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Ofensiva iraní en América Latina

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Irán busca activamente fortalecer sus vínculos en América Latina con el fin de contrarrestar la presión de la comunidad internacional ante su desarrollo nuclear. La presencia de Teherán a nivel regional ya no es irrelevante, sino una amenaza creciente y riesgosa, según el autor.


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EL PELIGRO DEL FUNDAMENTALISMO IRANÍ para Estados Unidos, Europa y Oriente Medio está en la agenda diaria de las principales capitales del mundo. Ahora, otra arista del mismo problema llegó al seno de las sociedades de América Latina. El régimen de los ayatolás está decidido a quedarse en la región de manos de sus principales aliados, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador y Bolivia.Con seis oficinas diplomáticas y numeroso personal en Venezuela, Cuba, Uruguay, Argentina, México y Brasil, y enviados temporales a Chile y Colombia, Teherán se prepara para establecerse definitivamente en la región.

Dina Siegel Vann, que dirige el Instituto Latino y Latinoamericano del American Jewish Committee [3] en Washington, sostiene que Irán está involucrado en una búsqueda activa de aliados en América Latina, con el fin de contrarrestar la presión de la comunidad internacional ante su desarrollo nuclear. En este sentido, el gobierno iraní está aprovechando todas las opciones para ganarse el apoyo de los países latinoamericanos. El estrechamiento de vínculos es especialmente significativo con Cuba y Venezuela, sostiene Siegel Vann. Y el presidente del Parlamento iraní, Gholam-Ali Haddad-Adel, le da la razón. Cuba e Irán son dos países unidos por la revolución, dijo el funcionario del régimen de Teherán.

Las fotos de Chávez y Castro que portaban manifestantes en Teherán durante muestras de apoyo al régimen de los clérigos chiíes, revelan la creciente alianza estratégica de Cuba y Venezuela con Irán.

IDENTIFICACIÓN CON LA NUEVA IZQUIERDA
En la Guerra Fría, la puerta de ingreso de la Unión Soviética al continente fue La Habana. Hoy Irán quiere ser el sustituto de Moscú, como fuerza opuesta a Estados Unidos y Occidente, entrando por Caracas.

[4] El dinero que reparte el cártel petrolero iraní-venezolano parece ser la carnada para muchos gobiernos, pero viene acompañado por el creciente aumento de diplomáticos persas en sus embajadas en las capitales latinoamericanas, dando un claro indicio de sus intenciones. Como dijo Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, los enemigos de nuestra nación no pueden evitar que los pueblos se relacionen, pues éstos se han despertado y el sistema imperante en el planeta cambiará. El presidente ultranacionalista sube así su apuesta y reafirma su intención de intensificar aún más los de lazos, más allá de las diferencias culturales, sus problemas internos, su prioridad en Oriente Medio y sus remotos y escasos vínculos con nuestro continente.

En las conversaciones bilaterales, varios gobiernos latinoamericanos compartieron con diplomáticos israelíes las preocupaciones. En cambio, otros Estados reaccionaron con desinterés debido a las conexiones comerciales con Irán y su necesidad económica de mantener los vínculos, dice un informe de la cancillería israelí.

El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Manuchehr Mottaki, dijo durante una reciente visita a Nicaragua que Irán se identifica con los nuevos movimientos sudamericanos de izquierda, además, tiene la voluntad y disposición de colaborar y profundizar sus relaciones con estas naciones y acompañarlos en el camino por el desarrollo. Asimismo, señaló que Estados Unidos ha fracasado en América Latina y en Oriente Medio.

POSIBLES FOCOS DE TERRORISMO
Eli Carmón, especialista en Terrorismo Internacional del Centro Inderdisciplinario de Herzliya [5], sostiene que la plataforma que crea Irán en América Latina podría facilitar acciones terroristas contra objetivos estadounidenses o israelíes en la medida que se produjera un ataque o sanciones contra Irán.

Carmón se basa en la experiencia de Irán con Francia para explicar lo fácil que será influir en los países latinoamericanos: a mediados de los ochenta, París debió descongelar fondos iraníes y liberar a detenidos para interrumpir una ola de terrorismo en su territorio, materializada por Hezbolá.

La alianza estratégica entre el presidente iraní Ahmadineyad y su par venezolano, Hugo Chávez, preocupa a muchos en Sudamérica. En los últimos dos años, Chávez estuvo seis veces en Teherán y su homólogo iraní viajó dos a Caracas.

Además, la investigación de la justicia argentina que corroboró que diplomáticos iraníes habrían tomado parte fundamental en los atentados contra la Embajada de Israel y contra la sede de la comunidad judía (AMIA [6]), en 1992 y 1994, son estremecedoras señales que quedaron en las sociedades. En octubre de 2006, la Justicia argentina pidió a INTERPOL [7] que elevara un pedido de captura internacional contra siete iraníes junto a Imad Mughniyeh, líder de la unidad de la Jihad Islámica en Hezbolá y responsable de sus actividades en el exterior. Sin olvidar, que desde hace años los servicios de seguridad de varios países manifestaron que la Triple Frontera entre Paraguay, Argentina y Brasil eran focos de la actividad terrorista iraní y de Hezbolá.

DIVISIONES Y DESCONFIANZAS
Esta fuerte alianza entre Caracas y Teherán ya se dejó ver claramente, por otro lado, en Montevideo. La oposición uruguaya pidió explicaciones al gobierno de Tabaré Vázquez (coalición de izquierdas) sobre un pedido, luego anulado, para traer 15.000 proyectiles iraníes desde Venezuela en un buque de la Armada de Uruguay, el ROU 04, que haría escala para recargar combustible y levantar una carga para el Ejército.

Ante el episodio confuso y grave, el gobierno uruguayo, respondió que inició una investigación, pues el Ejército no esperaba ninguna carga de Venezuela. Los proyectiles los enviaba una empresa venezolana de derecho privado, pero de propiedad estatal, con el fin de completar los requisitos de una licitación a la que Irán se presentó.

El Ministerio de Defensa había llamado a una licitación para la compra de armas, unos 20.000 fusiles, y proyectiles para el Ejército uruguayo, a la cual se presentaron proveedores de varios países, entre ellos Irán. El Ejército analizó el KH 2002 de Irán y el AK 101 de Rusia.

Sin embargo, el gobierno uruguayo se olvidó de un aspecto nada menor. El marzo pasado el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas votó una resolución que impide a los miembros de la organización comprar armamento o municiones al régimen islámico de Teherán.

El potenciamiento recíproco entre Irán y Venezuela en nuestra región agrava las divisiones y desconfianzas que ya provoca el régimen de Chávez, el autoproclamado heredero de Castro, con su constante estilo confrontativo. Está claro que la presencia iraní activa en nuestra región estaría dejando de ser irrelevante y sería riesgosa. Proviene de un gobierno que pone en peligro la seguridad y paz internacional, con la violación de los acuerdos internacionales sobre desarrollo pacífico de la energía nuclear, apoyando abiertamente la violencia en Oriente Medio, a través de Hezbolá y Hamás, y amenazando abiertamente la existencia del Estado de Israel. [8]