Álvaro Colom es el nuevo presidente de Guatemala tras unas elecciones limpias pero marcadas por el absentismo y por un elevado número de votos intencionadamente nulos. Superar los índices de criminalidad, inseguridad, probreza y bajos niveles de producción son los principales objetivos de la nueva legislatura. La clave reside ahora en la gobernabilidad.

(Desde Ciudad de Guatemala)

ÁLVARO COLOM LOGRÓ ALCANZAR LA PRESIDENCIA de Guatemala en el tercer intento. Se encuentra un país con unos índices de delincuencia e inseguridad elevadísimos, con uno de los porcentajes de desigualdad más altos de América Latina, y con unos niveles de desempleo alarmantes. Tiene cuatro años para intentar poner remiendos a problemas estructurales, y él mismo se ha lanzado un reto de cien días para obtener algunos resultados concretos.

Después de dos rondas electorales agotadoras para candidatos, población y observadores electorales nacionales e internacionales, Colom consiguió ser presidente de Guatemala. Las elecciones han sido limpias, pero todavía tienen que mejorar. El responsable de la misión de observación electoral de la Unión Europea, Wolfgang Kreissl-Dörfler, destacó, entre otras cosas, que la campaña y precampaña deberían ser más cortas y que faltan mecanismos eficaces para fiscalizar los gastos de los partidos en esas actividades.

DISMINUIR LA POBREZA, GENERAR EMPLEO, TERMINAR CON LA INSEGURIDAD

Otto Pérez, general retirado y duro candidato, perdió con una campaña que potenciaba el castigo ejemplar para los delincuentes y que logró captar a muchísima población, Mano Dura era su lema. Si tenemos en cuenta que hace cinco meses nadie apostaba por él y que ha estado cerca de la victoria, nos haremos una idea de la desesperación que viven los guatemaltecos ante el crimen, organizado y desorganizado, que asola el país. Para sus votantes quedó en el olvido la actuación de este militar en el conflicto armado, donde fue responsable de muchas muertes, que han llevado a diversos grupos de derechos humanos a tacharle de genocida y a aportar pruebas de esta acusación. El pragmatismo cotidiano que define a la actual Guatemala, indígena y ladina, puede darle la victoria dentro de cuatro años.

“Colom admira a Rodríguez Zapatero y a Michelle Bachelet, y se caracteriza por llevar a la enésima potencia las palabras talante, diálogo, negociación y tolerancia, lo que todavía es poco valorado por la mayoría de la población” Los mismos cuatro años que tiene Colom para disminuir la pobreza, generar empleo, terminar con la inseguridad y aumentar la productividad de su país. Se autodefine como socialdemócrata, pero alguien que lea estas líneas y no conozca Guatemala se puede confundir.

La ideología en los partidos políticos guatemaltecos brilla por su ausencia, podemos encontrar a algunas personas dedicadas a esta profesión que han estado en 4 ó 5 partidos sin ningún problema. Incluso a alguna que en la primera vuelta de estas elecciones estuvo con Colom, y en la segunda con Pérez. El trabajo de político es uno más en este maravilloso país centroamericano.

Aún así, Colom admira a Rodríguez Zapatero y a Michelle Bachelet, y se caracteriza por llevar a la enésima potencia las palabras talante, diálogo, negociación y tolerancia, lo que personalmente me parece admirable en líneas generales, pero todavía es poco valorado por la mayoría de la población guatemalteca. Evidentemente ha ganado las elecciones, pero no se nos debe olvidar la altísima abstención y la llamada de atención del elevado número de votos nulos, intencionadamente nulos.

LA GOBERNABILIDAD, UNA CUESTIÓN CLAVE

Con un programa efectivo de impacto en los primeros cien días de gobierno, Colom ganaría la credibilidad que le hace falta ante actores políticos, económicos y sociales internos y externos. La comunidad internacional necesita más para invertir en Guatemala. La población guatemalteca necesita más para creer en el nuevo presidente.

“El problema es que la palabra esperanza se ha diluido tantas veces en Guatemala, que da miedo pronunciarla en vano” Uno de los puntos clave será la gobernabilidad del país, sin ella nada de lo que proponga saldrá adelante, ya que el partido de Álvaro Colom no tiene la mayoría del parlamento. Deberá hacer efectivos los pactos que fue tejiendo con los partidos que se quedaron fuera de la segunda vuelta, sin ellos no sacará muchos de sus proyectos. Ya ha habido respuesta positiva de diversos líderes, algunos le ayudaron a ganar en la segunda vuelta, como el ex presidente del país y actual acalde de la capital, Álvaro Arzú.

Debería poder obtener apoyos de la Gran Alianza Nacional (GANA), del Partido Unionista, del Centro de Acción Social, y especialmente de Encuentro por Guatemala, sobre todo de este último en los proyectos sociales. Pero la sombra del tránsfuga, que en este caso puede ser un problema y una solución a la vez de cara a la gobernabilidad, sigue planeando por todos los partidos guatemaltecos. Un problema porque puede que diputados del partido de Colom, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), se pasen a otros grupos políticos; una ventaja porque puede que otros se pasen al partido del presidente electo y sumen votos.

ASUNTOS QUE NO PUEDEN ELUDIRSE

Coincidiendo con el pragmatismo del votante guatemalteco se debe exigir lo que se pueda cumplir. El país no va a disfrutar de una transformación radical durante los siguientes cuatro años, pero Álvaro Colom tiene la obligación de trabajar algunos puntos sin dilación:

Que disminuyan los asesinatos en general, pero los de mujeres en particular, ya que se están convirtiendo en una lacra histórica para el país. Son indiscriminados, cobardes y retrógrados, las matan por ser mujeres la mayoría de las ocasiones, y se debería poner toda la fuerza del Estado en ello, depurando lo que haga falta depurar en las fuerzas de seguridad que de momento, en el mejor de los casos, miran a otro lado.

Que aumente la tasa de empleo, pactando con las fuerzas económicas y sociales, con las que ya ha habido acercamientos.

La tarea es inmensa, pero para aprobar el primer examen que el mismo Colom se ha impuesto en sus primeros cien días, por algún lado tiene que comenzar a actuar de verdad. Desde luego, mirándolo bien, no es complicado que las cosas vayan mejor que en la actualidad. El problema es que la palabra esperanza se ha diluido tantas veces en Guatemala, que da miedo pronunciarla en vano.