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Por qué crear un Tribunal Internacional para Líbano

La aplicación del Capítulo VII de la Carta de Naciones Unidas [1]

Por George Chaya (para Safe Democracy)

George Chaya dice que es fundamenal crear un Tribunal Internacional para Líbano pues, tras varios meses de diálogo, ha quedado demostrado que ni el gobierno ni la oposición disponen de una solución para los graves problemas del país. Chaya cree que la alianza de la oposición con Siria e Irán, las amenazas a la sociedad civil y la posibilidad de un golpe de Estado contra el gobierno legal, hacen imperiosa la intervención de Naciones Unidas.


[2] George Chaya es experto en terrorismo y conflictos religiosos en Oriente Medio. Es miembro fundador del Consejo Mundial de la Revolución de los Cedros y asesor del Comité Libanés Internacional. Dirige el Buró de Informaciones Libanesas para América Latina.

APOYAR UN MANDATO DE NACIONES UNIDAS sobre el Capítulo VII [3] de su Carta para conformar un Tribunal internacional para Líbano, es tan imperioso como necesario. Las razones son numerosas y diversas, pero sobre todo, el hecho central y evidente es que tras dos años del retiro militar de la ocupación siria de Líbano, la dirigencia política libanesa está siendo atacada y cercada –y con ella las Instituciones del Estado, la economía y la sociedad libanesa– por grupos anti-democráticos disfrazados de oposición y al servicio de Siria e Irán.

Han transcurrido meses de diálogos inconducentes entre el gobierno y la oposición. Meses y meses de tironeos por cargos ministeriales. Alborotos, movilizaciones, sentadas en el centro comercial de Beirut y también personas asesinadas en las calles. El riesgo de un escenario donde se imponga la anarquía parece profundizarse rápidamente.

Hassan Nasralá declaró que daba por terminado cualquier diálogo que en realidad nunca existió en términos de honestidad y verdad, mientras que el líder de Hezbolá hizo un llamado a adelantar las elecciones y convocó a un referéndum público acompañado de nuevas amenazas de guerra contra Israel. Al mismo tiempo, los capitales financieros están emigrando del país tan rápido como la juventud y los intelectuales.

PRESERVAR LA SOBERANÍA LIBANESA
La alianza de la oposición con el eje sirio-iraní, sus amenazas a la sociedad civil, y el golpe de Estado latente contra el gobierno legal, hacen imperiosa la aplicación del Capitulo VII de la Carta del Consejo de Seguridad de la ONU. Esto no sólo ayudaría a preservar la soberanía libanesa y el gobierno democrático, sino también protegería a la sociedad de la violencia.

Luego de cuatro meses, ha quedado palmariamente comprobado que ni la oposición, ni el gobierno disponen de una solución para los crónicos problemas de Líbano. Por un lado, la oposición trabaja en favor de Siria e Irán para imponer y someter sus políticas y está dispuesta a llevar esta tarea adelante haciendo uso de su milicia armada –considerada una organización terrorista por la mayor parte del mundo libre–, que dispone de un mayor potencial que el ejército libanés.

Los grupos de oposición, rechazan la soberanía del Estado y se componen de organizaciones y partidos políticos cuyo único objetivo es evitar que el Tribunal Internacional investigue y someta a la justicia a los asesinos del ex primer ministro Rafik Al Hariri. De esta forma se protege a Siria, cuyo régimen se encuentra bajo sospecha de haber participado en el magnicidio. Esta es la razón por la cual Nabih Berri, presidente del Parlamento, se ha negado en claro boicot a llamar a sesionar al parlamento como exige la Constitución Nacional para que sea votada la aceptación del Tribunal Internacional.

INTERVENCIÓN INTERNACIONAL
Si la oposición vence, se empujará a Líbano al borde del desastre, puesto que Hezbolá tendrá una mayor injerencia en los asuntos del país y avanzará hacia la instauración de una República Islámica, integrando la sharia a la Constitución libanesa. Dispondrá también de la decisión exclusiva en el corto y mediano plazo de iniciar una nueva guerra contra Israel, puesto que Nasralá y Hezbolá han manifestado su deseo de liberar Jerusalén tanto más que los palestinos. Esta es la razón por la cual Hezbolá rechaza y considera un mandato sobre el Capítulo VII como un acto de guerra, dado que ello configuraría el final de su chantaje.

Por otra parte, el Gobierno de Siniora ve cómo su poder se descompone vertiginosamente, mientras se aferra a una mayoría parlamentaria cada vez más débil y se somete a la financiación política y económica de Arabia Saudí; apoyo que en los años setenta llevó al país al desastre. A esta altura, una victoria del gobierno sobre la oposición tampoco resolvería las cosas, aseguraría el regreso de los enfrentamientos violentos de aquellos años y la perpetuación de los problemas estructurales que corrompieron la vida política en Líbano.

Debido a lo complicado de esta situación, solamente una intervención internacional ahorrará al país mayores males y podrá remediar su enfermedad interna. El foco de la aplicación del Capitulo VII debe ser la protección de la sociedad civil libanesa de la violencia sectaria que pretende desencadenar la oposición y, en segundo lugar, la preservación del gobierno de Siniora. La discusión política sobre quién es mayoría y cuántas bancas debe ocupar tal o cual sector confesional en el gobierno no sirve para resolver los problemas reales del país.

LA DEMOCRACIA VERDADERA
Occidente y la comunidad internacional deben apoyar la intervención de Naciones Unidas bajo el Capítulo VII en Líbano. Es imperioso el despliegue de tropas adicionales para patrullar y estabilizar la frontera líbano-israelí impidiendo a Hezbolá fabricar un nuevo incidente que desencadene en otra guerra con Israel. Asimismo las tropas de la ONU deben patrullar las fronteras con Siria e impedir que los terroristas continúen reabasteciéndose de armas chinas, rusas e iraníes provenientes del régimen de los mulás. La inmediata conformación y puesta en ejecución del Tribunal Internacional para procesar y someter a la justicia a los asesinos –y también a la dirigencia política colaboracionista–, a los secuestradores, torturadores y criminales de guerra es de extrema necesidad.

No podrá estabilizarse Líbano mientras Hezbolá esté operativo. Por tanto, es necesaria la ayuda externa hacia la sociedad libanesa para que ella pueda elegir libremente durante las próximas elecciones, y que aquellos que resulten electos trabajen sin la presión y el temor de ser asesinados. Se debe insertar al país en el mundo moderno, asegurando la paz con los vecinos democráticos, preservando la libertad de los ciudadanos y promoviendo el empleo y la economía dentro del marco de la democracia verdadera.

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