Nadie ignora que un factor clave en la brecha entre los países pobres y los ricos es la inversión en ciencia y tecnología. Pese a que prácticamente todos los países de América Latina han formulado sus respectivos planes de desarrollo, es necesaria y urgente la implementación de un plan regional que apoye progresos de interés común.


UNO DE LOS TÓPICOS FRECUENTES en la discusión contemporánea, en el eje analítico que relaciona desarrollo-oportunidades, es la diferencia que se observa entre quienes reciben privilegiadamente los beneficios del crecimiento económico y aquéllos menos afortunados o directamente de los resultados de las economías.

Mientras la riqueza parece concentrarse, creciente y sostenidamente, en escasos grupos de poder mundial y regional, millones de seres humanos se encuentran en la periferia de este proceso.

“Pese a que las economías de los países en desarrollo, en general, están creciendo a tasas más elevadas que las de los países desarrollados, las desigualdades absolutas entre países pobres y ricos continúan en alza”

De acuerdo a informes de Naciones Unidas, si comparamos al ciudadano medio de países del extremo más pobre con el de países más ricos, la brecha es gigantesca y está aumentando: a comienzos de los noventa un norteamericano medio era casi cuarenta veces más rico que un tanzano medio; hoy lo es más de sesenta veces.

Por otra parte, a pesar que las economías de los países en desarrollo, en general, están creciendo a tasas más elevadas que las de los países desarrollados, las desigualdades absolutas entre países pobres y ricos continúan en alza: a modo ejemplar, si el ingreso promedio creciera un 1 por ciento en los países del África Subsahariana y en la misma tasa en los países más fuertes, la variación en dinero absoluto sería de unos 51 dólares norteamericanos de incremento per cápita en aquéllos y de 285 dólares en éstos.

EVOLUCIÓN DE LA ECONOMÍA

América Latina pareciera exhibir una situación menos dramática, que, sin embargo, no es menos precaria, insuficiente y deficitaria. Si examinamos la evolución del Producto Interior Bruto (PIB) en la década 1996-2005, sólo en 1997, 2004 y 2005 superó la barrera del 4 por ciento, incluso en 1999 y 2001 éste fue literalmente nulo. El año 2002, particularmente, el producto fue negativo. Durante los últimos cinco años (2003-2007) la región crece a un promedio del 5 por ciento, lo cual no está nada mal, más bien todo lo contrario, pero es insuficiente para producir verdadero desarrollo.

“Considerando a cada nación por si sola, el nivel de resultados respecto de las aspiraciones contenidas en los planes de ciencia y tecnología, es mínimoEs posible abordar esta situación desde diversas vertientes: el impulso al desarrollo empresarial, el proceso de añadir valor a la producción, políticas laborales y de seguridad social. También desde dimensiones de más largo plazo, aunque también son más estables y sólidas: la educación, el desarrollo científico y tecnológico, creación de conocimiento propio, estímulo a la producción de patentes de invención y modelos industriales.

Si abordamos el problema desde la óptica de este último conjunto, podemos establecer una suerte de encadenamiento secuencial, que culmina con la necesidad ineludible de incrementar los niveles de desarrollo científico y tecnológico.

INVERSIÓN EN CIENCIA Y DESARROLLO

Prácticamente todas las naciones de la región han formulado y escrito sus respectivos planes de desarrollo de ciencia y tecnología. No obstante, al observarlos comparativamente se producen en una tasa francamente marginal.

“Un elemento fundacional de este proceso es la búsqueda de una convergencia concreta entre los países de América Latina”Adicionalmente, y esta vez considerando a cada nación por si sola, el nivel de resultados respecto de las aspiraciones contenidas en los planes de ciencia y tecnología, es aún menor. Esta constatación se hace a la luz del impacto que estas iniciativas deben tener finalmente: incremento de la competitividad nacional, aumento del PIB, mejoría en los índices de Gini. No hay evidencia que permita correlacionar claramente la relación funcional entre causas y resultados.

En este escenario, América Latina enfrenta un desafío ineludible si quiere alcanzar niveles de desarrollo protagónicos globalmente. Un elemento fundacional de este proceso es la búsqueda de una convergencia concreta entre los países miembros.

De aquí debería surgir un plan regional y planes nacionales que apoyen desarrollos de interés común y permitan avanzar en los tópicos en que cada uno, individualmente, es más fuerte o presenta mejores capacidades. Este es el desafío que los estadistas deberán enfrentar más temprano que tarde.