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La democracia estadounidense, en riesgo

Crisis de representación en las elecciones Legislativas 2006 [1]

Por Ryan C. Napoli (para Safe Democracy)

Ryan Napoli analiza cuál es la verdadera magnitud de las elecciones legislativas en Estados Unidos y dice que los intereses particulares y corporativos han comprometido a la democracia. La existencia de un sistema bipartidista y determinadas políticas electorales –como el earmarking— han alejado la voz de los votantes de su gobierno. Ryan Napoli cree que no importa cuál de los dos partidos triunfe, el futuro de la democracia estadounidense está en riesgo a menos que la sociedad recupere realmente el control de su administración.


[2] Ryan C. Napoli es abogado especializado en la defensa de los derechos civiles. Trabaja actualmente en MFY Legal Services [3] en Nueva York, representando a personas y grupos indigentes en una gran variedad de casos que van desde vivienda, derechos civiles, pobreza e inmigración. Aboga, además, por cuestiones de justicia social incluyendo la representación de detenidos después del 11-S. Ha colaborado asimismo con la Fundación Grameen [4] implementando microcréditos en las Américas y redactando propuestas de Ley en Washington.

LLEGÓ LA HORA PARA EL ELECTORADO de Estados Unidos.

Después de seis años de control republicano en los tres poderes del gobierno estadounidense, por primera vez, desde la revolución republicana de 1994, el partido corre el peligro de perder el control sobre el Senado y la Cámara de los Representantes. Es por ello que tanto republicanos como demócratas han invertido miles de millones de dólares en campañas electorales alrededor del país. La pregunta es: ¿para qué?

[5] ¿Se eliminaría la corrupción político-institucional y la avaricia –siempre presente en la política estadounidense– si los demócratas recuperan el control de todo el Congreso o al menos de una parte? ¿Desaparecerían lobistas como Jack Abramoff, o políticos como Bob Ney y Tom DeLay? ¿Tendrían voz los contribuyentes en su gobierno? Difícilmente.

Los demócratas son tan culpables de vender su electorado a intereses corporativos y particulares como los republicanos. El financiamiento de campañas y leyes como la de earmarking [6] han lisiado la democracia estadounidense. Estas políticas han creado un ambiente en el que no existe un verdadero reto para quienes están en el poder. Más del 98 por ciento de los funcionarios públicos volvieron al poder en 2004.

[7] ¿QUÉ INTERESES REPRESENTAN LOS CANDIDATOS?
Cada día se ven menos representados los intereses de la sociedad en los partidos. Algunos argumentan que los partidos representan a los que más tienen, pero la situación es mucho peor. La política estadounidense ha llegado al punto en el que el término electorado significa lo mismo que lobistas con intereses particulares y corporativos así como industrias y grupos detrás de ellos (sector energético, banca, medios de comunicación, la derecha cristiana y los jueces).

El dinero se ha asociado a las elecciones desde el principio del proceso electoral. De hecho, los Founding Fathers debatieron el tema de quiénes deberían de postularse como candidatos para los puestos oficiales.

Causó controversia el hecho de que se propusiera limitar la candidatura a quienes fueran terratenientes. Sin embargo, los Founding Fathers –Padres Fundadores, como Thomas Jefferson, James Madison, John Adams, Benjamin Franklin, George Washington, entre varios otros– decidieron que tal limitación impediría la democracia en el sentido de que la gente con menos riqueza no tendría oportunidad.

Los estadounidenses necesitan recuperar la definición que los Founding Fathers tienen sobre la democracia, en donde ricos y pobres pueden postularse para los puestos públicos. Esta visión sólo puede alcanzarse a través de reformas reales en cuanto al financiamiento de campañas y la implementación de políticas como Clean elections [8].

[9] DOS PARTIDOS, UNA SOLA ALTERNATIVA
Otro factor que asfixia a la democracia estadounidense es el sistema bipartidista. Se trata de un sistema que ha hecho que las elecciones carezcan de contenido, y ha motivado a los candidatos a emprender campañas negativas. Los contendientes se enfocan únicamente en temas que les ayuden a diferenciarse de su principal oponente, en lugar de discutir políticas que contribuyan o beneficien a la sociedad.

La dinámica del sistema estadounidense bipartidista ha evitado que los partidos se muevan demasiado hacia un lado u otro del espectro político. Ambos partidos tienen posiciones muy similares en la mayoría de los temas importantes –así como su dependencia a una estructura de poder–, al grado de que los dos partidos se han convertido en realidad en un sistema de partido único.

El sistema bipartidista incrementa el uso y la dependencia de tácticas de gerrymandering [10], es decir, modifica los distritos electorales para favorecer o desfavorecer a un sector en particular. En un esfuerzo por difundir la fuerza de las minorías, ambos partidos buscan concentrar los votos de la oposición en algunos distritos con el fin de ganar más bancas y conseguir la mayoría en los distritos de los suburbios. De la misma forma, es más común la corrupción en la financiación de campañas en un sistema bipartidista, dado que son menos los contendientes que reciben donaciones. El resultado de campañas excesivamente corporativas e influidas por el dinero es el abandono de los intereses de millones de contribuyentes.

[11] EARMARKING PARA ASEGURAR LA REELECCIÓN
Un factor que contribuye a la corrupción política y a la eliminación de los contribuyentes de la ecuación política es el earmarking. En el proceso de la elaboración del presupuesto legislativo de Estados Unidos, el Congreso tiene la facultad de destinar fondos a ciertos proyectos en particular, eludiendo la necesidad de rendir cuentas por ello. Esta política obliga a los burócratas a invertir una parte del presupuesto en determinados proyectos que son escogidos por los políticos. Los miembros del Congreso –incluyendo al republicano James P. Moran Jr.– utilizaron esta política para financiar a un proveedor que recibió 37 millones de dólares por tecnología que los militares no pueden usar. En retribución, Moran recibió 17 mil dólares para su campaña por parte del presidente de la compañía.

Durante 2005, 15 mil earmarks fueron puestas en marcha con un costo de 47 mil millones de dólares. Expertos en financiamiento público han criticado esta política dado que genera un ambiente de corrupción. Los legisladores no están luchando por una política que ayude a sus votantes. Se trata de asegurar las contribuciones de campaña que provienen de los grandes consorcios y de los intereses particulares.

La política de earmarking está alejando a la democracia del electorado, por esta razón debería ser penada por la Ley. En 1998, la Corte Suprema derogó algunos poderes similares que poseía el presidente, como la competencia de utilizar el veto en ciertos aspectos del presupuesto —line-item veto [12]–, sin que esto afectase al paquete completo. El próximo paso es la prohibición de la política de earmarking.

[13] QUÉ ESTÁ EN JUEGO
La avaricia y la corrupción en ambos partidos han llegado al punto en que se ha puesto en riesgo el proceso electoral. Ya sea que los republicanos mantengan el completo control del gobierno o que los demócratas consigan superar exitosamente el reto, lo cierto es que el control no es lo que está en juego sino más bien la salud y viabilidad de la democracia estadounidense.

En 1938, el presidente Franklin Delano Roosevelt hizo pública una advertencia sobre las consecuencias que podrían tener los intereses monetarios en el sistema político: la libertad de la democracia no estará a salvo si la gente tolera el crecimiento del poder privado hasta el punto en el que llegue a ser más fuerte que el Estado democrático en sí mismo. Esto, en esencia, es la posesión fascista del gobierno por un individuo, por un grupo o por cualquier poder privado.

[14] LEVANTAR LA VOZ
La sociedad estadounidense debe hacer caso de esta advertencia y exigir respuestas frente a los intereses corporativos y particulares, con cada vez mayor control sobre su vida y su futuro. Los contribuyentes tendrían que demandar a los poderes que sean lo que en realidad deberían ser.

Desafortunadamente, ninguna de estas cuestiones tendrá lugar durante las elecciones y, en consecuencia, poco se avanzará hacia la reinstauración de la democracia.

Los estadounidenses deben hacerse escuchar por el gobierno una vez más. Deben demandar: una reforma real sobre el tema del financiamiento de campañas electorales; la creación de un sistema de varios partidos, así como la prohibición del earmarking. Las corporaciones deben ser, servidores de los contribuyentes, por ley.

Mientras no se lleven a cabo estas reformas político-institucionales, no se generará un cambio positivo y la democracia estadounidense seguirá en riesgo.

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