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Turquía en el atolladero político

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Jorge Zeballos S. analiza cada uno de los actores que intervienen en la actual crisis en Turquía, no sólo provocada por enfrentamientos entre el islamismo moderado y el secularismo nacionalista en el interior del país, sino también por el conflicto con el Kurdistán iraquí.

EL PRIMER MINISTRO TURCO RECEP TAYYIP ERDOGAN ha declinado ser candidato a la presidencia. Su decisión causó cierto revuelo en la clase política turca empero no ha sido valorada en justicia. En efecto, la demanda por que se abstuviese a ser candidato fue el lei motiv de una seguidilla de exitosas e inéditas movilizaciones de los partidarios del secularismo.

Pero tras el aviso que Erdogan y su Partido Justicia y Desarrollo [2] (Adalet ve Kalkinma Partisi, AKP), apoyarían para el cargo presidencial al ministro de Asuntos Exteriores, Abdullah Gul, las calles de Estambul fueron escenario de otra manifestación de rechazo al nuevo postulante, aún más numerosa que las anteriores. Un millón de personas con banderas nacionales y fotografías de Kemal Ataturk [3] , primer presidente de la Turquía moderna, feroz secularista y fundador de la república en 1923, cantaron lemas tales como Turquía es secular y secular permanecerá, Mañana será demasiado tarde y El camino a Cankaya (palacio presidencial) está cerrado a la Shari’a.

DESAFÍO A LA HERENCIA DE ATATURK
La Constitución turca indica que el Legislativo, la Gran Asamblea Nacional (Turkiye Buyuk Millet Meclisi) elige al presidente de la República. Dado la enorme mayoría parlamentaria del AKP, la designación presidencial está en sus manos. Por eso, no debe extrañarnos que Gul en la no hubiese logrado los dos tercios requeridos primera ronda de votaciones en el Parlamento pues es un porcentaje que a pesar de su hegemonía el AKP no alcanza a cubrir. Si no prospera algún acuerdo, es probable que el conflicto continúe hasta la tercera vuelta que exige sólo mayoría simple.

A pesar de ser apreciado como un político religioso más moderado y más conciliador que el primer ministro Erdogan, buena parte de la opinión pública todavía juzga la llegada de Gul a la presidencia como un desafío a la herencia de Kemal Ataturk: el secularismo como base y pilar del Estado turco.

Ésta es la razón que continúa promoviendo al laicismo a salir a la calle, incluso luego de haber alcanzado el objetivo declarado de las movilizaciones de abril; en palabras de sus impulsores, la generosa renuncia de Erdogan a la presidencia del Estado.

TEMOR A UNA LEGISLACIÓN PRO-ISLÁMICA
Bajo ley turca, el presidente tiene poca capacidad ejecutiva pero tiene veto para nombramientos en la Administración Pública, también puede retrasar el paso de leyes volviéndolas al Parlamento para su reconsideración. El presidente titular, Ahmet Necdet Sezer [4] , un acérrimo secularista, cuya cadencia de siete años expira el 16 de mayo, ha bloqueado en varias ocasiones cualquier legislación que ha estimado como amenaza a la interpretación –a menudo draconiana– de la identidad secular de Turquía y también ha vetado nombramientos de centenares de burócratas, considerando que ellos eran activistas del Islam político. En efecto, más de 600 cargos críticos están bajo suplencias pues Sezer ha vetado –por años– los nombramientos del primer ministro Erdogan en razón del compromiso islámico de los titulares.

Los laicistas turcos temen que si Gul es designado presidente, cosa improbable, el AKP tendrá dominio total sobre el aparato público y podrá no sólo llenar la Administración Pública de islamistas sino también, finalmente, promulgar una batería legislativa pro islámica. Ésta incluiría, por ejemplo, el aumento de la educación religiosa, el fin de la prohibición actual para que las mujeres usen el hiyab en instituciones del Estado y la más importante de todas; el uso del veto presidencial –ahora por parte de los islamistas– contra los nombramientos de los jueces pro laicidad. La magistratura y su jurisprudencia continúa siendo uno de los nichos más firmes de la laikrik (secularidad) pero la presión de las doctrinas religiosas ha ido en aumento.

Se aprecia entonces que la tensión entre islamistas y seculares no es tanto una cuestión de medidas gubernamentales específicas como el complejo asunto de la dirección del paradigma de la identidad nacional. Abdullah Gul ha reiterado en numerosas ocasiones su adhesión a los principios republicanos que fundan el Estado pero la continuidad y efervescencia de las movilizaciones indican que Gul no logra tranquilizar a sus adversarios.

EL EJÉRCITO, GUARDIÁN DEL SECULARISMO
Por otra parte, ante la ausencia de una oposición eficaz, la amenaza de la intervención del Ejército turco emerge nuevamente. La noche de la primera vuelta (27 de abril), el Ejército declaró de modo amenazador y deliberante: No se debe olvidar que las fuerzas armadas turcas es uno de los lados en este debate y es defensor absoluto del secularismo. En efecto, la ausencia o debilidad de los partidos seculares tradicionales, provocó que estas movilizaciones fueran constituidas por multiplicidad de organizaciones de la sociedad civil, siendo la principal la Asociación por el Pensamiento Ataturkista (Ataturkcu Dusunce Dernegi, AAD) una Organización No Gubernamental fundada para promover el legado de Kemal Ataturk y dirigida por Sener Eruygur, un comandante jubilado de la gendarmería turca que está actualmente bajo investigación por trazar un golpe contra Erdogan en 2003-2004.

Los militares turcos, se han considerado largamente como el guardián de la herencia laica de Ataturk, y no era ningún secreto su oposición a que Erdogan se convirtiese en presidente. Nadie duda de la influencia de los militares en la conciliadora decisión del primer ministro. Durante el pasado abril, de modo privado, los militares desalentaron activamente su candidatura, el argumento fue que profundizaría la ya peligrosa división entre secularistas e islamistas, tensionada durante los últimos días del pasado mes por la contingencia de un atípico hecho de sangre; la tortura y degollación en la ciudad de Malatya, al sudeste del país, de tres conversos al cristianismo.

Pero en público, los generales han sido más circunspectos. Recientemente, el actual Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Turquía, el general Yasar Buyukanit, llevó a cabo una sorpresiva rueda de prensa en Ankara, donde lanzó a debate una posible solución: la elección de un candidato de consenso. Buyukanit rechazó discutir candidatos individuales, prefiriendo comentar que los militares preferirían un presidente que fuese un secularista verdadero, más bien que alguien que demanda apenas ser uno. Nadie dudó que la advertencia estaba dirigida a Erdogan y que los militares, a pesar de sus protestas repetidas en contrario, son sospechosos de tener una agenda secular contra islamista.

KURDISTÁN
Buyukanit empleó un argumento más sutil para forzar Erdogan. El general pidió apoyo para una operación fronteriza en Irak para presionar a los militantes armados del separatista Partiya Karkeren Kurdistan (Partido de los Trabajadores del Kurdistán [5], en kurdo, PKK), quienes utilizan los campos en el norte iraquí, predominante kurdo, como asilo seguro y como plataforma para proveer las unidades que funcionan al interior de Turquía. La semana anterior al discurso de Buyukanit, diez miembros de las fuerzas de seguridad turcas murieron en choques con el PKK.

Las muertes entregan el pretexto necesario para el nacionalismo turco y aumentan la presión a los militares y el gobierno para responder. En ruedas de prensa, Buyukanit no se apoca en anunciar que el Ejército turco está listo y que puede lanzar una operación fronteriza pero que está de manos atadas ante la carencia de voluntad política de parte del gobierno del AKP. Huelga decir que los militares turcos han desestimado la posición gubernamental que una gran operación fronteriza tendría solamente un impacto de breve duración y de menor importancia en las capacidades del PKK y que cualquier ventaja sería opacada por la segura protesta internacional. Esta protesta vendría no sólo de Estados Unidos y de la Unión Europea, aliados del Kurdistán iraquí, también del mundo árabe, que miraría cualquier incursión no como un ataque contra el PKK sino como la invasión de un país no árabe a otro árabe.

Pero al declarar que el Gobierno de Erdogan carece de voluntad política para poner en marcha tal operación, Buyukanit mina con eficacia las credenciales nacionalistas de Erdogan en un momento en que el AKP necesita toda la ayuda pública que pueda conseguir.

La situación es delicada, pues si el accionar de Buyukanit es un juego político, Erdogan es conocido por su impetuosidad y, aunque él también está enterado de la protesta internacional que resultaría, existe la posibilidad de que él pueda, con todo, pedir una incursión de corto alcance en un esfuerzo de apaciguar a la opinión pública local. El resultado podría ser desastroso, no sólo para la reputación internacional de Turquía, sino también para el propio Erdogan, Gul, AKP y los militares. El escenario táctico se puede predecir; el PKK simplemente se retiraría ante el avance de las tropas turcas en territorio iraquí, esperando un retiro sin éxitos notables para después reagruparse y reiniciar sus ataques contra blancos dentro de Turquía.

A LA ESPERA DE LAS ELECCIONES
Como se puede apreciar, las recientes manifestaciones en Turquía por la identidad se extienden al papel geopolítico de la nación anatolia. Afecta incluso la histórica actitud de estrecha alianza con Estados unidos y la OTAN [6] pues el sentimiento pro Occidental ha disminuido extensamente. Por una parte, Estados Unidos ha cosechado críticas con su negativa de actuar contra el movimiento separatista kurdo del PKK; por otra, Erdogan y el AKP han ido consolidando visiones comunes con países árabes y musulmanes. Como editorializa The Washington Times [7] en su edición del 1 de mayo, si el AKP controla la presidencia y posteriormente renueva su mayoría parlamentaria, el secularismo turco podría no ser la única tradición que hace frente a una seria amenaza.

El AKP propuso hace unos días una indicación doble para salir de la crisis. Por un lado, un adelanto al 24 de junio de las elecciones (programadas originalmente para noviembre) que será ratificado sin problemas; por otro, una reforma para que el jefe del Estado sea elegido por los ciudadanos y no por el Parlamento. Así, intentará hacer coincidir ambos comicios en la fecha citada. En principio la propuesta ha sido bien recibida por el líder de la oposición secular, Denize Baykal, del socialdemócrata Partido Republicano del Pueblo.

La formula definitiva será dilucidada en los próximos días.