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¿Renace el horizonte de la alternancia en Argentina?

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La victoria de Mauricio Macri como alcalde para la Ciudad de Buenos Aires representa una ola renovadora en la política argentina y alumbra la existencia de un polo de centro-derecha liberal, con más futuro que pasado.



EL TRIUNFO DE MAURICIO MACRI [2] , electo en segunda vuelta como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (Alcalde), representa una tercera ola renovadora para la democracia argentina y alumbra la existencia de un polo de centro-derecha liberal moderna, con más futuro que pasado.

Un tablero político unipolar, que viene pivoteando en torno al partido del presidente Néstor Kirchner, se abre a la perspectiva de una dinámica bipolar, más cercana a las de otros países latinoamericanos, como Chile, Uruguay, Brasil.

LOS VAIVENES DE LA POLÍTICA ARGENTINA
Desde la recuperación de la democracia en 1983, Argentina ha demarcado sus ciclos políticos al ritmo de los períodos electorales. Raúl Alfonsín [3] trajo la renovación del radicalismo y de allí le tocó pilotear la etapa refundacional como presidente y figura central del proceso político a partir de 1983, hasta tocar su techo en 1987, justo hace veinte años, cuando llegó triunfante la renovación peronista liderada por Antonio Cafiero [4], José Manuel de la Sota [5] y Carlos Menem [6], entre otros. El radicalismo renovado y el peronismo renovador constituyeron, así, el remozado bipartidismo que acompañó la transición. El primer recambio de gobierno, de Alfonsín a Menem en 1989, fue traumático, pero significó al mismo tiempo la primera alternancia pacífica en el poder entre las dos principales fuerzas políticas en toda la historia contemporánea de este país.

Al menemismo le tocó pilotear la entrada en los 90 y fue –a su manera– la respuesta que dio Argentina a los desafíos de la crisis del Estado y la globalización. Hasta saturar sus energías (y las de la sociedad) hacia 1997, justo hoy hace diez años, cuando triunfa el Frepaso [7], una fuerza de centro-izquierda, de la mano de Chacho Álvarez [8] y Graciela Fernández Meijide [9]. Allí empieza a prefigurarse la alianza entre la Unión Cívica Radical [10] y el Frepaso, de la mano de la cual el país buscaría salir de los 90. Se produjo entonces la segunda alternancia, en 1999 hasta el descalabro de fines de 2001, la renuncia de Fernando De la Rúa [11] y el período de salvataje de Eduardo Duhalde [12].

El gobierno de Néstor Kirchner [13], que se acerca a la culminación de su mandato de cuatro años, es hijo de aquella descomunal crisis de 2001 que barrió con el sistema político precedente, y padre de la recuperación económica y recomposición social ocurridas desde entonces. Como producto de aquellas circunstancias de crisis originaria, el llamado kirchnerismo se abrió camino sobre la fragmentación y difuminación política del peronismo y el radicalismo. Corrió sólo, sin una oposición política a la altura de los desafíos de la época. La democracia recuperó su vitalidad, pero, como en los primeros años de Alfonsín y los primeros años de Menem, dependió de una locomotora con un solo motor.

[14] UN NUEVO CAPÍTULO DEL APRENDIZAJE DEMOCRÁTICO
El ascenso de Macri en Buenos Aires, como el de Cafiero en la provincia bonaerense en 1987, como el de Chacho Alvarez y Graciela en las elecciones legislativas del 1997, representa una tercera ola renovadora, que en este caso le toca a la centro-derecha.
Macri, un empresario de 48 años y presidente del club de fútbol Boca Juniors, abre una ventana de oportunidad para que ese sector del espectro político se instale como fuerza de alternancia, sin los vicios y legados problemáticos de sus antecesores. Como lo hicieron el peronismo, el radicalismo y la centro-izquierda hasta que se les acabó el aire y el combustible en aquellos turnos sucesivos.

La derecha democrática no tuvo expresiones de estas características hasta ahora: no lo terminaron de hacer las huestes de la UCD [15], el partido creado por el veterano dirigente liberal-conservador Álvaro Alsogaray [16] en los años 80, y la fuerza pergeñada en los 90 por el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo [17], Acción por la República [18], de la que ya pocos se acuerdan, ni la versión más reciente, el partido Recrear [19], del también ex ministro, Ricardo López Murphy [20]. El PRO (Propuesta Republicana [21]), fundado por Macri y su gente en 2000 se inscribe en ese linaje político al que le suma una hábil estrategia comunicacional para los sectores jóvenes e independientes.

Esto no significa que quepa augurar hoy que el emergente macrismo que gobernará la Capital argentina a partir del próximo mes de diciembre, vaya a correr similar suerte de los unos y los otros, ni que se pueda anticipar su proyección de liderazgo nacional. Simplemente, es un capítulo más del aprendizaje democrático ensayo-error, un ejemplo de la ley del péndulo que define a las democracias competitivas.

LA BIPOLARIDAD, UNA BUENA NOTICIA
Para un país de tradición híper-presidencialista, cuya fortaleza (la concentración del poder presidencial) se presenta a la vez como una de las principales debilidades, la conformación de dos grandes coaliciones potenciales en condiciones de disputar el poder (una de centro-izquierda y otra de centro-derecha) no deja de ser una buena noticia.

Abre las esperanzas para los descontentos y opositores al gobierno de Néstor Kirchner y descomprime la presión sobre las espaldas de Kirchner y su esposa, la senadora y virtual candidata Cristina Fernández, que siguen al frente de las preferencias para los próximos comicios presidenciales de octubre.

Siempre es así con las transiciones: lo nuevo no termina de nacer y lo viejo no termina de morir.