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El Foro de Davos en Santiago de Chile

Lula, la estrella de la energía y la integración
[1]

Por Ricardo Israel Z. (para Safe Democracy)

Ricardo Israel Z. expone siete temas para destacar de los contenidos debatidos en la reunión regional del Foro Económico de Davos [2], realizada en Santiago de Chile, fundamentalmente: la energía, China, el crecimiento económico mundial, los biocombustibles y las finanzas públicas. El autor cree que los encuentros regionales de Davos son útiles, aunque las reuniones del Foro –símbolo de la globalización– están perdiendo el carácter estelar.


[3] Ricardo Israel Z. es Catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Chile. Tiene un Ph.D. y un Master en Ciencia Política por la Universidad de Essex y dirige el Centro Internacional para la Calidad de la Democracia y la Escuela de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Autónoma de Chile. Preside el Comité de Fuerzas Armadas y Sociedad de la Asociación Mundial de Ciencia Política. Ha publicado decenas de libros y ensayos traducidos a varios idiomas y es conductor y comentarista de programas políticos e internacionales en Radio y TV de Chile.

HASTA QUE SE INSTALÓ el Foro Económico Mundial [4] (WEF por sus siglas en inglés) en Davos, esa localidad suiza era conocida a nivel internacional por el Sanatorio de la Montaña Mágica de la reconocida novela de Thomas Mann.

Sin embargo, a partir de la década de los noventa se transformó en el sinónimo de la globalización y de lo que ella representaba, convirtiéndose en el lugar de encuentro de la elite política y empresarial mundial.

La idea original era reunir en un ambiente informal durante a dirigentes de países relevantes y en desarrollo algunos días, así como los magnates y ejecutivos de las transnacionales más importantes del orbe. Como no se trataba de reuniones oficiales, lo relevante se daba en las conversaciones de pasillo, y efectivamente surgieron grandes negocios y reuniones de Estado de esos diálogos.

Mas que acuerdos, lo importante eran las tendencias, y de allí el interés que despertaban esas reuniones en los medios de comunicación y en intelectuales a través de la tierra, incluso aquellos que difunden teorías conspirativas de la historia.

CON MENOS GLAMOUR
Sin embargo, en los últimos años Davos ha perdido algo de su glamour, ya que conjuntamente con los cuestionamientos a la globalización han dejado de asistir algunos de sus visitantes habituales. En todo caso, sigue siendo la reunión más importante de la globalización.

Como la marca ya existía, el paso siguiente ha sido el desarrollo de reuniones regionales, siendo especialmente recordada la que tuvo lugar en Shanghai. Estos encuentros incluyen por cierto a América Latina.

El 25 y 26 de abril, por primera vez, la reunión regional del Foro Económico Mundial llegó a Santiago, Chile [2].

Indudablemente que no llegaron los dueños de las transnacionales, pero si sus vicepresidentes para la región. No llegaron mandatarios de países desarrollados, pero si Lula.

MOSTRARSE Y SER VISTO
Y el país anfitrión quiere obtener beneficios para mostrarse y ser visto, lo que fue aprovechado por el gobierno de Michelle Bachelet para consumo interno y externo, mostrando una visión optimista después de variados problemas internos, que incluyen reportajes críticos de medios tan influyentes como The New York Times, The Economist o Forbes. Fue visto como una oportunidad para señalarle a personeros influyentes que el país sigue siendo un estable y atractivo para invertir.

Pero, ¿de qué se habló en este Foro regional? Además de los temas permanentes de la globalización, se repitieron otros ya tratados en la última reunión de Davos en Suiza (en enero) tales como la revolución tecnológica, los modelos de crecimiento y el calentamiento global. En Santiago, el acento fue puesto en China, la energía, las relaciones al interior de la región y el calentamiento global.

Estos temas surgieron como los que mayor interés despertaron, tantos en el programa previo de los organizadores como en las intervenciones de los asistentes, en un contexto donde hay plenarias y paneles, y donde lo más relevante es la relación público-privado que se sigue estableciendo como carácter distintivo de estos encuentros desde sus orígenes suizos, así como el intercambio de experiencias.

En el contexto santiaguino, un ejemplo sería la reunión de 60 empresarios seleccionados con Bachelet y Lula, donde no solo reclamaron por problemas de sus inversiones, sino que también uno de ellos le preguntó a Lula por los alcances exactos del acuerdo del etanol cerrado con Estados Unidos.

Por cierto que esta reunión tiene más importancia que los discursos públicos y para muchos de los asistentes, este acceso privilegiado justifica con creces el viaje y su presencia.

Para Chile este evento internacional ha sido el más importante que ha tenido lugar en lo que va corrido del año, y el sentido de estos encuentros se marcó a partir de la inauguración con las exposiciones de Andrónico Luksic [5], uno de los empresarios mas poderosos del país y de la región, y de Zhang Shoulian [2], presidente de Minmetals [6], transnacional china de la minería, pero de propiedad pública, como mensaje que fortalece el carácter público-privado del Foro.

¿QUÉ SE PUEDE DESTACAR DE ESTE ENCUENTRO?
En primero lugar, la preocupación generalizada frente al tema de la energía.

En segundo lugar, mas allá de los lugares comunes acerca de China, una visión crítica acerca de la excesiva preponderancia del sector exportador y un problema serio con la política ambiental, el que no se ha reducido sino que se ha incrementado con el tiempo.

En tercer lugar, en cuanto a las fortalezas y las debilidades de la economía mundial, predominó la visión de que la desaceleración de China, India y Estados Unidos será gradual. Sin embargo, como el consumo sigue aumentando, los recursos energéticos continúan siendo un riesgo.

En cuarto lugar, en lo relacionado con la energía en la última década, solo China ha aportado alrededor del 30 por ciento del crecimiento de la demanda de petróleo e India un 7 por ciento, además del incremento conocido en Estados Unidos. Por ello, el uso de la energía nuclear y biocombustibles, como el etanol son alternativas que deberían ser exploradas.

En cuanto a lo financiero, se anticipan dificultades para las economías emergentes, por lo que se recomendó fortalecer las finanzas públicas para prevenir riesgos.

En quinto lugar, en cuanto al calentamiento global, más allá de las expresiones de corrección política sobre el tema, no pareció haber mayor avance, pareciendo predominar la idea que no existe suficiente evidencia para tomar decisiones fuertes y de fondo.

En sexto lugar, la estabilidad política, la inclusión social y compartir los frutos económicos se ven como grandes retos para la globalización, ya que es difícil tener sociedades democráticas consolidadas, si existente grandes masas que no creen que la economía global les haya proporcionado algún tipo de beneficios.

En séptimo lugar, en cuanto a América Latina, según los participantes, los desafíos parecen seguir siendo los mismos: consolidación del Estado de Derecho, protección de la propiedad privada y seguridad para la inversión.

ELUDIENDO EL ENFRENTAMIENTO
La estrella mediática del Foro fue Lula quien llegó con propuestas sobre energía e integración, presentó a los biocombustibles como la solución que necesita el planeta, y eludió todo enfrentamiento con Chávez, agregando que en América Latina no se necesita un líder, sino una relación muy fuerte entre Estados.

Por último, como es cada vez más habitual en reuniones internacionales, los representantes chinos son percibidos como lo eran antes los estadounidenses, es decir, aquellos que traen negocios.

En resumen, una reunión más de la globalización, incluso con un decreciente interés de los medios de comunicación.

Pareciera que lo que Davos ofreció en sus inicios se encuentra ahora también en otros lugares, y al menos estas reuniones regionales del Foro Económico Mundial, siguen siendo útiles, pero parecen estar perdiendo el carácter estelar que alguna vez las caracterizó, y de no ser repensadas, corren el riesgo de convertirse en reuniones no mas relevantes que las que organizan anualmente el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

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