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¿Burma o Myanmar?

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La férrea dictadura de Burma depende –desde hace 45 años– del comercio con los países asiáticos, ya que se encuentra sancionada por Occidente y Japón. Es, sin embargo, este grupo de países (sobre todo India y China), donde reside la oportunidad de presión para promover una apertura democrática.

BURMA, EN EL SUDESTE ASIÁTICO, es una de las naciones más pobres del mundo, que sufre además décadas de aislamiento y mal gobierno. Pese a la creciente presión internacional, uno de los países que la administración de George W. Bush considera parte del Eje del Mal, sigue estancado con una de las dictaduras militares más opresivas del sistema internacional.

Hace unas semanas su ciudadana más conocida internacionalmente, la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi [2] ha visto prorrogado un año más su arresto domiciliario por el gobierno militar birmano. De los últimos 18 años, Aung San Suu Kyi ha pasado más de once y medio bajo detención domiciliaria arbitraria. El resto del tiempo las autoridades han puesto estrictos límites a su libertad de circulación, a pesar de que nunca ha sido acusada ni juzgada por ningún delito.

Suu Kyi, líder del partido National League for Democracy [3] (NLD), es el gran icono de la libertad política y la democracia en Burma, aunque no es la única activista encarcelada. Como denuncia Amnistía Internacional, en la actualidad hay más de 1.100 prisioneros políticos, muchos de ellos por el simple delito de disentir pacíficamente de las autoridades de la Junta Militar. También existen diversos grupos armados que han generado focos de conflicto en diferentes regiones del país, ante la brutal represión del régimen de toda disidencia.

[4]UNA DICTADURA QUE CUMPLE 45 AÑOS

Tras su independencia del Imperio Británico en 1948, los líderes y la sociedad civil del país intentaron construir un modelo político democrático, siguiendo el ejemplo de su vecina la India. Sin embargo, en 1962 un golpe de estado militar finalizó abruptamente esta vía e inauguró una etapa de autocracia que cumple ahora más de 45 años. El gobierno militar, que ha rebautizado al país como Myanmar como gesto de fuerza ante la comunidad internacional, justificó su intervención y su presencia permanente en el poder en la necesidad de mantener la unidad nacional, en peligro ante la diversidad étnica del país, con más de cien grupos etnolinguísticos diferentes.

El control de la Junta sobre el país ha sido férreo durante décadas, pero en 1990 se vio forzada por presiones internas y externas a convocar elecciones parlamentarias. Los dirigentes militares pensaban que podían controlar el proceso democrático pero el NLD de Aung San Suu Kyi obtuvo 392 de los 492 escaños del parlamento. Sin embargo, la Junta anuló el resultado de las elecciones y recrudeció su política represiva hacia cualquier tipo de oposición política.

GEOPOLÍTICA Y ENERGÍA

Durante años las principales fuentes de ingreso de la Junta Militar se han originado del comercio de la madera, el narcotráfico (Burma es el segundo productor de opio a nivel mundial) y el comercio ilegal de piedras preciosas, pero el descubrimiento de reservas significativas de gas natural en su territorio le han proporcionado un recurso estratégico muy valioso.

Estados Unidos, la Unión Europea y Japón han abanderado una política de sanciones diplomáticas y económicas crecientes para el país; mientras que los países de la región agrupados en la ASEAN [5] (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) han buscado un enfoque de acercamiento constructivo. Sin embargo, la Junta Militar ha sabido burlar ambas opciones y buscar otros aliados, basándose en su posición geográfica estratégica entre China y la India y sus reservas gasísticas.

China ha buscado históricamente buenas relaciones con el régimen militar como una vía directa de influencia en el Sudeste Asiático y estos lazos se han reforzado con el negocio del gas natural. El gigante comunista, que necesita grandes cantidades de energía para mantener su crecimiento económico, no tiene ningún reparo en fomentar relaciones con regímenes dictatoriales que puedan proporcionarle estos recursos, como Guinea Ecuatorial, Sudán, Zimbaue o Burma. India, pese a sus credenciales democráticas, también ha establecido acuerdos de colaboración en el ámbito energético, en parte por sus propias necesidades, en parte para contrarrestar la influencia china en su frontera oriental.

¿UN PLAYBOY INCORREGIBLE?

En defensa de su política de acercamiento constructivo, el ministro de Asuntos Exteriores de Tailandia afirmó en la Cumbre de 1997 que formalizaba la entrada de Burma en la ASEAN: Incluso un playboy puede convertirse en un buen marido después de su boda, si cuenta con la ayuda de la familia. Éste es el modelo de la ASEAN para Myanmar. Una década después la política constructiva familiar no ha dado los resultados esperados y se apunta un cambio estratégico.

El pasado 30 de julio los ministros de Asuntos Exteriores de la ASEAN presentaron un comunicado exigiendo a Myanmar/Burma la liberación de los prisioneros políticos y la realización de progresos tangibles hacia la democracia. Estas críticas directas se han visto acompañadas por noticias de que la organización tiene previsto establecer una comisión de derechos humanos en su nuevo estatuto que revise el comportamiento de sus miembros, aunque sin capacidad para establecer medidas coercitivas.

BUSCANDO UNA ALTERNATIVA PARA LA TRANSICIÓN

La nueva estrategia de la ASEAN puede ser un impulso para una transición a la democracia apoyada por la comunidad internacional. La política de boicot internacional y sanciones no ha funcionado al aumentar la pobreza y crear mayores dificultades para la población y fortalecer de esta manera el aislamiento tradicional en el que el régimen militar se mueve a la perfección.

El aumento de la ayuda de emergencia y humanitaria, debe llegar en paralelo con una renovada presión internacional coordinada por Naciones Unidas para promover un proceso gradual de reforma, que cuente con incentivos para el régimen como apoyos financieros y diplomáticos en función de avances reales. China e India deben ser tenidas en cuenta como actores claves de la región y su cooperación vinculada a otros temas internacionales de interés común más relevantes para ambos que sus intereses en Burma.

El proceso debe iniciarse a través de un diálogo político genuino que incluya al NLD y Aung San Suu Kyi además de representantes de los diversos grupos étnicos, en paralelo a un cese de las operaciones militares del Ejército y los grupos violentos. El modelo sudafricano de transición liderado por Nelson Mandela [6], que supo construir un proceso gradual y no traumático con la inclusión de los sectores moderados y aperturistas del régimen del apartheid, es una referencia clave a seguir para esta situación. La oposición política debe ser consciente de que es necesario dialogar con la Junta desde una posición constructiva para construir un futuro democrático para Burma.