Cómo poner fin a décadas de dictadura monárquica y guerra civil

Por Rubén Campos (para Safe Democracy)

Transcurrido un año del abandono del poder por parte del autocrático rey Gyanendra, Nepal se prepara esperanzada para un proceso de paz y democratización que, con todo, ha de afrontar aún múltiples obstáculos para consolidarse.

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Rubén Campos es experto en Asia Meridional y el Sudeste Asiático y profesor de Relaciones Internacionales en cursos de postgrado de diferentes universidades españolas.


Trabaja actualmente como asistente al director de programas del Club de Madrid. Prepara en la actualidad la lectura de su tesis doctoral sobre el movimiento nacionalista indio y la edición de una selección de textos políticos de Mohandas K. Gandhi.

TRAS DÉCADAS DE DICTADURA MONÁRQUICA, más de diez años de guerra civil y miles de muertos, Nepal, uno de los países más pobres del mundo, está afrontando una prometedora transición hacia la democracia.

Un año después de la revolución no violenta de abril que obligó a abandonar el poder al autocrático rey Gyanendra, los principales actores políticos han jugado sus cartas y el proceso de paz y de construcción de la democracia ha avanzado significativamente, aunque aún debe afrontar múltiples retos para consolidarse.

SIGNOS ESPERANZADORES
El gobierno interino de Nepal que surgió de la revolución de abril, formado por una coalición de siete partidos de la oposición, y la guerrilla maoísta firmaron en noviembre de 2006 un histórico Acuerdo General de Paz para cerrar diez años de Guerra Civil y posibilitar el regreso de la democracia al país. Los maoístas abandonaban la lucha armada, aceptando participar en la vida política como una fuerza más, y la entrega de sus armas bajo supervisión de Naciones Unidas.

En enero de 2007, los líderes maoístas pasaron a formar parte de un nuevo Parlamento bajo el mandato de una constitucional interina, con la promesa de la celebración de elecciones para formar una Asamblea Constituyente en el mes de junio. Dicha Asamblea redefiniría el sistema político del país con la capacidad de decidir el futuro de la monarquía. La apuesta de los rebeldes maoístas por la solución política del conflicto se ha visto reforzada en abril con su entrada en el gobierno interino. Su líder histórico, Prachanda, ha llegado a pedir disculpas por los errores de la guerrilla en el pasado, incluyendo el uso excesivo de la violencia y las víctimas civiles de la misma.

RETOS Y OPORTUNIDADES
El proceso de paz y democratización tiene que afrontar todavía múltiples obstáculos para consolidarse. Dentro de los grupos maoístas existen voces minoritarias discordantes que critican la vía política y exigen resultados inmediatos, amenazando con regresar a la vía violenta. Además, según la ONG Human Rights Watch, los maoístas mantienen prácticas intimidatorias contra la sociedad civil y los otros partidos políticos en algunas zonas rurales donde su influencia ha sido mayor. El proceso de desarme está teniendo también sus momentos de crisis y la desmovilización de los guerrilleros no se podrá consolidar sin planes más ambiciosos de inserción en la sociedad civil y de reconciliación entre todos los nepalíes.

El fin del gobierno autocrático del rey ha hecho surgir igualmente nuevas tensiones étnicas y regionales en el país. Por ejemplo, la comunidad Mahadhesi, que es mayoritaria en la zona sur de Nepal y acoge a más de un tercio de los 27 millones de habitantes del país, ha sido históricamente víctima de la discriminación social y política y ha aprovechado la apertura política para movilizarse y reclamar una mejor situación en el nuevo escenario. Sus representantes han sido incluidos en el nuevo Parlamento y aunque esperan que la Asamblea Constituyente sea el medio para viabilizar sus demandas, siguen utilizando la calle para mantener vivas sus reivindicaciones.

EL FUTURO INCIERTO DE LA MONARQUÍA
Los conflictos internos como el de los Mahadhesi, el todavía inacabado proceso de normalización de la ex guerrilla maoísta y las dificultades logísticas han llevado al gobierno interino a trasladar la fecha de las elecciones a la Asamblea Constituyente a noviembre. La misión de Naciones Unidas en Nepal ha apoyado el cambio aceptando estas razones, pero con reservas ya que el representante del Secretario General de Naciones Unidas en Nepal, el británico Ian Martin, ha destacado en varias ocasiones la necesidad de estos comicios como la forma más adecuada de legitimar el proceso democrático actual. En este sentido, un posible retraso adicional puede plantear serias dudas sobre la viabilidad del proceso.

Los maoístas han aprendido rápido los mecanismos de movilización política convencionales y en unos meses han recogido más de millón y medio de firmas que piden la declaración de la República en Nepal. Las han llevado al Parlamento, pero el resto de los partidos prefieren esperar a la nueva Constitución.

Sin embargo, la demora en las elecciones, ha forzado a que el Parlamento interino nepalés adoptara recientemente una enmienda para la abolición del poder Real, con el fin de ahuyentar las dudas sobre la influencia del monarca depuesto en el proceso. Con esta reforma legal, la monarquía, que lleva dirigiendo los destinos del país por casi 240 años y todavía cuenta con algunos apoyos en el Ejército aunque también con un enorme desprestigio entre la ciudadanía, podría ser suprimida mediante una votación con una mayoría de dos tercios de los parlamentarios. Sólo una estrategia muy elaborada por parte del Rey –que podría incluir su abdicación y una apuesta creíble por una monarquía constitucional en línea por ejemplo de la española o las nórdicas–, podría salvar a la misma, según analistas locales e internacionales.

RESPUESTA DE LA COMUNIDAD INTERNACIONAL
Es esencial que la comunidad internacional siga apoyando económica y diplomáticamente el proceso democrático en Nepal pero también que lo haga de forma inteligente con una política de palos y zanahorias. Los maoístas deben ser reconocidos como una fuerza política responsable y legítima y se debe retirar la categoría de terroristas que aún tienen para muchos países, incluido Estados Unidos, pero al mismo tiempo hay que presionar para que el desarme y la apuesta constitucional se consoliden. El gobierno interino debe seguir contando con el apoyo de Naciones Unidas pero este debe vincularse a la celebración de las elecciones en noviembre sin aceptar nuevas demoras o retrasos.

Los actores políticos tienen muy poco que ganar en un regreso a la situación de enfrentamiento violento o de pérdida de libertades, pero fundamentalmente es el pueblo nepalí el que tiene mucho que perder si sus líderes no son capaces de aprovechar esta oportunidad histórica.

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