El destino de George W. Bush en manos del US Army

Por Rafael Moreno Izquierdo (para Safe Democracy)

Cambio de estrategia de Washington en Irak bajo el mando del nuevo gurú de la guerra de guerrillas: David Petraeus. Mientras otros generales han buscado destrozar a los rebeldes por la fuerza, Petraeus defiende aislarlos ganando el corazón de la población local y satisfaciendo las necesidades básicas de la gente: seguridad, empleo, reconstrucción y democracia. La gran cuestión es saber si podrá extender su modelo al resto del país.


Rafael Moreno Izquierdo es profesor del Departamento de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid y del Departamento de Periodismo de la Universidad Complutense. Es experto en Operaciones de Paz, Gestión de Conflictos y Comunicación en situaciones de Crisis. Ha publicado “Militares españoles en el Mundo” y numerosos artículos en revistas como Política Exterior y Foreign Policy (edición española). Reside en Madrid.

EL PRESIDENTE GEORGE W. BUSH HA PUESTO SU DESTINO EN MANOS DEL US ARMY Ambos parecen ligados a lograr juntos la victoria o pasar como líderes e instituciones que no estuvieron a la altura en uno de los momentos más difíciles de la historia del país. Los generales y soldados norteamericanos escribirán con sangre y valor en los próximos 20 meses el legado del actual inquilino de la Casa Blanca –ironía o fortuna– pero en cierta manera, también su propio prestigio.

¿Fue Vietnam un error achacable exclusivamente a los políticos? ¿E Irak? Lejos de cambiar de rumbo, como piden a gritos los más críticos, George W. Bush ha decidido mantenerse firme, confiar en los hombres de uniforme y cruzar los dedos. La cuestión ahora es saber si el Pentágono esta preparado para salvar a su Comandante en Jefe y, al mismo tiempo, a sí mismo. Si los 21.500 soldados más enviados a la guerra, son la diferencia entre el abismo y la victoria.

NO SE GANA DESDE LOS CUARTELES
En cualquier caso, debemos reconocer que hay que tener estómago o testarudez política para seguir creyendo en que la única solución es la armada. Quizá no exista otra opción a medio plazo, pues las llamadas a reducir la presencia militar norteamericana son más propuestas para la galería que opciones realistas. Antes de poder negociar cualquier solución dialogada es preciso recuperar el control de la situación.

La pasividad de Washington de los últimos meses ha provocado una importante pérdida de capacidad de acción y un progresivo deslizamiento hacia una sangrienta guerra civil. El Pentágono se ha escondido detrás de una supuesta línea verde dejando a terroristas y milicias la iniciativa de la situación. Es un hecho curioso la poca memoria de los militares estadounidenses. Ya lo experimentaron en El Salvador o en Nicaragua. No se puede ganar una guerra contra insurgentes quedándose en los cuarteles. Los soldados deben salir y combatir a los terroristas en su propio terreno, aunque el resultado sea un mayor número de muertos y duras imágenes en la pequeña pantalla.

NUEVA ESTRATEGIA
Así tiene que entenderse la nueva estrategia de Washington. La prioridad ahora es devolver la seguridad al país y, sobre todo, a Bagdad. La respuesta esta, según George W. Bush, en un brillante e intrépido general de tres estrellas de 54 años y Doctor por la Universidad de Princeton llamado David Petraeus. Un militar que ha sabido saludar inteligentemente a sus superiores civiles y progresar en la competitiva y despiadada carrera militar donde tus mejores amigos son tus peores enemigos.

En este contexto, Peatraus se ha convertido el nuevo gurú de la guerra de guerrillas. No en vano, ha dedicado los últimos 14 meses a escribir el FM 3-24, el nuevo Manual de Lucha Contrainsurgencia de Estados Unidos. La Biblia de guerra de Irak. El texto, fruto de las lecciones aprendidas de Afganistán y otras invasiones, afirma como filosofía básica que la primera equivocación en la lucha contra la insurgencia es pensar que el objetivo es matar al enemigo, en vez de asegurar la colaboración y la convivencia de la población.

Petraeus es, en este sentido, una excepción. Mientras otros generales han buscado destrozar a los rebeldes por la fuerza, Petraeus defiende aislarlos ganando el corazón de la población local. Como comandante de la fuerza de élite 101 aerotransportable buscó pacificar Mosul, la zona norte de Irak, durante el primer año de invasión, satisfaciendo las necesidades básicas de la gente: seguridad, empleo, reconstrucción y democracia. Su éxito no pasó desapercibido a la prensa frente al caos de Bagdad y otras ciudades iraquíes. La gran cuestión es saber si podrá extender su modelo al resto del país: el énfasis debe estar en restaurar un ambiente de seguridad y no en la opresión, aunque para obtenerla se tenga que utilizar la fuerza y el poder.

¿MISIÓN IMPOSIBLE?
Con ello, George W. Bush ha puesto fin a la teoría Rumsfeld (intervenir con el menor número de soldados posibles) y reconocer que el control de Irak pasa por poner sobre el terreno más tropas. La incógnita es saber si Petraus ha recibido, en cualquier caso, una misión imposible. El propio general reconoció en su tesis doctoral sobre la guerra de Vietnam que era una grave equivocación pensar que la guerra contra la insurgencia era sólo una misión para las fuerzas especiales, mientras el Army debía concentrarse en las grandes guerras (movilidad, poder de fuego y alta tecnología).

Quizá por eso los militares estadounidenses permanecen en silencio ante el fracaso iraquí porque aunque parezca increíble, el Ejército de Estados Unidos no tenía estrategia preparada para combatir a la insurgencia después de la invasión. George W. Bush tampoco. Los dos son propietarios de sus errores.

La Fundación Safe Democracy le invita a suscribirse gratis a los dos boletines electrónicos semanales (martes y jueves), con el análisis y los comentarios de nuestros expertos internacionales (pinche aquí).