaragua se encontró que los hijos de personas que sufren violencia doméstica son tres veces más propensos a asistir a consultas médicas, son hospitalizados con más frecuencia, abandonan la escuela antes de cumplir 9 años de estudios y la mayoría repite años escolares. Las consecuencias no terminan ahí, pues las personas afectadas por este tipo de violencia tienden a repetir el modelo que vieron en sus casas.

En pleno siglo XXI, estas situaciones son un escándalo ético, pero además tienen grandes costos. El Banco Mundial estima que uno de cada cinco días de trabajo que pierden las mujeres está relacionado con violencia doméstica. La productividad se ve duramente afectada, pues el BID estimó que esta ausencia se ve reflejada en la economía y significa –sin incluir los costos policiales, judiciales, y de salud– entre 1,6 y 2 por ciento del Producto Interno Bruto, cifra con la que se podría casi doblar la inversión en salud en diversos países de la región.

VIOLENCIA, POBREZA E INDIFERENCIA
Algunos estudios han arrojado datos que confirman que existe una fuerte correlación entre pauperización y violencia doméstica. Las crisis socioeconómicas que afectan a Latinoamérica tensan al máximo a las familias y la cultura de machismo que se tiene en la región sólo empeora la situación.

El número de pobres creció en América Latina de 148 millones en 1980 a 228 millones en 2005, y entre ellos el de pobres extremos de 60 millones en 1980 a 94 millones en 2005. Pero la vulnerabilidad no sólo se da en las clases bajas. Ejemplo de ello es la situación que se vivió en Argentina en la década de los noventa cuando, bajo el impacto de las políticas aplicadas, 7 millones de personas dejaron de ser clase media para transformarse en nuevos pobres; muchas familias no pudieron soportar las condiciones y según verificó un trabajo de la Universidad de Buenos Aires, en diversos casos el cónyuge masculino tendió a autodestruirse y destruir su núcleo familiar.

Además de la violencia doméstica, en América Latina se pueden observar cuadros de violencia de género. Durante el 2005 fueron asesinadas 6.000 mujeres en México, y los horrendos crímenes contra las jóvenes de Ciudad Juárez –más de 400– siguen sin develarse. Más de 400 mujeres han sido asesinadas en Guatemala este año, con un porcentaje mínimo de casos resueltos. Albizares, defensor de Derechos Humanos del país centroamericano, declara: No es sólo el asesinato, sino la violación y la saña con que son cometidos, y la indiferencia.

Las mujeres humildes de América Latina sufren una doble discriminación que pone sus vidas en riesgo: la de ser pobres y la de ser mujeres en culturas donde a pesar de los avances –producto de gigantescas luchas de los colectivos de mujeres– el machismo sigue siendo una conducta usual con manifestaciones brutales y que goza de amplios márgenes de impunidad.

[4] LAS MUJERES GANAN EN ESPAÑA
Es urgente una reacción colectiva. El Washington Post tituló (7/10/06): Después de un largo reinado del machismo, las mujeres ganan en España. El actual gobierno español emprendió iniciativas innovadoras: tiene la mayor proporción de mujeres ministras de toda Europa (50 por ciento); pidió a los partidos asegurar el 40 por ciento de sus listas a mujeres; exigió a las empresas privadas dar a las mujeres el 40 por ciento de los puestos de sus Consejos Directivos; incluyó entre las obligaciones maritales compartir íntegramente el trabajo hogareño y acaba de dictar la Ley Orgánica de Medidas de protección integral contra la violencia de género. El presidente español José Luis Rodríguez Zapatero ha señalado: hablamos de esclavitud, feudalismo, explotación, pero la más injusta dominación es la de una mitad de la raza humana sobre la otra.

Es hora de enfrentar a fondo –legal, educativa y culturalmente– la violencia doméstica, esta violencia intramuros; combatir todas las formas de violencia de género y desterrar por fin el intolerable machismo cotidiano. [5]