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Desánimo en el País Vasco

Sin resultados tangibles en el proceso de paz [1]

Por Javier Ortiz (para Safe Democracy)

Javier Ortiz dice que la gran mayoría de los vascos desea el progreso del proceso de paz, pero la mitad de los mismos teme la ruptura del alto el fuego –proclamado en 24 de marzo–, con el consiguiente naufragio de las iniciativas negociadoras y el regreso a la violencia que se viene sucediendo desde hace casi 40 años en España. Ortiz cree que de avanzar la frustración de las esperanzas, la ciudadanía le pasará una costosa factura al presidente José Luis Rodríguez Zapatero en las próximas elecciones. Mientras tanto, el tan invocado diálogo con ETA –si es que se ha iniciado– no ha producido ningún resultado tangible.


[2] Javier Ortiz es columnista del diario El Mundo y comentarista político de la radio y la televisión públicas vascas. Ha sido subdirector de El Mundo y responsable de sus páginas de opinión. Ejerce de periodista desde los 18 años. Durante el franquismo padeció cárcel y exilio por razones políticas. Ha escrito en muy diversos medios españoles y extranjeros. Tiene publicados ocho libros.

SEGÚN UNA RECIENTE Y MUY AMPLIA encuesta, el 93 por ciento de la población del País Vasco desea que el proceso de paz progrese y el 90 por ciento aprueba que el Gobierno de Madrid busque una salida a la violencia de ETA mediante el diálogo con la organización terrorista.

Sin embargo, la mitad de los vascos teme que el alto el fuego proclamado el pasado 24 de marzo se rompa, con el consiguiente naufragio de las iniciativas negociadoras y el regreso a los enfrentamientos violentos que se vienen sucediendo desde hace casi 40 años en España.

TEMOR JUSTIFICADO
Son varios los hechos que justifican su temor. Uno, no pequeño, es la constatación de que el tan invocado diálogo, si es que se ha iniciado, no ha producido de momento ningún resultado tangible.

Se había dado por supuesto que el Gobierno de Madrid tomaría a corto plazo alguna iniciativa destinada a reducir la crispación del clima político vasco pero, sea porque no ha querido o porque el estrecho marcaje al que le somete la derecha política no se lo ha permitido, no ha sido así.

VUELVE LA VIOLENCIA URBANA
La crispación, de hecho, se ha incrementado con el paso de los meses, como ha puesto en evidencia la reactivación de las manifestaciones de violencia urbana o kale borroka (lucha en la calle, en lengua vasca) protagonizada por jóvenes ideológicamente próximos a ETA.

El hecho más desalentador de los sucedidos en las últimas semanas ha sido, el robo de 350 revólveres y pistolas perpetrado por ETA en una fábrica de armas situada en Vauvert, en el sureste francés.

FACTURA PARA ZAPATERO
Es obvio que, si fuera verdad que ha renunciado definitivamente a la lucha armada, como algunos pretenden, carecería de sentido que la organización terrorista se dedicara a incrementar su arsenal.

La nebulosa perspectiva del proceso de paz en el País Vasco tiene repercusiones sobre la política española en su conjunto. Del mismo modo que se daba por hecho que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero vería muy favorecidas sus expectativas electorales en el caso de que las iniciativas de paz progresaran de manera decidida, ahora no faltan los que sospechan que la frustración de las esperanzas surgidas en marzo puede pasarle una costosa factura en las próximas citas con las urnas.

POCAS ESPERANZAS
De hecho, el último sondeo realizado por el oficial Centro de Investigaciones Sociológicas [3] (CIS) ha registrado un severo descenso en el apoyo al Partido Socialista, que ha pasado de tener una cómoda ventaja sobre el Partido Popular, a situarla a sólo 1,4 puntos de diferencia [4] (un empate técnico, según los expertos).

Las instrucciones que han recibido los responsables socialistas de no centrar el debate político en la cuestión vasca y de subrayar mucho más los logros económicos y sociales del Gobierno parecen situarse en esa longitud de onda.

Son también indicativas de que el propio jefe del Ejecutivo español no espera, al menos a corto plazo, que el proceso de pacificación del País Vasco se reenderece y cobre un nuevo impulso.

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