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China, de la Asamblea Popular al Congreso del Partido

La reforma política y sus desafíos [1]

Por Xulio Ríos (para Safe Democracy)

A continuación, el análisis de China tras la última sesión de la Asamblea Popular Nacional en la que se ha reflexionado sobre las principales preocupaciones del país: la política hacia Taiwán, la estabilidad social y política, el empleo, la desigualdad social, la energía y el medio ambiente.


[2] Xulio Ríos es experto en asuntos chinos. Dirige el Instituto Galego de Análise e Documentación Internacional, desde su fundación en 1991, y el Observatorio de la Política China (Casa Asia-IGADI).

LA ÚLTIMA SESIÓN DE LA ASAMBLEA POPULAR NACIONAL (APN) DE CHINA ha sido espejo de las grandes preocupaciones que determinan el pulso político del país.

Se trata de un año especialmente delicado, en el que los dirigentes chinos deben afrontar un nuevo Congreso del Partido Comunista, siguiendo muy de cerca la evolución de la situación en Taiwán donde se celebrarán elecciones legislativas en diciembre y presidenciales en marzo próximo.

En efecto, conforme a un guión minuciosamente trazado, en el pleno de la APN, se han abordado cuestiones clave que afectan a la estabilidad social y política de la larga transición china.

A la celebrada aprobación de la primera normativa sobre la propiedad privada en casi seis décadas, se han sumado las iniciativas relativas al empleo o a la reducción de la brecha en materia de ingresos que tanto ha acentuado la desigualdad social (con un coeficiente de Gini [3] de 0,49).

UNA CARRERA CONTRA RELOJ
La creciente preocupación manifestada por el ahorro energético y las consecuencias ambientales de un modelo de desarrollo que ha privilegiado el crecimiento a toda costa, se materializa en esfuerzos por asentar un concepto de armonía que integre todo tipo de variables.

El saldo político de la APN es moderadamente positivo ya que ha reforzado el impulso social pero en un contexto en el que se advierte la profundización de las tensiones a todos los niveles. La magnitud de los desafíos parece enorme y está en la raíz del cambio de rumbo que ha tomado la reforma. Las nuevas orientaciones adoptadas permiten ganar tiempo, pero las sombras son de tal calibre que podría hablarse, sin exagerar, de una auténtica carrera contra reloj ante el temor de convulsiones sociales de gran calado.

MODERACIÓN EN LA POLÍTICA HACIA TAIWÁN
La clave del giro político reside en el resultado del XVI Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), a celebrarse en otoño. Hu Jintao, que asumió el poder en el anterior congreso –noviembre de 2002–, ha logrado en este lustro, en condiciones internas adversas y con el condicionante de la inmensa presencia de los hombres de Jiang Zemin en todos los escalones del poder chino, salir airoso imprimiendo una nueva orientación a la reforma, enmendando la plana a su antecesor y también a su mentor, el mismísimo Deng Xiaoping.

Los afines a Jiang mantienen aún posiciones de cierta relevancia en el aparato, especialmente en el sector económico. Hu ha utilizado la lucha contra la corrupción para erosionar la base de poder de sus rivales y en los próximos meses cabe esperar nuevos golpes de fuerza en ese sentido.

Todo parece indicar que Hu tiene garantizado el apoyo del aparato militar y de seguridad, a quienes mimará (una muestra de ello puede ser el considerable aumento en el presupuesto de defensa en 2007 o la reanudación de los contactos militares con Estados Unidos), sin dejar del todo en sus manos la definición de la política hacia Taiwán, que más que nunca necesita grandes dosis de moderación a ambos lados del Estrecho.

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