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El complejo proceso de paz entre India y Pakistán

Los progresos políticos actuales en el sur de Asia

[1]

Por Sohail Mahmood (para Safe Democracy)

Sohail Mahmood cree que tanto India como Pakistán necesitan desesperadamente que la paz se instale en el sur de Asia: cada país tiene ambiciosos planes económicos que se han ganado la admiración exterior. Pero para que resulten efectivas las negociaciones, Delhi e Islamabad deben dejar a un lado su enemistad histórica, y construir un clima de confianza. Aquí se explica cómo.


[2] Sohail Mahmood es Decano Asociado del Departamento de Relaciones Internacionales de la Preston University en Islamabad y Doctor en Ciencia Política por la Northern Arizona University, en Estados Unidos. Es uno de los mayores expertos en Musharraf y Pakistán en el mundo y ha publicado docenas de libros y artículos sobre el tema.

EL ACTUAL PROCESO DE PAZ ENTRE INDIA Y PAKISTÁN fue iniciado por el gobierno del Partido Bharatiya Janata (BJP, por sus siglas en inglés), cuando el primer ministro indio Atal Bihari Vajpayee visitó Lahore en 1998. En aquel entonces, el primer ministro pakistaní, Nawaz Sharif, recibió amablemente a Vajpayee, y el encuentro fructificó en la Declaración de Lahore.

Sin embargo, inmediatamente después del 11-S, las relaciones se deterioraron. La cumbre de 2001 entre Vajpayee y Pervez Musharraf resultó, en el mejor de los casos, poco decisiva, y el ataque islamista a la Asamblea Legislativa de Cachemira y al Parlamento indio sólo consiguió aumentar las tensiones.

India y Pakistán desplegaron de nuevo sus tropas a lo largo de la frontera, movilizando en total a un millón de soldados. Al borde de la guerra, Estados Unidos intervino y mitigó la crisis. Sin embargo, Cachemira siguió siendo una cuestión de gran enfrentamiento. En 2004, una cumbre de la Asociación Sudasiática para la Cooperación Regional (SAARC, en sus siglas en inglés) controlaba la capital de Pakistán, Islamabad, y los intentos de diálogo fueron renovados.

AVANCE EN LAS NEGOCIACIONES
Desde entonces, las negociaciones han mejorado gradualmente. Se ha dado un impulso a las conversaciones sobre la liberalización del visado, la entrada consular, la posibilidad del peregrinaje, y la creación de un programa de intercambio cultural, así como al diálogo en torno a intereses comunes como agricultura, salud, educación, medio ambiente, ciencia y tecnología. En 2005, el ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán, Khurshid Kasuri, y su homólogo indio, Natwar Singh, pactaron continuar el proceso de paz a toda costa.

Ahora, en la primavera de 2007, a pesar del contratiempo causado por el atentado en Mumbai el 11 de julio de 2006, el proceso de diálogo se ha ampliado para incluir ocho áreas de intercambio cultural, político y social. Recientemente, los gobiernos indio y pakistaní firmaron además varios acuerdos: el Acuerdo de Advertencia de Prueba de Misiles (Missile Test Warning Accord), el Acuerdo de Línea Directa (Coast Guard Hotline Accord) y el Proyecto Irán-Pakistán-India ( IPI Project).

CACHEMIRA
En el momento de la división en 1947, la provincia de Cachemira se regía por el reglamento hindú aunque la población era mayoritariamente musulmana. India y Pakistán se enzarzaron en una guerra por el territorio durante 1947 y 1948, que finalizó con el cese al fuego impuesto por Naciones Unidas, el cual dividió al país en dos. En el Acuerdo de Simla de 1972, India y Pakistán decidieron resolver el asunto mediante negociaciones bilaterales en lugar de recurrir a foros internacionales. Desde entonces, Cachemira sigue siendo un serio problema para ambos países: un tercio de Cachemira está bajo control pakistaní, y el resto permanece bajo jurisdicción india.

El pasado 2 de abril, el canciller pakistaní Kasuri se reunió con el ministro indio de Asuntos Exteriores, Pranab Mukherjee, para discutir el asunto de Cachemira. Ambos acordaron enfocar el asunto de forma sincera, bien intencionada y con perspectiva futura, para alcanzar el acuerdo de paz. El presidente pakistaní, Pervez Musharraf, aseveró que la infiltración de Pakistán en Cachemira había terminado, y destacó la necesidad india de progresar respecto a su historial de derechos humanos, como medida de construcción de confianza (CBM, confidence building measure).

[3] POSIBLES SOLUCIONES
A lo largo del tiempo, se han discutido muchas y diferentes soluciones. Una de ellas sugería la transferencia, al control pakistaní, de los distritos musulmanes de Cachemira que actualmente se hallan bajo jurisdicción india. Otra, la solución Chenab, propone la inclusión en Pakistán de toda el área oeste del río Chenab (el valle Srinagar), mientras que la región hindú de Jammu y la budista Ladakh integrarían el territorio indio. Ampliamente respaldado por Pakistán, resulta improbable que India apoye este acuerdo. La solución Chenab no ofrece a India ningún espacio nuevo, sino que requiere ceder territorios que ya controla.

Es importante también en este debate la percepción que la población de Cachemira tiene de sí misma. Mirwaiz Umar Farooq, presidente de la All Parties Hurriyat Conference (APHC, coalición que agrupa a los partidos separatistas más moderados de la provincia), aseveró que lo que más deseaban los cachemires era la desmilitarización de la región, controlada por tropas indias. Y son muchos, incluso dentro del propio gobierno indio, los que comparten el deseo. Mufti Mohammad Saeed, líder del Partido de Gente Democrática (PDP, en sus siglas inglesas), ha advertido que su grupo político abandonará el gobierno si India no reduce el número de tropas desplegadas en Cachemira.

Sin un acuerdo en Cachemira, no podrá haber paz entre India y Pakistán. Éste, sin embargo, no es el único tema conflictivo que complica el proceso de paz.

LA DISPUTA DE SIACHEN
A 6.300 metros, las tropas indias continúan defendiendo los 78 kilómetros del glaciar de Siachen, con un coste estimado de hasta un millón de dólares por día. El glaciar de Siachen, en la región septentrional de Cachemira, es un yermo gélido, y quedó fuera del acuerdo de paz posterior a la guerra de 1971 por considerarse inhabitable. Desde 1984, cuando el Ejército indio habitó la zona para apropiarse de la toma del poder de Pakistán, ambos países han sostenido once rondas de conversación en un intento de resolver el conflicto. No ha habido contienda alguna en Siachen desde el armisticio de noviembre de 2003. Pero, si bien los dos países han acordado retirar sus tropas del glaciar, ninguno ha dado muestras de querer dar el primer paso.

En la undécima ronda de conversación, mantenida el 8 de abril, el ministro de Defensa pakistaní, Kamran Rasool, abandonó, al parecer, la reunión en torno a la desmilitarización de Siachen. Pakistán mantiene su opinión acerca de que India debería retornar sus tropas a la posición de 1984. Sin embargo, la delegación india ha rechazado hacer el primer gesto, y ha exigido, en cambio, que Pakistán firme una hoja de ruta por la paz, y que certifique la localización de sus tropas. Como resumió de forma exitosa el diario pakistaní en lengua inglesa, The Dawn [4], el escollo es la desconfianza histórica entre los dos países.

[5] ALIANZA ESTADOS UNIDOS-INDIA
En 2004, Estados Unidos e India acordaron ampliar la cooperación en tres áreas concretas: comercio de alta tecnología, programas de ámbito civil y actividades nucleares. Esta nueva alianza ha creado otro impedimento para el proceso de paz en el sur de Asia. Antes de que la tecnología nuclear pudiese ser compartida con India, el Congreso tuvo que aprobar el acuerdo, el cual constituía una violación la ley estadounidense que prohíbe la cooperación nuclear con los países que no han firmado el Tratado de No Proliferación.

India no pertenece al TNP, pero ha acordado someter catorce de los veintidós reactores planeados a las inspecciones de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Los ocho reactores motorizados exentos de inspecciones pueden proporcionar 130 kilogramos de plutonio, 239 cada año, equipando a India con la capacidad de producir entre veinticinco y cuarenta armas nucleares anualmente.

Se estima que el almacenaje actual de India alberga en torno a cien bombas nucleares. No existe previsión alguna en el acuerdo para poner fin a las armas. India convino que entre el ochenta y el noventa por ciento de su sistema nuclear sería puesto bajo control internacional, de forma periódica, una vez el que el acuerdo fuese puesto en práctica.

CARRERA ARMAMENTÍSTICA EN EL SUR DE ASIA
¿Qué implica este acuerdo para Pakistán? Aunque el pacto entre Estados Unidos e India afecta al uso de la energía nuclear para fines pacíficos, la asistencia estadounidense contribuye, sin ninguna duda, al desarrollo militar indio. Y si India avanza en la producción de este material nuclear, Pakistán, sin ninguna duda, la seguirá, como también lo hará China. El acuerdo, pues, desafía al TNP y puede conducir a la proliferación nuclear a lo largo del sur de Asia.

Estados Unidos ya ha contribuido en gran medida al desarrollo militar indio. Le ha vendido aviones marítimos (P3C), así como UAV, para incrementar la vigilancia y la capacidad ofensiva de India. Además, Washington ha ofrecido a Nueva Delhi la venta de aviones F-16 y F-18, con derechos de fabricación a largo plazo. Como India continúe con su rápida acumulación de recursos militares, auspiciada por Estados Unidos, el peligro de desestabilización en toda la región crecerá drásticamente.

EL PROYECTO IPI
La intervención estadounidense ha complicado aún más la propuesta del Proyecto IPI entre Irán, Pakistán e India. Para ganarse el favor de los estadounidenses, India ha apoyado en Naciones Unidas la sanción a Irán por su programa de enriquecimiento nuclear, reafirmando a la vez su compromiso con el Proyecto IPI. Mientras, Estados Unidos se ha opuesto férreamente a esta propuesta, pese a la enorme trascendencia que supone, como medida de construcción de confianza (CBMs), para la construcción de la paz entre India y Pakistán.

Con la catástrofe de Irak y Afganistán, y la hipocresía de sancionar a Irán mientras ignora a Israel, Estados Unidos ha logrado que la opinión pública musulmana de todo el mundo se ponga en su contra. Para beneficiar su legitimidad como potencia mundial, y reducir la presión sobre India y Pakistán, Estados Unidos debería normalizar sus relaciones con Irán y apoyar el Proyecto IPI.

[6] DIÁLOGO A TODA COSTA
Tanto India como Pakistán necesitan desesperadamente que la paz se instale en la región. Cada uno posee ambiciosos planes económicos que se han ganado la admiración exterior. El desarrollo de la economía india ha sido espectacular, con una tasa de crecimiento que en los últimos tres años supera el ocho por ciento, logrando una masiva reducción de la pobreza. Asimismo, Pakistán ha alcanzado una tasa de crecimiento del siete por ciento, que demuestra un tremendo crecimiento económico. Sin embargo, el conflicto sigue limitando el progreso de ambos países.

Aunque el terrorismo ha producido muchos contratiempos en el proceso de negociación, es fundamental que continúe el diálogo. Pakistán se ha percatado de la urgente necesidad de negociar, y le ha dado carta blanca a India. El gobierno pakistaní ya no exige el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como requisito para negociar; India, mientras tanto, debe cumplir con su parte de la negociación, y proporcionar medidas de construcción de confianza (CBMs) con el fin de progresar en el proceso de paz.

No es fácil revertir una larga historia de enemistad. Pero una vez se alcance una resolución, la valiosa energía y los recursos podrán desviarse para resolver los problemas económicos y sociales de millones de personas que viven en la pobreza extrema y en el desamparo tanto en India como en Pakistán.

India debe abandonar su trayectoria de autoengrandecimiento y negociar seriamente con Pakistán para resolver el conflicto de Cachemira. El sur de Asia tiene un enorme potencial. Pero sólo mediante la paz éste podrá materializarse.

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