El trasfondo de la victoria demócrata en Estados Unidos

Por Luis Méndez Asensio (para Safe Democracy)

Luis Méndez Asensio explica por qué el triunfo demócrata en Estados Unidos no es tan determinante como parece, ya que el partido tendrá que encontrar la forma de enfrentar los desafíos del país sin herir susceptibilidades, ni arriesgar demasiados votos. Méndez Asensio cree que la cuestión de la retirada de Irak será la gran dificultad para los demócratas en la carrera por la presidencia: ¿lograrán convencer a una opinión pública temerosa e hipersensibilizada? No lo tienen fácil.


Luis Méndez Asensio es periodista y escritor. Es profesor de postgrado en la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid y forma parte de la junta directiva del Instituto de Periodismo Preventivo y Análisis Internacional (IPPAI). Es comentarista de política internacional en Radio Exterior de España y otros medios escritos. Ha publicado “La guerra contra el tiempo”, “Panamá: memorias de un intruso” y “Contadora, la diplomacia imposible” (entre otros libros). Es corresponsal del Grupo mexicano Reforma en España. Reside en Madrid.

LA CORRELACIÓN DE FUERZAS EN ESTADOS UNIDOS ha cambiado desde que se anunciaron los resultados de las últimas elecciones legislativas que favorecieron a los demócratas, aunque esta victoria parlamentaria no se puede interpretar como un estrepitoso derrumbe de los republicanos.

En algunos estados como Virginia, la diferencia la marcaron unos cuantos miles de votos que sirvieron para encumbrar al candidato demócrata en un sistema en el que el ganador se embolsa la totalidad de los sufragios por muy reñida que haya sido la contienda. Además, la derrota de los republicanos es también fruto de la erosión que conlleva el ejercicio del poder tras dominar por doce años el ámbito parlamentario y gobernar a sus anchas durante dos mandatos consecutivos.

ATAQUE PREVENTIVO, UN BALANCE DESALENTADOR
Hay que subrayar asimismo que los demócratas, que hicieron del convulso Irak una de sus principales banderas electorales, acudieron a las urnas en el mejor escenario posible para ellos. Sus rivales ejecutaron una política exterior unilateral, centrada en el ataque preventivo y el combate al terrorismo internacional, que ha disparado el presupuesto público, que ha vulnerado libertades domésticas fundamentales y que hasta ahora ofrece un balance desalentador, en especial por el empantanamiento de la nación árabe y la ausencia de alternativas.

Hay que entrecomillar la remontada de los demócratas por partida doble si nos atenemos a las 205 propuestas que, en paralelo a las elecciones legislativas, se sometieron a votación en 37 estados de aquel país. La respuesta popular sobre temas tan variopintos y polémicos como el aborto, el matrimonio entre homosexuales o la situación de los inmigrantes sin papeles benefició más a los republicanos que a los demócratas.

LOS REPUBLICANOS SIGUEN EN PIE
En términos cuantitativos, los conservadores hicieron valer su agenda en las consultas que se hicieron a la ciudadanía, lo que indica que buena parte de la población estadounidense responde todavía a los estímulos de la Casa Blanca a pesar del revés en las urnas del partido Republicano, que los expertos adjudican sobre todo al voto independiente que se columpia con cada elección.

Si a esto añadimos la división que prevalece entre los demócratas en cuestiones tan relevantes como la ocupación de Irak o la lucha contra el terrorismo, y agregamos el dato de que no pocos senadores y congresistas suelen votar más en conciencia que motivados por las consignas de su formación, se impone a la hora del análisis relativizar el despegue de la oposición estadounidense. Lo mismo sucede en el poderoso Senado, que registra un honorable empate, aunque los dos senadores independientes de los que depende la mayoría hayan prometido su voto a los demócratas.
El presidente Bush es consciente de que ha quedado tocado tras las elecciones y ha mandado a sus adversarios alguna que otra señal conciliatoria, mucho más significativa porque su discurso hasta ahora había bebido de la prepotencia más que del consenso.

INGENIO DEMÓCRATA A PRUEBA
La simbólica retirada de los 145 mil efectivos estadounidenses de Irak –que los demócratas intentan rentabilizar pensando ya en los comicios presidenciales–, tiene que ser necesariamente tan progresiva como retardada, habida cuenta del avispero en el que se ha convertido el país asiático y de su precariedad institucional.

Habrá que esperar a que se disuelva la humareda electoral y la euforia de los demócratas para conocer, más allá de la prerrogativa del veto presidencial, el margen de maniobra que le resta al inquilino de la Casa Blanca en los dos años venideros. Y, desde luego, habrá que estar pendientes de cómo se las ingenian los recién resucitados demócratas para posicionarse frente a los grandes desafíos del país sin herir susceptibilidades ni arriesgar demasiados votos.

No lo tienen fácil con una opinión pública temerosa, hipersensibilizada por las bajas de sus soldados en Irak y los embates del terrorismo, y con un mundo mediático en abierto zafarrancho de combate.

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