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El futuro de Turquía pasa por el consenso

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Con una holgada victoria electoral, el primer ministro Recep Tayyip Erdogan (islamismo moderado) deberá afrontar un futuro inmediato repleto de desafíos como el diálogo con la Unión Europea, y el creciente nacionalismo kurdo.



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LA VICTORIA DEL PARTIDO ISLAMISTA MODERADO (AKP [3]) en Turquía con el 46,4 por ciento de los votos, un 13 por ciento más que en los comicios de 2002, le permite revalidar la mayoría absoluta con 340 escaños, pero pierde 15 diputados respecto al año 2002.

Estos resultados no le permitirán impulsar en solitario las nuevas reformas constitucionales ni imponer sin pactos a su candidato a la presidencia de la República. Para ello, necesita al menos 367 votos en el Parlamento. En caso contrario, los votantes podrían ser convocados de nuevo a las urnas este otoño para sacar a Turquía de su crisis política más grave de los diez últimos años.

Los otros dos partidos que han conseguido representación parlamentaria, al obtener más del 10 por ciento de los votos, son el ultranacionalista Partido del Movimiento Nacionalista (MHP [4]), y el laicista Partido Republicano del Pueblo (CHP [5]).

[6] DIFERENTES GRADOS DE ASCENSO
Parece que las movilizaciones en las calles de las grandes ciudades turcas hace unos meses han tenido su efecto, pues la extrema derecha representada por el MHP y su líder Devlet Bahceli regresan con fuerza al Parlamento con cerca de un 15 por ciento de los votos. Los buenos resultados del nacionalismo extremo y sus críticas a la suave actitud del Gobierno frente al terrorismo kurdo han provocado el ascenso de esta fuerza política.

En cambio, el CHP, el partido que fundó Ataturk, sólo ha subido un punto en comparación con los comicios de 2002 al conseguir al 20,8 por ciento de los sufragios, pese al apoyo del Ejército y sus continuas alusiones a la islamización del poder. Su líder, Deniz Baykal, boicoteó la votación parlamentaria para designar al ministro de Exteriores, Abdulá Gul, como jefe de Estado, que finalmente desencadenó su renuncia tras la sentencia del Tribunal Constitucional. Cientos de militantes del CHP exigieron la noche del domingo electoral su dimisión en Ankara.

No hay que olvidar que una cuarta fuerza ha surgido en Turquía: el nacionalismo kurdo. Como la barrera del 10 por ciento de los votos nacionales es difícil de franquear, los kurdos decidieron presentar candidatos independientes en el sureste de Anatolia, y han alcanzado cerca de 27 escaños que les permitiría agruparse, tras la constitución del Parlamento, bajo las siglas del Partido de la Sociedad Democrática (DTP).

CONCLUSIONES DE LOS RESULTADOS
UNO El AKP ha ganado y Erdogan ha visto refrendado su gobierno islamista moderado, que ha conseguido superar la crisis económica de 2001 con un crecimiento del PIB cercano al 7 por ciento y un paro del 10 por ciento. Además, se han iniciado las negociaciones de adhesión a la UE con la apertura de varios capítulos pese a la suspensión impuesta por Europa por el cierre de puertos y aeropuertos a Chipre.

Sin embargo, la victoria conseguida por Erdogan no es suficiente y le obligará a negociar la candidatura del próximo presidente turco si no quiere volver a carecer de quórum en la votación parlamentaria. Por tanto, el discurso del primer ministro deberá ser moderado como ya ha demostrado nada más conocer los resultados electorales al comentar que respetará el laicismo y la unidad territorial.

DOS El regreso de la extrema derecha al Parlamento con cerca de 70 diputados supone un fuerte toque de atención para el AKP que deberá replantearse cómo actuar frente al terrorismo kurdo y qué hacer en Chipre.

TRES La debacle del laicismo representado por el CHP y su caída en más de 40 escaños, es un golpe para el Ejército que les ha apoyado en el boicot a la elección de Abdulá Gul como presidente de la República. Sin embargo, el apoyo a la herencia de Ataturk sigue siendo firme y será difícil que el AKP logre pone en marcha un proceso de islamización en Turquía.

CUATRO El AKP deberá actuar como un partido de Estado para lograr cerrar las grietas que se abren entre los turcos y tendrá que lograr el consenso con todos los partidos implicados en los siguientes asuntos:

a) el laicismo y el islamismo deberán convivir en la democracia turca con una mayor libertad hacia otras religiones;

b) el Ejército deberá respetar a las urnas y las decisiones del gobierno elegido por mayoría absoluta;

c) el AKP deberá tener en cuenta a los demás actores al designar el candidato a presidente de la República;

d) deberá manejar con guante de seda la situación del nacionalismo kurdo, que ha obtenido una representación en el parlamento y que puede ayudarle a sacar adelante la votación presidencial, y el toque de atención que supone el ascenso de la extrema derecha por la tibieza frente al terrorismo kurdo pese a tener desplegados 200 mil militares en la frontera con el kurdistán iraquí;

e) tendrá que tomar decisiones en el caso de Chipre que no rechinen en exceso ni a los 35.000 soldados que tiene en el Norte de la isla ni a la UE que le exige la apertura de puertos y aeropuertos para seguir negociando la adhesión.

Demasiados equilibrios y malabares que necesitan de un auténtico estadista para sacar adelante el país en los próximos años, sin fisuras importantes a nivel interno y con el objetivo declarado tras su victoria electoral de poder mantener en el horizonte la entrada en la UE, sin que Francia o Alemania le veten el camino del progreso político y económico. Erdogan necesitará mucha baraka [7].