Sepa por qué la acción política a través de Internet abre una ventana de oportunidad para luchar contra el pesimismo de la democracia mínima y rutinaria actual. Los grandes partidos y candidatos seguirán controlando, sin embargo, los procesos electorales, pues la participación democrática en la red no es necesariamente más amplia ni reflexiva que la tradicional. Estamos aún lejos de la verdadera ciberdemocracia.

(Desde Madrid) RICHARD DAVIS, UNO DE LOS PRIMEROS INVESTIGADORES de comunicación política por Internet, anticipó en 1999: esta nueva tecnología no revolucionará el resultado electoral, pero sí cambiará la forma de hacer campañas. Y lo cierto es que en menos de una década, la confirmación llega desde todos los rincones del ciberespacio.

“La ciudadanía está lejos de protagonizar una auténtica ciberdemocracia porque, como insisten muchos expertos, la tecnología no incrementa por sí misma las opiniones cívicas

Ejemplo de ello es el candidato Howard Dean en las elecciones primarias demócratas estadounidenses de 2004, que surgía desde el anonimato, mediante su innovadora cibercaptación de fondos y de entusiastas cibernautas. También se puede observar a través de concursos en la red para crear agresivos spots publicitarios contra un gobernante: Bush in 30 seconds y su imitación española Aznar en 30 segundos.

LA TECNOPOLÍTICA

Asimismo, la proliferación mundial de blogs y webs de campaña, ha sido capaz en algunos casos (como el reciente de Ciudadanos de Cataluña en España), de romper el cinturón de silencio consentido por los medios convencionales sobre una candidatura molesta e irrumpir ante la sorpresa general en el Parlamento de esa comunidad. O con la activación, mediante teléfonos móviles, debates virtuales y ciberconvocatorias, de múltiples reacciones electorales imprevistas tras la masacre terrorista del 11-M.

“La participación democrática resultante no necesariamente es más amplia ni reflexiva que la tradicional”

La efervescencia de la tecnopolítica no se limita a las intervenciones efectuadas por los partidos y políticos profesionales. Sino que, a menudo, las innovaciones más impactantes o imaginativas provienen de colectivos periféricos, en otros tiempos desenganchados del debate político-electoral. Han descubierto la oportunidad de quebrar el monopolio de las élites político-mediáticas. La iniciativa de creación y distribución global de video anuncios contra George W. Bush fue lanzada por una plataforma heterogénea llamada Move On que promueve la recolección de firmas y peticiones de reformas legislativas en apoyo de demandas cívicas de muy variado signo.

¿PARTICIPACIÓN MÁS REFLEXIVA?

La agencia periodística Europa Press (en España) ha venido sosteniendo, con la colaboración del Senado y un gran número de gobiernos locales, plataformas virtuales sucesivas (Candidato2004.net, Ciudadanos2005.net, etc.). En ellas se formulan preguntas y propuestas de los ciudadanos corrientes, respondidas en la propia red por los candidatos en campaña o los regidores municipales, según el caso, a través de las páginas electrónicas creadas al efecto.

De forma no identificada y variopinta, el fenómeno de las animaciones satíricas transita el ciberespacio y alimenta estereotipos populares entre los ambientes electorales de base. Vídeos comprometedores colgados en la red, como el de Ségolene Royal, exigen explicaciones no previstas en las agendas de diseño.

“La ciudadanía está lejos de protagonizar una auténtica ciberdemocracia

La participación democrática resultante no necesariamente es más amplia ni reflexiva que la tradicional. Y el impacto en la esfera pública central depende casi siempre del altavoz periodístico convencional, como ocurrió en el seísmo electoral español de marzo de 2004.

RESQUICIOS CONTRA EL PESIMISMO

Los grandes partidos y candidatos apoyados en sus spin doctors y los soportes mediáticos masivos seguirán controlando el derrotero fundamental de los procesos electorales. Sin embargo, tendrán que vigilar y contrarrestar los efectos de fragmentación y sorpresa de los francotiradores virtuales.

La ciudadanía está lejos de protagonizar una auténtica ciberdemocracia porque, como insisten muchos expertos, la tecnología no incrementa por sí misma las opiniones cívicas.

Pero la nueva complejidad que permite la acción política en Internet abre algunos resquicios contra el pesimismo de la democracia mínima y rutinaria.