Las nuevas relaciones de Moscú con Washington, Bruselas, Pekín, Europa del Este y Oriente Medio

Por Carlos Taibo, relator

DESAFÍO REGIONAL PLANTEADO

CONCLUSIONES DE LOS EXPERTOS:

Rusia no es hoy una potencia de ínfulas hegemónicas, pero tampoco se trata, hablando en propiedad, de una potencia regional más. El peso de la inercia del pasado, la magnitud de su territorio fronterizo –con espacios tan dispares como la Unión Europea, Oriente Próximo, Asia central, China, Japón y el norte del continente americano– así como la inmensa riqueza en materias primas que el país atesora, desaconsejan concluir que Rusia pueda ser una mera potencia regional”.

Rapporteur (relator):
Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los mayores expertos en Rusia y Europa del Este.

Moderador:
Alberto Priego Moreno, experto en temas del Cáucaso y Asia Central e investigador en el Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid.

Expertos:
Ricardo Angoso, periodista especializado en cuestiones internacionales y coordinador general de la ONG Diálogo Europeo, con sede en Madrid.

David García Cantalapiedra, profesor de Relaciones Internacionales en el Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Es investigador senior sobre política exterior de Estados Unidos, relaciones transatlánticas y seguridad internacional en la Unidad de Investigación sobre Seguridad y Cooperación Internacional (UNISCI) de la UCM. Ha sido Premio Defensa 2001, Research Fellow en la Universidad de California y NATO fellow.

Mercedes Herrero de la Fuente, profesora asociada de Periodismo Internacional en la Universidad Antonio de Nebrija (España) y productora en los Informativos de TELEMADRID.

Rafael Moreno Izquierdo, profesor del Departamento de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid y del Departamento de Periodismo de la Universidad Complutense. Es experto en Operaciones de Paz, Gestión de Conflictos y Comunicación en situaciones de Crisis. Ha publicado “Militares españoles en el Mundo” y numerosos artículos en revistas como Política Exterior y Foreign Policy (edición española). Reside en Madrid.

(SIGUE…):


RUSIA ES, CON TODO, MÁS DÉBIL DE LO QUE PARECE. La apariencia de fortaleza que rodea al presidente Vladimir Putin no puede hacer olvidar que éste no ha conseguido enderezar un maltrecho Estado federal, no ha clausurado ese agujero negro llamado Chechenia, no ha puesto firmes a los grandes oligarcas, no ha resuelto de manera convincente los ingentes problemas sociales que atenazan al país y, en suma, no ha devuelto a éste un papel prominente en el escenario internacional. Nada invita a concluir que el panorama descrito va a cambiar de manera inmediata, y ello por mucho que la bonanza económica registrada desde 1999 tenga su relieve. Al respecto, la abusiva dependencia de la economía rusa en lo que se refiere a las materias primas energéticas puede ser un problema en el futuro.

En el grupo de trabajo se han hecho valer lecturas diferentes en lo que se refiere a la condición de la política exterior rusa de hoy en día. Si unas atribuyen a ésta una condición fundamentalmente de respuesta, otras aprecian elementos más activos del lado de Moscú. Si unas identifican por doquier intereses económicos muy prosaicos, otras observan designios de influir indeseablemente sobre Estados soberanos. Si unas consideran que Estados Unidos está ejerciendo sobre Rusia una presión intolerable, otras interpretan que la conducta del Kremlin no es la más adecuada.

En la tarea de trazar un balance que transcienda esas diferencias, los elementos principales de la evaluación correspondiente bien pueden ser la identificación de limitaciones objetivas del lado de Rusia, la certificación de que no faltan en modo alguno políticas agresivas del lado de las potencias occidentales –desearían cortocircuitar la reaparición de una gran potencia en el este del continente europeo– y, en suma, el despliegue, en Moscú, de un discurso impregnado de retórica. Este último invita a otorgar escasa credibilidad a las líneas rojas que Rusia desea establecer para las políticas occidentales, y en singular a las que en años venideros cobrarán cuerpo en regiones sensibles como el Cáucaso y Asia central.

Los problemas que marcan hoy la relación de Rusia con las potencias occidentales –y de forma precisa la percepción, muy común en Moscú, de que Estados Unidos nada ha ofrecido a cambio del general apoyo que el Kremlin ha dispensado a las políticas norteamericanas desde los atentados del 11 de septiembre de 2001– bien pueden provocar un acercamiento a China e India. Esa aproximación se ve trabada, sin embargo, y al menos en lo que a China se refiere, por viejos desencuentros, nuevas polémicas demográficas y generales déficits tecnológicos.

Las cosas como fueren, en lo que se refiere a las potencias occidentales Rusia aplica una suerte de pragmatismo interesado: mientras, por un lado, sus críticas a Occidente siguen siendo muy mesuradas, por el otro sigue otorgando una clara primacía a los intereses económicos y comerciales propios.

No se aprecia ninguna apuesta occidental creíble por la democracia y la resolución del problema de la pobreza en Rusia. Está claro, por invocar un ejemplo, que el deseo de mantener una relación fluida con una potencia importante que es, por añadidura, un abastecedor fundamental de materias primas energéticas, impera, en el caso de las potencias occidentales, por encima del designio de contestar las permanentes violaciones de los derechos humanos que se registran en Chechenia. En este terreno todo, o casi todo, queda por hacer.

Teatro Lara, Madrid, 10 de marzo de 2007