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Fracaso a seis bandas

Las conversaciones con Corea del Norte, en el aire [1]

Por Gracia Abad Quintanal (para Safe Democracy)

Gracia Abad Quintanal especifica por qué fracasaron las conversaciones para buscar una solución diplomática al conflicto nuclear de Corea del Norte entre la República Popular Democrática de Corea, la República de Corea, Japón, Estados Unidos, Rusia y la República Popular China. Abad Quintanal cree que las negociaciones se complicaron por los lanzamientos de misiles efectuados en julio por Corea del Norte, pero que el verdadero obstáculo son las profundas diferencias del país asiático con Washington.


[2] Gracia Abad Quintanal es doctora en Ciencias Políticas y experta en temas de Asia-Pacífico y regionalismo en Asia Oriental. Es investigadora de la Unidad de Investigación sobre Seguridad y Cooperación Internacional del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido investigadora invitada en el Institute for Defense and Strategic Studies de Singapur.

DICIEMBRE (2006) HA SIDO TESTIGO DE LA SEGUNDA FASE de la quinta ronda de las Conversaciones a seis bandas –en suspenso desde que Corea del Norte las abandonara en septiembre de 2005–, creadas en 2003 con la finalidad de dar una solución diplomática al conflicto suscitado por el programa nuclear desarrollado por Corea del Norte.

Como en ocasiones anteriores, el encuentro ha tenido lugar en Pekín –capital de la República Popular China–, que en consonancia con su actual estrategia diplomática, ha de ser vista sin duda como verdadera artífice del proceso y protagonista de innumerables esfuerzos y negociaciones desarrollados a lo largo de los últimos meses para hacer posible la celebración de este nuevo encuentro.

[3] LOS IMPLICADOS EN LA NEGOCIACIÓN
Los esfuerzos han sido especialmente necesarios tras los acontecimientos de los últimos meses, que sólo podían complicar aún más un proceso que nunca fue fácil. En efecto, los lanzamientos de misiles efectuados en julio por la Republica Popular Democrática de Corea y, de modo especial, la prueba nuclear realizada [4] en octubre no contribuían precisamente a crear un clima favorable a las negociaciones. Ahora bien, no es menos cierto que, lo que muchos consideraban la confirmación de la capacidad nuclear de Corea del Norte, hacía que la reanudación de las conversaciones y la obtención de resultados satisfactorios en las mismas fueran más urgentes que nunca.

En esas circunstancias, se reunirían la República Popular Democrática de Corea, la República de Corea, Japón, Estados Unidos, Rusia y la República Popular China durante cinco días consecutivos en el hotel Diaoyutai de Pekín con el objetivo de consensuar un plan de medidas específicas que les permitieran aplicar la declaración conjunta acordada el 19 de septiembre de 2005, justo antes de la suspensión de las conversaciones.

[5] PROFUNDAS DIFERENCIAS
Sin embargo, una vez más, las diferencias de partida entre Corea del Norte y Estados Unidos eran el principal obstáculo para el éxito de las conversaciones. Washington estaba dispuesto a brindar a la República Popular Democrática de Corea ayuda económica y energética, al levantamiento de sanciones e, incluso, a ofrecer por escrito garantías de seguridad al régimen norcoreano. Sin embargo, todo ello estaba condicionado necesariamente a la decisión previa norcoreana de eliminar su programa nuclear.

Por su parte, Corea del Norte iba a exigir como requisitos indispensables para empezar cualquier negociación la descongelación de sus cuentas en el banco Delta Asia –con Sede en Macao– y el levantamiento de las sanciones. También insistió en su estatus de Estado nuclear, en la importancia del mismo para protegerse de una potencial agresión o amenaza norteamericana y en la consiguiente conveniencia de negociar con Estados Unidos en términos de desarme nuclear mutuo.

SIN ACUERDO
La distancia que separaba a ambos era tal que ni siquiera el establecimiento de conversaciones bilaterales paralelas –una demanda norcoreana a la que Estados Unidos no había accedido hasta el momento–, en particular para tratar de llegar a un acuerdo en la cuestión de los activos norcoreanos congelados, pudo evitar que las conversaciones acabaran sin resultados significativos.

Así, las conversaciones concluyeron finalmente sin acuerdo, más allá de la decisión de aplicar la declaración de principios de septiembre de 2005 de manera escalonada y sin haber establecido siquiera una fecha para la celebración de una nueva ronda negociadora.

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