Cuando el diálogo con Siria puede “salvar” a Ehud Olmert

Por Mario Sznajder (para Safe Democracy)

Mario Sznajder analiza las opciones del primer ministro israelí, Ehud Olmert, ante la sucesión de escándalos –relacionados con acusaciones de corrupción y abuso de poder– y la constante inestabilidad que se ha generado en el país tras la guerra de Líbano. Sznajder cree que hay importantes indicadores para pensar en un semillero de crisis que terminarían provocando la renuncia del actual primer ministro, pese a la cómoda base parlamentaria con la que cuenta. Existe, sin embargo, un paso para Ehud Olmert, que se ha abstenido firmemente de tomar hasta ahora, y que le permitiría sobrevivir a las crisis y a los escándalos: las posibles negociaciones con Siria.


Mario Sznajder es profesor titular de la cátedra Leon Blum en Ciencia Politica de la Universidad Hebrea de Jerusalén e investigador asociado del Instituto Truman para el avance de la paz. Ha publicado un centenar de artículos en publicaciones científicas sobre fascismo, derechos humanos, democracia y Oriente Medio.

LA SITUACIÓN POLÍTICA INTERNA DE ISRAEL se ha complicado de manera paradoxal. Por un lado, el gobierno del primer ministro Ehud Olmert goza de una cómoda mayoría parlamentaria, que le aseguraría, en tiempos normales, una larga supervivencia política. Por otro lado, la sucesión de escándalos que afectan a la mayoría parlamentaria, a algunos ministros y al propio Olmert, crean una sensación de inestabilidad continua y hacen pensar a muchos que sería difícil diagnosticar la supervivencia de este gobierno más allá de 2007.

No es que en la oposición, encabezada por el Partido Likud y su líder, Benjamín Netanyahu, o entre los socios de la coalición como el Partido Laborista liderado por Amir Peretz, el Partido Shas, liderado por Eli Yishai, o el Partido Israel Beiteinu (Israel, nuestro casa), bajo el mando de Avigdor Liberman, se perfile una personalidad política sobresaliente. No existe algún estadista capaz de proponer soluciones positivas y de largo alcance a las crisis y conflictos que confronta Israel.

DAN HALUTZ Y MOSHÉ KARADI
Tampoco hay una formación política sólida con claras bases ideológicas en contraposición al Partido Kadima de Ehud Olmert, un partido de centro sin clara ideología. La política israelí hoy se ve más como una rápida carrera hacia lo incógnito que cualquier otra cosa.

Dos tipos de peligros internos oscurecen el horizonte político de Ehud Olmert como primer ministro de Israel. El primero tomará forma concreta cuando la Comisión Winograd –que investiga los antecedentes y prácticas de la guerra en Líbano de 2006– publique su informe preliminar. Comisiones investigadoras anteriores, y sus informes, ya han provocado la renuncia del comandante del Estado Mayor, el general Dan Halutz y del comandante en jefe de la policía de Israel, el comisario general Moshé Karadi.

Las renuncias fueron llevadas a cabo en una situación en la que los renunciantes habían perdido toda credibilidad pública –y apoyo político– a raíz de los informes sobre su actuación profesional al enfrentar las crisis de gran envergadura, como lo fue la guerra en Líbano.

EL VEREDICTO
Los cambios y renuncias en el ámbito de las elites militares podrían reforzar a Olmert sólo en caso de que la comisión Winograd establezca que todo lo sucedido en el verano pasado –alrededor de las crisis de Gaza y Líbano– era de exclusiva responsabilidad militar. Sería muy extraño que esta comisión llegara a este tipo de conclusión, tratándose, en el caso de Israel, de un Estado democrático, donde todo lo militar está completamente supeditado al poder civil, democráticamente elegido y establecido, y a cuya cabeza se encuentra el primer ministro, Ehud Olmert.

Si la Comisión Winograd estableciera que los fracasos y las crisis vividas en torno a las acciones militares en Gaza y Líbano son de exclusiva responsabilidad militar, Ehud Olmert tendría que explicar entonces la falta de control civil, o admitir que esta democracia no funciona. En ambos casos, es muy probable que surja una fuerte ola de demandas de renuncia. Los reclamos provendrían desde el seno de la opinión pública, la población del Norte de Israel –atacada masivamente con misiles livianos, quedando indefensa frente a éstos–, la oposición política e incluso grupos de militares reservistas, muy afectados por los sucesos desarrollados en Líbano durante 2006.

ESCÁNDALOS SUCESIVOS
Ehud Olmert confronta al mismo tiempo, una serie de escándalos relacionados con acusaciones de corrupción y abuso de poder. El primero de ellos tiene que ver con la venta de las acciones de uno de los grandes bancos de Israel en el tiempo en que Ehud Olmert era ministro de Finanzas y responsable de esta operación. Otro de ellos se refiere a los nombramientos ilegales de allegados políticos cuando Olmert aún se contaba entre los líderes del Partido Likud. Por último destacan las compra-ventas inmobiliarias con descuentos que superan lo imaginable a su favor y las acusaciones de corrupción contra allegados muy cercanos al actual primer ministro.

Todo esto apuntaría a un semillero de crisis que terminarían, una u otra, o el conjunto de todas, o alguna combinación de estas, provocando la renuncia del actual primer ministro, pese a la cómoda base parlamentaria con la que cuenta. Y a pesar también de que en un Parlamento que también está afectado por escándalos y descrédito, no haya muchos parlamentarios proclives a someterse en tan corto plazo –las últimas elecciones parlamentarias en Israel se llevaron a cabo en marzo de 2006– al veredicto popular.

¿OLMERT, AHMADINEJAD Y AL-ASSAD?
¿Es esta una visión determinista sobre el futuro político de Ehud Olmert y el actual gobierno de Israel? De ninguna manera. En política siempre hay soluciones multi-opcionales, limitadas sólo por la realidad. En el caso de Ehud Olmert hay un paso –que hasta ahora se ha abstenido firmemente de tomar– que le permitiría sobrevivir a las crisis y escándalos antes mencionados. Tiene que ver con posibles negociaciones con Siria.

Olmert no sólo debería verse alentado a negociar con Damasco con base en las declaraciones –si bien ambiguas– del presidente Bashar al-Assad, sino también porque Siria se está rearmando con financiamiento proveniente de Irán y armamento ruso, moderno y efectivo.

Más aún, el diálogo político con Siria es una fuerte fuente de presión sobre Hezbolá, para que continúe y complete su conversión hacia una fuerza política parlamentaria legalista, abandonando tácticas terroristas y/o guerrilleras y dejando de ser una amenaza para la estabilidad de Líbano. Este diálogo –que hoy se antoja más factible debido al cambio de actitud de Estados Unidos hacia Siria e Irán– podría facilitar el consenso en la región y más allá de ésta. Es una ventana de oportunidad para la resolución del problema central en Oriente Medio, el conflicto palestino-israelí.

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