Ciro Di Costanzo comenta algunas de las causas que explicarían por qué América Latina no logra avanzar hacia la ansiada integración regional. Para Di Costanzo, las fracturas ideológicas, así como las rivalidades y los conflictos históricos, hacen que la una unión política y económica sea una aspiración más que una realidad.

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JAVIER SOLANA, el Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC) de la Unión Europea, recomendó hace pocas semanas a América Latina buscar una integración similar a la europea.

Solana afirmó que para lograr tal objetivo se necesitan, al menos, tres condiciones: la creación de una Comisión o Ejecutivo que procese las iniciativas comunitarias, el establecimiento de fondos de cohesión que tiendan a armonizar las regiones y, finalmente, una integración económica y política.

Aseguró el llamado ministro de Exteriores europeo que en América Latina existen condiciones muy favorables.

No cabe duda que la idea es buena, y que permitiría al conjunto de países latinoamericanos tener un peso específico mayor en el escenario mundial, aprovechando la equivalencia de idioma e idiosincrasia (hecho que no aconteció en Europa).

No obstante, las condiciones favorables para una integración parecen, en este momento, más una aspiración que una realidad.

FRACTURAS IDEOLÓGICAS

Las divisiones entre los países de América Latina son diversas y variopintas. De entrada, existe una fractura ideológica entre el llamado eje Caracas-la Paz-La Habana (Hugo Chávez, Evo Morales y el comandante Castro), que se sitúa en el extremo izquierdo del espectro político, frente a los impulsores del libre comercio y la apertura que identifican una ideología más conservadora (Felipe Calderón, Álvaro Uribe). Allí, las diferencias son de fondo y estructura.

De hecho, la reciente Cumbre de Campeche y el relanzamiento del Plan Puebla – Panamá + Colombia ha tenido por objetivo presentar una alianza que equilibre el ímpetu chavista, particularmente en Centroamérica, en donde el mandatario venezolano ya ofreció a Nicaragua la construcción de una refinería petrolera de más de dos mil millones de dólares (que pagaría el pueblo de Venezuela).

Es innegable que el activismo en la región del presidente venezolano Hugo Chávez, quien nada entre petrodólares, ha causado varias fricciones entre sus colegas latinoamericanos por injerencias inaceptables en sus políticas internas, que a veces han incluido el insulto.

UNA HISTORIA DE RIVALIDADES

Por otra parte, existe un pulso soterrado entre las dos economías más grandes de América Latina, México y Brasil, por el liderazgo de la región en los grandes foros internacionales. Tal rivalidad es ya de larga data como lo es también la existente entre Chile y Argentina, hasta el punto de que en la guerra de las Malvinas en 1982 con el Reino Unido, Chile ofreció su apoyo a Inglaterra y no a su vecino argentino, como podría esperarse.

Asimismo, entre Bolivia y Chile existe actualmente una disputa territorial por la salida al mar del primero, mientras que Ecuador y Perú también han sostenido una confronta territorial y se guardan entre sí un discreto recelo.

Incluso ha habido discrepancias entre aliados ideológicos, como el presidente brasileño Lula Da Silva y su homólogo venezolano, respecto al biocombustible. Mientras Lula ha impulsado la incorporación de este recurso en los mercados internacionales (principalmente en Estados Unidos), Hugo Chávez lo ha considerado inmoral y se ha pronunciado en contra.

Así las cosas, tal y como afirmaba Javier Solana, ¿realmente existen condiciones muy favorables para la integración? Y lo anterior es tan sólo un botón de muestra…