George W. Bush y el desencuentro con América Latina

Por Luis Méndez Asensio (para Safe Democracy)

Luis Méndez Asensio dice que la muy estudiada selección de los cinco países latinoamericanos que visitará a principios de marzo el presidente George W. Bush en su gira continental, es una calcografía de las prioridades de Estados Unidos en la zona: frenar el populismo emergente, especialmente la influencia de Hugo Chávez. Los cinco países elegidos —México, Guatemala, Colombia, Brasil y Uruguay— tienen un denominador común que se llama pragmatismo, tanto en el manejo de sus asuntos domésticos como en sus relaciones con la potencia hegemónica. Sin embargo, Méndez Asensio cree que Washington deberá entender que la antipatía hacia su Estado no proviene únicamente de Venezuela, sino que es un sentimiento generalizado en la región.


Luis Méndez Asensio es periodista y escritor. Es profesor de postgrado en la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid y forma parte de la junta directiva del Instituto de Periodismo Preventivo y Análisis Internacional (IPPAI). Es comentarista de política internacional en Radio Exterior de España y otros medios escritos. Ha publicado “La guerra contra el tiempo”, “Panamá: memorias de un intruso” y “Contadora, la diplomacia imposible” (entre otros libros). Es corresponsal del Grupo mexicano Reforma en España. Reside en Madrid.

LOS CINCO PAÍSES ELEGIDOS (México, Guatemala, Colombia, Brasil y Uruguay) tienen un denominador común que se llama pragmatismo, tanto en el manejo de sus asuntos domésticos como en sus relaciones con la potencia hegemónica. El mayor grado de sintonía con Washington reside en Colombia, Guatemala y México, en los que gobierna la derecha, mientras Brasil y Uruguay (izquierda moderada) se mantienen a una respetuosa distancia del gigante del norte.

UN SENTIMIENTO GENERALIZADO
Los tres primeros comparten también con Estados Unidos la necesidad de contrarrestar el denominado populismo emergente y, muy en especial, la influencia del venezolano Hugo Chávez en la región, que se perfila como uno de los objetivos de la gira de George W. Bush. No así Brasil y Uruguay que observan con tolerancia el fenómeno bolivariano mientras critican, por su parcialidad y asimetría, el Tratado de Libre comercio para las Américas que se fomenta desde el norte. En cualquier caso, ambos países han renunciado a la beligerancia a la hora de airear sus diferencias con Estados Unidos, al que no excluyen del todo en su discurso latinoamericanista.

Y de ahí la visita de Bush. Sin embargo, puestos a sumar fuerzas en ese hemisferio, los estrategas de Washington tendrían que partir de la base de que la animadversión hacia Estados Unidos no sólo habita en la Venezuela de Chávez. Es un sentimiento muy generalizado en América Latina, que se ha venido alimentando desde el mismo día en que la potencia mundial hizo público su destino manifiesto para arrogarse el derecho de intervención, política, económica y guerrera, en todos los países sureños que pasaron por decreto a pertenecer a su zona de influencia aprovechando la debilidad de una Europa en repliegue.

LIBERTAD, PROSPERIDAD Y JUSTICIA SOCIAL
El comunicado de la Casa Blanca enfatiza que la gira del presidente tiene como propósito acordar una agenda genérica para hacer avanzar la libertad, la prosperidad y la justicia social en el continente, así como poner de relieve los beneficios de la democracia. Sin embargo, estas buenas letras no se corresponden con el espíritu que durante los últimos 200 años ha animado a Estados Unidos a promover en América Latina golpes de Estado, guerras sucias, contrarrevoluciones, bloqueos comerciales y actos de piratería económica.

Esta lista de agravios, en mayor o menor medida, está presente en la memoria colectiva de los latinoamericanos. Y se reaviva cada vez que Washington imparte doctrina en la región atendiendo exclusivamente a sus intereses geopolíticos; también cuando desprecia o reprime cualquier alternativa ideológica que contravenga su credo.

EN SERIO Y SIN PREJUICIOS
La soberanía es una reivindicación común a toda América Latina. Mientras Estados Unidos siga considerando como protectorados a los países del sur, no habrá gira presidencial que fructifique ni alianzas perdurables. Los regímenes de Venezuela, Bolivia y Ecuador son consecuencias de las crisis institucionales y del empobrecimiento social; no las causas. Y en esta gira de Bush se sigue echando en falta una mayor amplitud de miras a la hora de abordar la realidad latinoamericana.

Estados Unidos debería liberarse de los prejuicios, empezar a tomarse en serio las organizaciones supranacionales americanas y renunciar expresamente a interferir en la existencia de los demás. Sólo así sus presidentes podrán emprender giras verdaderamente provechosas y rebajar los niveles de suspicacia que despiertan en el vecindario latinoamericano.

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