Los medios de comunicación (desde robustos diarios, revistas, radios a canales de televisión) han reemplazado a los partidos políticos tradicionales en América Latina como espacios constitutivos del poder y la opinión pública. Por suerte existe también Internet, y la posibilidad que ésta otorga para debatir.




“La política de la modernidad (la que alumbró los más grandes momentos de la política desde la Revolución Francesa) se hacía con los pueblos. La de la posmodernidad se hace con los medios, que los tiene y los tendrá el poder”. José Pablo Feinmann (columnista del diario Página/12)

UNO DE LOS FENÓMENOS MÁS NOTORIOS –pero insuficientemente debatido de los últimos tiempos–, particularmente en América Latina, consiste en el paulatino pero decidido relevo de los partidos políticos, en ocaso, por los robustos diarios, revistas, radios y canales de televisión.

Que los medios eran una instancia decisiva en el armado de la agenda del escenario político no es nuevo. Siempre han sido un vehículo determinante para amplificar y difundir los pareceres de los partidos y dirigentes más encumbrados, particularmente de aquéllos que disponían de más recursos y generalmente se encontraban cercanos al poder. En nuestro continente fueron solícitos en respaldar gobiernos legítimos y de los otros. Otras veces, fueron tenaces opositores, como ocurrió en tiempos de Getulio Vargas, Joao Goulart y sobre todo de Salvador Allende, entre otros.

Pero aún los partidos gozaban de cierta salud. Con la debacle que sufren en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, el reemplazo de las voces de los otrora dirigentes casi se da en toda la línea. Con el agregado que, esta vez, se encuentran volcados de lleno a la oposición. Empezó en Venezuela, donde, como lo sostiene irónicamente su presidente, constantemente se escucha por casi todos los canales y radios y se lee en casi todos los periódicos que no hay libertad de prensa

El caso ecuatoriano es también bastante elocuente hoy día, donde a partir del desplome de los viejos partidos tras el ascenso de Correa, los medios se han convertido en los incansables censores de los planes del presidente. Los casos brasileño y argentino resultan bastante paradigmáticos, además de llevar a cabo su tarea opositora no sólo con perseverancia sino también con reconocida sofisticación.

EL PARADIGMA DE BRASIL

En Brasil los viejos políticos no han desaparecido, conservan buena parte de su antigua capacidad de permanecer enraizados en torno a los recursos fundamentales de sus respectivos distritos (se los llama fisiológicos en la jerga irónica de los comentaristas especializados). Sí han perdido, en buena medida, la enjundia de sus disertaciones de otrora. No hace mucho fue una cadena de televisión la que impuso a un presidente de la república (aunque los ratings obtenidos no alcanzaron para conservarlo en el cargo).

Hoy, sin lugar a dudas, es la rigurosa perseverancia de los canales de televisión, diarios y revistas la que pretende mantener en vilo al gobierno de Lula Da Silva. Con este propósito hacen valer sus fluidos vínculos con diversos pliegues del poder para detectar andanzas poco santas, y no muy novedosas, de personas o personajes vinculados en alguna medida con el gobierno o la administración pública en general. Fue así como desfilaron en forma pletórica los escándalos por los sobresueldos a legisladores amigos, algún sobreprecio en ambulancias en el municipio del ex ministro de Economía y, en ocasiones, globos de ensayo más inciertos e imprecisos.

No resultaron ajenos a estos afanes la presencia de una cámara oculta u otro recurso tecnológico de avanzada, diestramente desplegados por estas verdaderas empresas mediático-investigativas, en asociación, a veces, con antiguos servicios de inteligencia. Contaron, como elemento facilitador de la tarea, con la ingenuidad o la torpeza de los recién llegados a posiciones expectantes y, para colmo, como dice una dirigente petista, a diferencia de los viejos partidos, el Partido de los Trabajadores (PT) tiene techo de vidrio.

A pesar de los escozores producidos la población, como sabemos, ratificó al presidente Lula con más del 60 por ciento de los votos en segunda vuelta.

El razonamiento presumible de los votantes más alejados del poder y beneficiarios de las políticas públicas gubernamentales puede haber sido: lo que se dice que ocurre siempre existió. Ahora al menos estos recursos “paralelos” no van solamente a colmar los bolsillos de los ricos sino que puede que se utilicen para hacer posible políticas que nos favorecen. No es exactamente el rouba mais faz de un viejo caudillo paulista de medio siglo atrás. Más bien se corresponde con el robo para la corona de un ex ministro del Interior argentino. Por cierto, no se trata de justificar cualquier arbitrio, pero siempre estará en el tapete la desigual distribución de recursos para hacer política de las fuerzas que quieren poner en cuestión el status quo.

La oposición mediática brasileña, a pesar del magro resultado electoral, ha continuado con su particular celo, que se ha vuelto a desplegar en todo su esplendor con motivo del trágico accidente de aviación de la línea TAM.

En realidad no se trata de ser indulgente con los posibles responsables de la ineficacia o el dolo, menos aún cuando hay tantas vidas en juego, sino saber ponderar las responsabilidades y no esconder que ciertas falencias son crónicas y sólo la mala fe puede concentrar culpas en autoridades que a lo sumo llevan un lustro en el poder (por así llamarlo).

EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ARGENTINOS

En Argentina, los viejos partidos no han desaparecido. Pero ya no son lo que eran antes. Los tres partidos con mayores ancestros, radicales, justicialistas y socialistas, reparten a encumbrados dirigentes entre las tres o cuatro opciones que deberá atender la ciudadanía en octubre de este año. Y aquí también, los medios han tomado posición. Todos (o casi) contra el oficialismo.

Han sido varios, los temas elegidos que capturan los principales titulares. Por un lado, los cortes de energía en algunas grandes industrias, no así en general a los consumidores domiciliarios, en el invierno más frío que se recuerda en casi medio siglo. Después de cuatro años creciendo a tasas cercanas a las de China ¿podía habérselo previsto y haber generado en tiempo las obras necesarias? Más allá de los debates puntuales, resulta evidente que las responsabilidades se remontan a los predecesores y sus concepciones del crecimiento.

A la crisis energética se agregan las diferencias en la percepción de la subida en los precios y la incapacidad para procesar un debate sobre las técnicas para su medición en la instancia correspondiente. Ambos temas, dignos de un debate serio, fueron utilizados como dardos inexorables hacia el elenco gobernante, pero la impresión resultante venía siendo que perecían no hacer demasiada mella en el plumaje pingüino.

Ahora, paradójicamente, el empeño de un par de servidores públicos ha permitido que hasta el lanzamiento de la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner se haya visto relegado en los espacios y titulares. Un bombero encontró un paquete con dinero en el baño de la ministra de Economía, y, poco después, un agente aduanero descubrió una maleta repleta de dólares en el equipaje de un venezolano residente en Miami, llevado por cortesía en un avión fletado por la empresa estatal petrolera argentina proveniente de Caracas. Ríos de tinta y meticulosos foros, como había ocurrido en Brasil, se han hecho cargo de la cuestión.

Sobre el paquete de la ministra y la maleta del venezolano se pueden hacer un sinfín de conjeturas. Lo desusado resulta la magnitud de la cobertura, intentando tener pendiente a la población como si no hubiera ocurrido ninguna otra cosa relevante en el último lustro.

La actitud defensiva del presidente y otros miembros del elenco gobernante, desde que llegaron a sus cargos, ha sido un tanto odiosa pero hasta cierto punto efectiva. No conceden ninguna entrevista de prensa (o casi). Evitan el trajín de las preguntas capciosas y las consiguientes sesgadas interpretaciones. También han utilizado la tribuna pública para responderle a los medios. O para atacar a la Prensa, en la jerga usual (como si se tratase de una corporación homogénea, ¿o lo será?). La contrapartida ha sido el muy usado recurso periodístico de citar fuentes que han preferido el anonimato.

¿QUÉ TIPO DE CUARTO PODER?

Estas reflexiones no apuntan a desvalorizar el celo periodístico en pos de causas nobles, le cueste a quien fuere. Sólo intento destacar la parcialidad a la hora del contextualizar el diario acontecer.

Se dice que el cuarto poder es más importante que los otros tres poderes porque construye la agenda a través de la cual se informa el soberano que con este insumo insustituible debe discernir y elegir a presidentes, legisladores, y por su intermedio, a los jueces. Pero, a los que definen la línea editorial de los medios, ¿quién los elige?

Por suerte existen anticuerpos. Recuerdo una investigación, algunos años atrás, de la socióloga Elizabeth Jelin que recogía la mirada desde los márgenes de la sociedad: Si lo dicen por la televisión, es mentira, decía un joven en una villa del cinturón bonaerense. Pero no se puede generalizar. Ni tampoco sirve de consuelo. Sabido es que no se puede aspirar a ser elegible si no se cuenta con suficiente cantidad de horas en pantalla.

Por suerte también existe Internet, y la posibilidad que otorga para debatir. Como ahora. Y aunque sea a puro blog, intentar incorporar a una próxima agenda el tema de la elegibilidad y el control de quienes ejercen el cuarto poder.

¿Estaremos a tiempo?