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Consecuencias imprevistas de una ejecución

Irak, hacia el abismo de la guerra civil [1]

Por Manuel R. Torres Soriano (para Safe Democracy)

Manuel R. Torres Soriano describe el escenario político iraquí tras la ejecución de Sadam Husein y plantea una serie de antecedentes para demostrar por qué este acto superfluo y condenable moralmente se ha convertido en un nuevo y preocupante paso más hacia el abismo de la guerra civil. Cuál ha sido el verdadero papel de Husein en la gestación y en el liderazgo de la insurgencia. Cómo está avanzando el discurso yihadista. Por qué la democracia es percibida como un intolerable influjo cultural de Occidente. A continuación, algunas respuestas.


[2] Manuel R. Torres Soriano es experto en terrorismo internacional y profesor de Ciencia Política en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla (España). Ha sido investigador del Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Granada y Visiting Fellow de la Universidad de Stanford (California) y Johns Hopkins University en Washington D.C.

TRAS LA EJECUCIÓN DE SADAM HUSEIN, numerosas especulaciones han surgido en torno a la influencia de estos sucesos en los elevados niveles de violencia que padece el país árabe. Para responder a la pregunta de si es Irak más seguro tras la desaparición del dictador debemos tener presentes una serie de antecedentes:

UNO
Sadam Husein ha desempeñado un modesto papel en la gestación y en el liderazgo de las numerosas fuerzas insurgentes y terroristas que actúan en este país. La inmediata activación de los ataques contra tropas de la coalición, una vez que fue derrocado el régimen baazista, generó en medios occidentales la idea de que Sadam podía haber preparado con antelación un escenario de guerra irregular con la intención de impedir la efectiva ocupación del país.

[3] EN CONDICIONES MISERABLES
Esta percepción encajaba perfectamente con el hecho de que el dictador se encontrase en paradero desconocido; lo que llevó a muchos comentaristas a afirmar que el tirano posiblemente estuviese dirigiendo desde la sombra una nueva fase del enfrentamiento contra sus enemigos. Sin embargo, el análisis de la abundante documentación incautada y la interceptación de las comunicaciones insurgentes fue progresivamente cuestionando esta idea, la cual se vio definitivamente sepultada una vez que el antiguo mandatario iraquí fue finalmente capturado, y se tuvo constancia de su aislamiento y de las miserables condiciones de vida que rodeaban su ocultamiento.

El ejército estadounidense tuvo que asumir que la captura del tirano no rebajaría el nivel de violencia, ya que éste no había ejercido ningún tipo de control operativo sobre los insurgentes, y su única responsabilidad se había visto reducida a la adopción de dos medidas previas a la guerra: el vaciamiento de las cárceles iraquíes (por motivos populistas) y la entrega masiva de armas ligeras a sus más fieles seguidores.

[4] DOS
El dictador nunca ha contado con un amplio y sincero apoyo popular. La supervivencia de su régimen se había edificado sobre una amplia maquinaria de represión y la aplicación de la más despiadada de las crueldades contra sus opositores. Una vez que se disipó la amenaza de sufrir represalias, desparecieron igualmente las supuestas masas de seguidores dispuestos a morir por su antiguo líder.

De hecho, sólo un pequeño porcentaje de la insurgencia antiamericana ha estado protagonizada por los partidarios de la reinstauración de Sadam. Este modesto grupo ha contemplado durante estos últimos años la humillación, en forma de proceso judicial, a la que estaba siendo sometido Husein. En ese sentido, los leales al dictador se han sentido lo suficientemente justificados como para aplicar los máximos niveles de venganza y violencia que sus capacidades les hayan permitido. No resulta probable que la ejecución pueda aumentar la letalidad de una maquinaria que ha estado trabajando a su máxima capacidad durante los tres últimos años.

[5] DECISIÓN CATASTRÓFICA
Aunque las filas de la insurgencia han estado copadas por ex-militares y miembros de los servicios de inteligencia del difunto régimen, no se pueden identificar estas actividades violentas como un apoyo explícito a Sadam. De hecho, la decisión de combatir a las tropas de la coalición, estuvo motivada principalmente por la catastrófica decisión norteamericana de disolver las fuerzas armadas y desposeer de su empleo a miles de iraquíes ampliamente curtidos en el manejo de las armas. El decreto de depuración del nuevo Estado iraquí movilizó a una numerosa insurgencia, motivada más por la propia situación personal de cada uno de sus componentes, que por el deseo de reinstaurar en sus privilegios a la antigua élite gobernante.

TRES
La insurgencia iraquí ha quedado eclipsada por el discurso yihadista. Aunque en sus primeros momentos, la violencia antiamericana estaba compuesta mayoritariamente por grupos que abanderaban un discurso nacionalista o de primacía de alguno de los grupos étnicos del país. Lo cierto es que el discurso de los grupos radicales ha terminado contaminando las reivindicaciones y objetivos de las diferentes organizaciones que combaten la nueva situación política del país.

[6] ISLAMIZACIÓN FORZOSA
La legitimación y el enorme poder movilizador del discurso religioso más exaltado, han dado lugar a que incluso aquellos grupos que tuvieron en su inicio un componente secular, hayan decidido incluir entre sus aspiraciones la islamización forzosa del Estado y la erradicación de una democracia que es percibida como un intolerable influjo cultural de Occidente. En este sentido, para los principales grupos terroristas que operan en el país –como Al-Qaeda en Irak–, Sadam no deja de ser uno de tantos gobernantes apóstatas que desvirtúan el Islam y que, por supuesto, merecen la muerte.

Estos factores, podrían llevarnos a pensar que la ejecución de Sadam Husein no depararán ningún cambio sustantivo en la situación de seguridad del país, o que, en el mejor de los escenarios podría rebajarla de algún modo, ya que la población iraquí tiene ahora la total certidumbre de que los viejos tiempos nunca más volverán, y que el acomodo a la nueva situación política es inevitable.

[7] LA VENGANZA SERÁ TERRIBLE
El modo en el que se ha llevado a cabo el ahorcamiento del dictador agravará la delicada situación de seguridad, ya que se ha visto envuelto en una serie de circunstancias que inciden en algunos de los principales problemas del país árabe. Las autoridades iraquíes no han podido evitar que se difundan públicamente las imágenes de la secuencia completa de la ejecución. Esto supone un contratiempo, no sólo por la pobre imagen que ofrece el nuevo gobierno, incapaz de garantizar la disciplina entre sus servidores, sino ante todo, por que ha dado a conocer cuáles fueron las vejatorias circunstancias en las que se produjo la muerte. En el vídeo no oficial se puede observar cómo los verdugos humillan verbalmente al condenado, pero ante todo, se puede oír cómo algunos de los asistentes corean el nombre de Muqtda, en alusión al clérigo chií Muqtada Al Sadr, líder de una las más importantes milicias armadas del país.

De esa forma, lo que debió ser un aséptico acto del nuevo sistema judicial del país, se ha convertido, ante los ojos de millones de iraquíes, en la escenificación de un victorioso acto de venganza a manos de una las facciones en pugna. Estas imágenes han creado entre millones de suníes la percepción de que el nuevo aparato gubernamental es un instrumento en manos de una de las facciones que más ha alentado el odio interreligioso. De ese modo, un acto superfluo y condenable moralmente, como la ejecución de Sadam Husein, se ha convertido en un nuevo y preocupante paso más hacia el abismo de la guerra civil.

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