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Una falsa contraposición

Libertad y seguridad no son excluyentes
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Por Ferran Requejo (para Safe Democracy)

Ferran Requejo dice que, en contra de lo que a veces se piensa, los conceptos de libertad y seguridad no son dos términos excluyentes. Requejo cree que las libertades –tanto individuales como las colectivas– no pueden ejercerse si la seguridad no está garantizada de forma permanente. Por qué es imprescindible garantizar la seguridad para lograr un verdadero progreso hacia sociedades más libres. La importancia de instituciones internacionales fuertes y legitimadas.


[2] Ferran Requejo es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), donde ha dirigido el programa de doctorado en Ciencias Políticas y Sociales y el Grup de Recerca en Teoria Política (GRTP). Sus principales campos de investigación son las teorías de la democracia, el liberalismo político y la socialdemocracia de la segunda postguerra, y el federalismo en contextos plurinacionales. Entre sus publicaciones recientes destacan: Multinational Federalism and Value Pluralism (Routledge, 2005) y Democracy, Nationalism and Multiculturalism (Routledge, 2005, edit con R. Maiz). Recibió el European Rudolf Wildenmann Prize de investigación.

EL EPISODIO DEL 11 DE SEPTIEMBRE DE 2001 EN NUEVA YORK inauguró una nueva etapa en el escenario político mundial. Las democracias se empequeñecen cuando lo que amenaza la seguridad de los ciudadanos no son las guerras convencionales y los terrorismos locales, sino las acciones de organizaciones en red que muestran capacidad para actuar en cualquier lugar del planeta.

Súbitamente, el atentado cambió la percepción que buena parte de los ciudadanos tenía sobre la guerra de Irak, y ésta dejó de percibirse como un asunto lejano de política internacional para convertirse en un tema de política interior. Ello ha tenido repercusiones para el imaginario colectivo. Quizá morimos en ese instante en que nos damos cuenta, en que admitimos, que el mal tiene una estructura lógica dice un personaje de William Faulkner en Santuario.

LOS VALORES DE LA DEMOCRACIA
La relación entre libertad y seguridad es un tema clásico de la teoría política. Desde los orígenes romanos de la tradición republicana hasta las versiones liberales que pueden resumirse diciendo que sin Thomas Hobbes (1588-1679) no es plausible pensar adecuadamente en John Locke (1632-1704).

Las libertades individuales y colectivas son los valores más preciados de la democracia. Y la seguridad es un requisito para gozar de estas libertades.

En contra de lo que a veces se pretende, estos dos términos no son excluyentes. Sabemos que la seguridad se ha utilizado en multitud de ocasiones para legitimar la limitación o el ejercicio mismo de las libertades. El logro de ambos objetivos requiere ciertamente instituciones y estrategias distintas. Pero la contraposición de ambos elementos, salvo en situaciones extremas, es simplemente falsa. Las libertades –tanto individuales como las colectivas– no pueden ejercerse si la seguridad no está garantizada de forma permanente.

VIAJE INACABADO
De hecho, el viaje de las democracias siempre es inacabado. No hay una Itaca a la que arribar, sino un conjunto de islas, siempre intermedias, por recorrer. Pero vista la política y la historia comparadas, es claro que las democracias representativas son los sistemas que mejor han garantizado aquellos dos objetivos:

UNO La protección y garantía efectiva de los derechos individuales y colectivos.

DOS La sujeción de las instituciones de poder a mecanismos políticos y jurídicos de control.

PARA LA LIBERTAD
Hablar de seguridad no es un tema de derechas. Es un asunto que está en la raíz de las democracias. Ser libre no es sólo estar a salvo de la coerción basada en la fuerza –del Estado, de la sociedad o de otros individuos–, sino también estar a salvo de las situaciones de dependencia objetiva, de carácter económico, político o cultural.

En el progreso hacia sociedades más libres resulta imprescindible el establecimiento de una seguridad que, en un mundo global, sólo puede venir de políticas multilaterales decididas desde unas instituciones internacionales fuertes y legitimadas. Ello también forma parte de la lucha ancestral contra los dioses siniestros, aquellos en nombre de los cuales sabemos que se amenazan las esperanzas y se erosionan las libertades.

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