- Safe Democracy Foundation - http://spanish.safe-democracy.org -

La sombra de Al Qaeda en Líbano

[1]
A pesar de que el grupo terrorista Fatah Al Islam (suní) está en fase de consolidación, aún se encuentra lejos de convertirse en la franquicia de la marca Al Qaeda en Líbano: esta circunstancia debe ser aprovechada para neutralizar sus aspiraciones yihadistas antes de que sea demasiado tarde.

ADEMÁS: Al Qaeda en el Magreb [2], por Javier Jordán
PLUS: El combate multidimensional contra Al Qaeda [3], por Sagrario Morán

LOS SEGUIDORES DE LOS FOROS ISLAMISTAS en Internet fueron testigos en noviembre de 2006 de la aparición de un nuevo integrante de la amplia constelación de grupos yihadistas. Un nuevo ente ubicado en Líbano y que se hacía llamar Fatah al-Islam, proclamó su existencia a través de un breve comunicado.

Su ideario: el origen suní de sus miembros, el salafismo yihadista y la admiración por los principios ideológicos y estratégicos establecidos por la organización terrorista Al Qaeda.

AL QAEDA Y HEZBOLÁ, JUNTOS PERO NO REVUELTOS
La aparición pública de esta oscura organización, fue la consecuencia lógica del acalorado debate que había tenido lugar durante el verano en el ciberespacio. El fin de la intervención militar de Israel en Líbano, había dado como resultado la consagración de la chií Hezbolá como única fuerza musulmana capaz de desafiar de manera creíble a Israel. El jeque Hasan Nasralá y su milicia habían sido capaces de triunfar allí donde todos los Estados árabes de la zona habían fracasado estrepitosamente, lo que reforzó hasta extremos inimaginables su carisma y su predicamento entre la opinión pública de Oriente Medio.

Estos meses fueron una etapa de desconcierto para el radicalismo religioso suní. Profundamente anti-chií, no sólo estaba promoviendo la aniquilación de este grupo religioso en Irak, sino que sus ideólogos habían dejado claro que la colaboración con Hezbolá estaba prohibida, a pesar de que esta milicia estuviera combatiendo a un enemigo común.

Ante los ojos de Al Qaeda, los chiíes son una secta herética, y por lo tanto, su tratamiento debe ser tan contundente como el que reciben otros enemigos del Islam. Por otro lado, los estrategas de la organización terrorista contemplan con enorme recelo cualquier movimiento de esta milicia, al considerarla una mera extensión de las pretensiones de Irán por convertirse en la potencia hegemónica en la zona, y ejerce un liderazgo carismático sobre todo el orbe musulmán. Un escenario que pone en peligro la aspiración yihadista de establecer una unidad político-religiosa en la zona bajo la forma del califato islámico.

APROPIACIÓN DE LA CAUSA PALESTINA
Estos argumentos, no evitaron que cundiera el desánimo y la impotencia entre los partidarios de la yihad global: ¿por qué no era Al Qaeda la que estaba combatiendo al enemigo sionista en Líbano? La guerra entre Israel y Hezbolá puso de nuevo en evidencia una de las principales vulnerabilidades del movimiento terrorista de Bin Laden: su incapacidad para tener un papel protagonista en la lucha directa contra Israel.

De hecho, no han escaseado los clérigos radicales que han criticado la apropiación de la causa palestina por parte de este grupo terrorista. La opresión del pueblo palestino y la llamada a combatir a los judíos, han sido una constante dentro del discurso público alquediano; sin embargo, el grupo difícilmente ha podido respaldar con actos su ideario. Aunque su discurso enfatiza la idea de que atacar a Estados Unidos y a sus aliados occidentales propicia la causa palestina, el grupo de Bin Laden no ha podido disfrutar de la legitimidad y del apoyo popular que prestan los árabes a otras organizaciones volcadas de manera prioritaria en el hostigamiento y la violencia terrorista contra el Estado judío.

Consciente de la necesidad de acallar estas voces, el número dos de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri, emitió un comunicado donde urgía a la formación de un frente yihadista en Palestina y Líbano, sugiriendo que la cercanía geográfica a los hermanos de Irak podía ser aprovechada para establecer una fructífera colaboración entre los diferentes grupos de muyahidines.

EL DEBUT DE FATAH AL ISLAM
Lo sucedido en este último año es, previsiblemente, el resultado de esa transferencia hacia Líbano de recursos, conocimientos y experiencias terroristas. Al tiempo que esta nueva organización iba construyendo su capacidad de llevar a cabo operaciones terroristas, fue desarrollando una notable actividad comunicativa en algunos de las principales webs yihadistas de Internet, lo que le permitió recibir una auténtica oleada de solidaridad islamista internacional, cuando el gobierno libanés decidió actuar contra el grupo, poniendo cerco a su base de operaciones en el campo de refugiados de Nahr al-Bared.

Aunque las investigaciones en curso deberán determinar aún con exactitud la autoría, todo parece apuntar a que el lanzamiento (aún no reivindicado) de tres cohetes contra territorio Israel a mediados de junio, y el más reciente atentado con coche bomba contra tropas españolas de la ONU, han supuesto el debut terrorista de este grupo.

Ambos ataques implican un nivel de preparación y pericia técnica, impropios de un grupo con un solo año de existencia; lo que refuerza la hipótesis de una profunda colaboración entre Fatah al Islam y otros grupos yihadistas ya consolidados. Resulta poco probable, una oscura organización sin ningún tipo de bagaje, haya sido capaz de dotarse de capacidades (como la de los ataques a distancia y la fabricación de coches bombas) sólo al alcance de la elite del terrorismo mundial.

LA REPUTACIÓN DE LA MARCA AL QAEDA
Esta convicción no nos debe llevar a asumir que es Al Qaeda, la responsable directa de estas acciones. De hecho, no han escaseado los medios de comunicación que han asumido con total ligereza que Bin Laden se ha convertido en un nuevo actor del complejo puzzle libanés. Si bien es cierto que los líderes de Al Qaeda han resultado exitosos en su empresa de instigar la formación de un frente yihadista en Líbano, eso no nos debe llevar a asumir que Fatah al Islam es una mera extensión de esta red terrorista.

La marca Al Qaeda se ha convertido en un preciado distintivo, que no todos los grupos yihadistas pueden utilizar como emblema. Diferentes grupos como, el grupo fundado por Abu Musab Al Zarqawi en Irak y el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate en Argelia, tuvieron que hacer frente a interminables procesos de negociación hasta obtener la aprobación final del propio Bin Laden, lo que les permitió utilizar las denominaciones de Al Qaeda en la Tierra de los Dos Ríos y Al Qaeda en el Magreb Islámico.

La organización de Bin Laden necesita asegurarse que los grupos que adoptan su nombre comulgan plenamente con su visión estratégica, y no van a llevar a cabo determinadas acciones que puedan perjudicar la reputación de la organización matriz. Así por ejemplo, la organización de Zarqawi tuvo que abandonar su táctica de filmar en video sus brutales decapitaciones de rehenes, debido a las críticas recibidas por Al Qaeda, que consideraba que esas prácticas generaban contradicciones entre su base de apoyo.

PERTENECER TIENE SUS PRIVILEGIOS
La decisión de unirse formalmente a Al Qaeda, no es paso fácil para ningún grupo. Por un lado, exige un elevado nivel de deferencia ideológica y operacional hacia el nuevo liderazgo de la organización, al mismo tiempo que convierte al grupo en un enemigo prioritario para la coalición internacional de países que combaten el terrorismo. Sin embargo, los beneficios son cuantiosos: permite disfrutar del máximo nivel de prestigio y reconocimiento entre la comunidad yihadista, lo que facilita enormemente la obtención de colaboración y la afluencia de donaciones. A lo que se debe sumar la repercusión y el acceso privilegiado que los mensajes del grupo tendrán entre los medios de comunicación globales.

Fatah Al Islam se encuentra aún en una etapa de consolidación organizacional, lo que no sólo la hace vulnerable a las operaciones de decapitación, sino que también la sitúa aún muy lejos de poder aspirar a franquiciarse con Al Qaeda. Esta circunstancia debe ser aprovechada por el gobierno libanés y la comunidad internacional para neutralizar al grupo, antes de sea capaz de mantener una campaña de atentados contra objetivos israelíes y occidentales, lo que reforzará enormemente su posición entre la comunidad radical. En este sentido, aunque empieza a apreciarse cómo se extiende la larga sombra de Al Qaeda sobre la tierra de los cedros, aún se está a tiempo de evitar que el grupo de Bin Laden pueda depositar su pie sobre tierra libanesa.