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El sandinismo vuelve al poder

nicaraguabernabe1.jpgEl sandinismo ha vuelto a conquistar la presidencia de Nicaragua tras dieciséis años: la pobreza, la corrupción y el hartazgo de la ciudadanía son las razones principales por las que el electorado se ha decantado por Daniel Ortega, dice el autor. Lo han hecho emitiendo un voto pasional que ha dejado en el olvido los errores cometidos en el pasado. El nuevo gobierno deberá incluir a las fuerzas políticas a través de pactos en el Parlamento. Pero en la medida en que la lucha contra la pobreza no sea un objetivo de la política de Estado, pocas cosas cambiarán en Nicaragua.


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(Desde Managua) DESPUÉS DE UN INTERMINABLE RECUENTO DE VOTOS, Nicaragua se ha despertado definitivamente sandinista.

Han pasado dieciséis años desde que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) dejara el poder. Daniel Ortega sufrió diversas transformaciones en esta etapa que le llevaron, entre otras cosas, a pactar en la década de los noventa con su enemigo natural, el Partido Liberal Constitucionalista de Arnoldo Alemán, ahora condenado en los tribunales por corrupto.

Este pacto con los liberales acabó con la paciencia de la izquierda sandinista que terminó haciendo su propia formación política, el Movimiento Renovador Sandinista. La ruptura de los partidos también afectó a los liberales, una de sus variantes, que creó la Alianza Liberal Nicaragüense intentando separarse de la corrupción manifiesta y demostrada de Alemán. El panorama político se enrareció. Por esta razón, intentar comprender el voto de la ciudadanía de Nicaragua se hizo una tarea realmente compleja, pero hay determinadas características que ayudan a explicar la victoria de Daniel Ortega.

LA JUVENTUD SE IMPONE

Estamos hablando del segundo país más pobre de América (sólo le aventaja Haití). En los dieciséis años de gobiernos conservadores no se ha intentado sacar al pueblo nicaragüense de la pobreza en lo más mínimo. Todo lo contrario: la corrupción ha sido flagrante y mucha gente se cansó.

El Frente Sandinista tiene un voto cautivo, obtenido en su lucha por conseguir sacar adelante una revolución en condiciones adversas. Pero lo que se ha podido observar en las calles –no sólo de Managua, sino de muchas otras ciudades pequeñas– o incluso en cabeceras departamentales de zonas rurales, ha sido una mayoría de jóvenes celebrando la victoria. Este motor de futuro quiere un cambio y es la oportunidad para Ortega de ofrecérselo.

UN VOTO IMPULSIVO, CON EL CORAZÓN

La pasión política en Nicaragua es fundamental, todo el mundo tenía su candidato, se votó con el corazón y con las tripas, la rabia salió de lo más profundo dejando las explicaciones racionales en segundo lugar. El olvido, por lo tanto, es un elemento principal, que mezclado con la pasión ha hecho que a la hora de votar no se recuerden los errores de Daniel Ortega o las diferencias entre el FSLN, que trajo esperanza al país con la actual formación política.

La campaña de acoso sobre el fantasma sandinista de la guerra ha sido enorme desde los medios liberales; el miedo inculcado en los anuncios de televisión es difícil de comprender si no se ve esta publicidad. Se trató de una situación que sería sencillamente inaceptable en muchos otros países. Esto ha logrado sin embargo fortalecer el voto sandinista para conseguir oponerse al contrario con fuerza.

El Movimiento de Renovación Sandinista no ha alcanzado el peso suficiente para ser una alternativa, quizá es demasiado pronto para afianzar una izquierda moderna en Nicaragua, que ha denunciado los pactos entre el sandinismo y los liberales como una prostitución de los principios de la revolución ante un culto por el poder. Entre otras cosas, es el único partido que defendió el aborto terapéutico hace unas semanas, condenado por las demás formaciones, obviamente incluido el FSLN, y declarado ilegal en el Parlamento. Las denuncias de los organismos internacionales respecto a la utilización de este tema con fines electorales han sido claras; la base católica de la población nicaragüense se ha vuelto a convertir en un elemento político.

PRIMERO LOS POBRES

Hay que mencionar asimismo que la presión de Estados Unidos mediante el abierto apoyo que brindó al candidato de ALN, Montealegre, también ha sido un revulsivo que, por un lado, ha fortalecido el voto sandinista y, por otro, ha logrado afirmar el del Partido Liberal Constitucionalista.

Hay una oportunidad para hacer las cosas mejor aunque la situación no será fácil en el Parlamento. Los pactos, tan importantes en la historia de Nicaragua, vuelven a jugar un papel protagonista y si el FSLN quiere gobernar tendrá que contar con los liberales.

Pero en la medida en que la lucha contra la pobreza no sea un objetivo de política de Estado, pocas cosas cambiarán en este apasionante país centroamericano.