Por qué los europeos deben decidir si quieren ir más allá, cómo y con quién

Por Miguel Ángel Benedicto (para Safe Democracy)

Miguel Ángel Benedicto reflexiona sobre la Unión Europea tras la celebración de su cincuenta aniversario y la Declaración de Berlín y dice que un acuerdo entre bambalinas de las tres grandes potencias europeas (Francia, Reino Unido y Alemania) parece imprescindible para salir de la crisis. Un año más de parálisis terminaría por atrofiar a una Europa cuyo nivel de apoyo ciudadano podría descender en picado sin un proyecto de futuro.


Miguel Ángel Benedicto es periodista y consultor especializado en asuntos europeos. Dirige Fácil Consultores y preside la asociación Ideas y Debate (España). Es coautor de los libros “Europa a Debate. Veinte años después (1986-2006)” y de “La Mayor Operación de Solidaridad de la Historia”. Es profesor en el departamento de Periodismo de la Universidad Europea de Madrid y ha impartido cursos de postgrado en las universidades Complutense y Rey Juan Carlos.

QUE EUROPA ESTÁ DESCAFEINADA ES ALGO QUE YA SABÍAMOS. Pero las pocas ganas de ponerle salsa a la vida de la UE se hicieron patentes durante la celebración del cincuenta aniversario del Tratado de Roma.

A la clase política europea no le causó sorpresa la sosería de la Declaración de Berlín. Sin embargo, a los ciudadanos de a pié, después de tanto bombo y boato con el aniversario, el documento nos resultó de lo más soporífero. No deja de ser uno más de los que paren las instituciones europeas: burocrático, con lenguaje administrativo, neutral hasta las cachas, sin alegría ni entusiasmo y con nada nuevo bajo el sol.

CONFERENCIA INTERGUBERNAMENTAL
¿Dónde está ese texto que iba a elaborar una pluma de prestigio, con compromisos concretos, inteligible y cercano a los ciudadanos? Una vez más, el voluntarismo europeo se vio sobrepasado por los intereses de cada uno de los gobiernos de los 27 Estados Miembros, a los que la canciller alemana, Angela Merkel, ha querido contentar.

La presidenta de la UE tuvo que luchar para conciliar dos frentes: los Amigos de la Constitución –los 18 países que ya la han ratificado, Irlanda y Portugal– y, por otro lado, Polonia y República Checa, partidarios de un nuevo tratado, y Holanda y Francia, países que la rechazaron en referéndum. Merkel lidió entre los que quieren mantener e incluso ampliar el texto y los que no lo quieren ni en pintura. El resultado: un compromiso para desbloquear la UE antes de las elecciones al Parlamento Europeo en 2009.

¿Cómo alcanzarlo? En principio, mediante la celebración de una Conferencia Intergubernamental durante la presidencia portuguesa, a finales de 2007, o durante la de Eslovenia, a principios de 2008. Mientras tanto, habrá que pasar el Rubicón de las elecciones francesas y ver si Tony Blair pasa el testigo a Gordon Brown en el 10 de Downing Street.

ACUERDO ENTRE FRANCIA, REINO UNIDO Y ALEMANIA
Un acuerdo entre bambalinas de las tres grandes potencias europeas (Francia, Reino Unido y Alemania) parece imprescindible para que la UE logre salir de la crisis. Un año más de parálisis terminaría por atrofiar a una Europa cuyo nivel de apoyo ciudadano podría descender en picado sin un proyecto de futuro.

De no ser así, será difícil maquillar los sueldos millonarios de los funcionarios europeos, en una Unión Europea en la que aumentan las desigualdades entre los más ricos y los más pobres a pasos agigantados. Una UE en la que, de fracasar la reforma institucional y el salto cualitativo hacia una integración política, se impondrá un avance a varias velocidades donde las disparidades sociales podrían abrir más el abismo e incluso acabar con el modelo social europeo.

Si además se sigue despreciando la voz de los ciudadanos, podremos ver más reacciones como el no francés. La solemnidad y ambigüedad de la Declaración de Berlín tienen que dar paso a un proyecto en el que reine la participación ciudadana, la democracia, la transparencia y la capacidad de acción, capitaneado por un liderazgo creíble e ilusionante. O es que quizá los veintisiete ya han alcanzado la meta con el mercado único y no desean más políticas supranacionales. Llegó la hora de que los europeos decidan si quieren ir más allá, cómo y con quién.

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