El futuro de Francia pasa por el centro

Por Miguel Ángel Benedicto (para Safe Democracy)

Miguel Ángel Benedicto analiza la carrera presidencial francesa de cara a la segunda vuelta de las elecciones en la que se enfrentarán el candidato conservador, Nicolas Sarkozy, y la candidata de la izquierda Ségolène Royal y dice que el resultado está en manos del 18 por ciento que votó al centrista Francois Bayrou. Benedicto cree que el ganador deberá mitigar la recesión económica y realizar las reformas necesarias para que Francia salga del impasse en el que se encuentra desde 1997.


Miguel Ángel Benedicto es periodista y consultor especializado en asuntos europeos. Dirige Fácil Consultores y preside la asociación Ideas y Debate (España). Es coautor de los libros “Europa a Debate. Veinte años después (1986-2006)” y de “La Mayor Operación de Solidaridad de la Historia”. Es profesor en el departamento de Periodismo de la Universidad Europea de Madrid y ha impartido cursos de postgrado en las universidades Complutense y Rey Juan Carlos.

LA PRIMERA VUELTA DE LAS ELECCIONES FRANCESAS ratifica que Francia está buscando un cambio generacional.

El 85 por ciento de los franceses ha votado por dos nuevas caras: Nicolas Sarkozy, que ha recibido el apoyo del 31,2 por ciento de los electores y Ségolène Royal, con el 25,7 por ciento de los sufragios. Son los dos primeros candidatos a presidente de la República que no han nacido antes de la II Guerra Mundial. Sin embargo, ambos van a necesitar el 18 por ciento de los votantes del centrista, Francois Bayrou, para poder erigirse como triunfadores en la segunda vuelta.

Tanto Sarkozy como Royal tienen un reto complicado: sacar a Francia de la crisis en la que está sumida desde las presidenciales de 2002 en las que Jacques Chirac venció al ultraderechista Jean Marie Lepen en una inesperada segunda vuelta.

SUPERAR LA RECESIÓN ECONÓMICA
Cualquiera de los dos candidatos tendrá que superar la recesión económica en la que Francia está sumida desde 1997 por no atreverse a hacer frente a la globalización con reformas como las que al final tuvo que emprender el ex canciller Schroeder en Alemania, y que fueron continuadas por Angela Merkel. Así, mientras la Unión Europea crece, Francia se sitúa en la cola de Europa, tras Portugal, con un crecimiento que no supera el 2 por ciento. El nivel de desempleo fue de 9,4 por ciento en 2006 y alcanzó el 22 por ciento entre los jóvenes.

El modelo social francés, con cinco millones de funcionarios, está haciendo aguas y nadie se ha atrevido a ponerle un dique. Por el contrario, se han buscado cabezas de turco como la política económica del Banco Central Europeo o el excesivo liberalismo de la Unión Europea que dio lugar al rechazo en referéndum de la Constitución común en mayo de 2005.

Chirac fue incapaz de ponerle el cascabel al gato francés y sufrió las revueltas de los banlieus en noviembre de 2005 –a las que tuvo que hacer frente Sarkozy– y las manifestaciones por los contratos para los jóvenes que hirieron de muerte a Villepin.

LOS VOTOS DE BAYROU
Tanto Sarkozy como Ségolène deben ser capaces de realizar las reformas que permitan salir a Francia del impasse y, por ende, a la Unión Europea. El líder de la UMP (Unión por un Movimiento Popular) apuesta por un minitratado, mientras que la izquierdista desea añadir una visión más social a la Carta Magna y someterla nuevamente a un referéndum.

En la segunda vuelta, Royal, pese a sus encontronazos con los elefantes de su partido, contará con los votos de la extrema izquierda y Sarkozy con los del Frente Nacional de Le Pen. Los sondeos dan 3 ó 4 puntos más al líder conservador. Sin embargo, los discursos de ambos tendrán que moderarse y dirigirse al caladero de Bayrou.

Y es que la clave de la VI República pasa por el centro.

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