Las relaciones con Brasil, Venezuela, Uruguay y Chile, los gestos reactivos y el pragmatismo con Washington, el manejo de la Economía y la renegociación de la deuda externa han marcado, entre otros temas, la política exterior de Buenos Aires durante el mandato de Néstor Kirchner. Para comprender cuáles serán los desafíos de Cristina Fernández de Kirchner en materia exterior, he aquí un balance de los logros y desaciertos de Argentina en el período 2003-2007.

NÉSTOR KIRCHNER NO SERÁ UN PRESIDENTE recordado por sus vacilaciones o por su falta de decisión. Por el contrario, el líder patagónico que condujo a Argentina durante los últimos cuatros años nunca fue un hombre afecto a los grises o a las posturas intermedias. Gusten o no sus decisiones, lo cierto es que Kirchner ejerció efectivamente el poder. Y el campo de la política exterior, contrariamente a lo que se afirma desde trincheras varias, no ha sido la excepción.

Es cierto que, con toda justicia, pueden criticarse la orientación y la implementación de sus decisiones en materia de política exterior. Lo que no resulta fácilmente admisible, sin embargo, es sostener que Argentina no tuvo política exterior durante esta etapa.

A continuación, se presenta un breve balance de la actuación en materia internacional por Argentina en el período 2003-2007. Con el objetivo de identificar los aciertos y los errores de la gestión, se irá de lo general a lo particular, en un análisis que, con fines exclusivamente analíticos, se dividirá en dos etapas: una primera, de mayo de 2003 a octubre de 2005; y una segunda, desde octubre de 2005 a la actualidad.

REPASO GENERAL

Antes de analizar detenidamente los dos subperíodos señalados, es preciso evaluar de modo general la política exterior del cuatrienio. La orientación en materia internacional fue, en líneas generales, racional, con eje basal en la defensa de los derechos humanos y en la búsqueda de cuotas prudenciales de autonomía. Se combinaron, de modo variable, convicciones con realismo, llegando a un resultado final que podría definirse, al menos, como aceptable.

“La renegociación de la deuda externa en default fue el tema clave del período 2003-2005″ En este marco, las relaciones con Brasil comenzaron cargadas de desinteligencias y recelos, para terminar signadas por una esperanzadora empatía. Con Estados Unidos, por su parte, el vínculo tuvo sus matices. Más allá de las críticas del presidente argentino a determinadas políticas de Washington, en general realizadas para sacar rédito del creciente antinorteamericanismo doméstico, lo cierto es que Argentina acompañó las iniciativas más racionales de la gran potencia (definiciones contra el terrorismo internacional, legislación contra el narcoterrorismo y el lavado de dinero, etc.). Asimismo, Kirchner supo diferenciarse en todo momento de los mayores desaguisados del líder republicano, especialmente en lo referente al fracaso de la guerra de Irak.

Hasta aquí, los aspectos positivos de la gestión. Sin embargo, este sesgo, en general correcto, fue a menudo mal implementado y se cayó recurrentemente en lamentables contradicciones, como por ejemplo, el diferendo interminable con Uruguay por las fábricas papeleras y la vigencia de una oscura diplomacia paralela con Venezuela.

EL PERÍODO 2003-2005

Esta primera fase de la política exterior abarca desde la toma de posesión el 25 de mayo de 2003 hasta las elecciones legislativas de octubre de 2005.

“Las relaciones con Estados Unidos estuvieron dominadas en la primera etapa por una retórica algo más encendida que durante los gobiernos anteriores, con críticas especialmente dirigidas al rol de Washington en el FMI durante la crisis de 2001”

Despuntan en ella algunas características que serán constantes de toda la gestión en materia de política exterior. Como ha sostenido el académico argentino Roberto Russell, el gobierno de Kirchner se caracterizó por un estilo de gobierno áspero, confrontativo y refractario a la crítica y por una particular aversión por parte del presidente hacia los temas de política exterior. Sin embargo, esta incomodidad de Kirchner frente a los temas internacionales no debería ser inmediatamente traducida, como se ha hecho desde diversos sectores, en una carencia de política exterior.

Esta primera etapa estuvo dominada por un tema central, correctamente resuelto, y por varios temas secundarios, no siempre abordados de modo eficaz. La renegociación de la deuda externa en default fue el tema clave del período 2003-2005. Hubo aquí una clara estrategia internacional concebida por el presidente Kirchner y su ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el resultado fue, al fin de cuentas, exitoso.

Del total de 102 millones de dólares en default, considerando capitales e intereses adeudados, ingresaron al canje casi 78 mil millones, es decir 76 por ciento del total. El gobierno ha estimado el porcentaje de quita en un 66 por ciento (incluyendo los 24 mil millones de créditos no ingresados al canje), lo que representa un ahorro de más de 45 mil millones de dólares para el país.

“El vínculo con Caracas se apoya más en los negocios que en las afinidades ideológicas” En cuanto al resto de los temas, cabe mencionar las relaciones con Estados Unidos, dominadas por una retórica algo más encendida que durante los gobiernos anteriores, con críticas especialmente dirigidas al rol de Washington en el Fondo Monetario Internacional (FMI) durante la crisis de 2001, pero cuidándose siempre de no atacar directamente al presidente George W. Bush.

Además, se destacan en esta primera etapa la renegociación de los contratos con las empresas de servicios públicos privatizadas, cuestión en la que el gobierno argentino evitó deliberadamente avanzar y que será, junto con la deuda con el Club de París, uno de los temas más espinosos del próximo gobierno en materia internacional.

Finalmente, el período incluyó ciertos cortocircuitos con Chile por las dificultades para cumplir con la provisión de gas y algunas desinteligencias con Brasil, tanto en el campo bilateral como al interior del Mercosur.

EL PERÍODO 2005-2007

Tras las elecciones legislativas de 2005, en las que el oficialismo arrasó en las urnas y superó así los problemas de su legitimidad de origen (cabe recordar que Kirchner había accedido al poder en 2003 con el 22 por ciento de los votos, privado de la posibilidad de una segunda vuelta electoral), el mandatario se encontraba con un panorama aparentemente favorable para encarar una política exterior más ordenada. Sin embargo, el balance ha sido dispar.

“Destaca el entendimiento entre Kirchner y Lula (…) se observa una mayor voluntad para hacer frente a los problemas del Mercosur, especialmente a la cuestión institucional”

Entre los aspectos a destacar, cabe señalar la designación de Jorge Taiana como canciller (ocupa la cartera de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto), un hombre con mayor formación en asuntos internacionales, que contribuyó notablemente a mejorar la imagen del país en el exterior. Sin embargo, Taiana no logró hacerse del manejo completo de los asuntos diplomáticos, dado que las estratégicas relaciones con Venezuela y Bolivia quedaron en manos de una diplomacia paralela a cargo del ministro de Planificación Federal, Julio De Vido.

En relación con Venezuela, es importante señalar que el vínculo con Caracas se apoya más en los negocios y las conveniencias mutuas que en las afinidades ideológicas. Así pues, el neodesarrollismo kirchnerista tiene muy poco que ver con el socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez Frías.

“Resulta urgente extirpar de la política exterior argentina la tendencia a la excesiva personalización y concentración de las decisiones”Por otra parte, cabe ponderar el importante nivel de entendimiento al que arribaron Kirchner y su colega brasileño, Luis Inacio Lula da Silva, sobre la base del aprendizaje de los errores de la etapa 2003-2005. En este sentido, se observa tanto en la Casa Rosada como en el Palacio del Planalto, una mayor voluntad para hacer frente a los problemas del Mercosur, especialmente en lo que hace a la cuestión institucional y a las asimetrías que sufren los estados más pequeños del bloque (Uruguay y Paraguay).

Por último, las relaciones argentino-estadounidenses han mantenido la tónica del período 2003-2005. Pese a que el Departamento de Estado, tomando nota de los gestos reactivos del presidente Kirchner (Cumbre de Mar del Plata de noviembre de 2005 e invitación del presidente argentino al mandatario venezolano en momentos en que George W. Bush visitaba al vecino país del Uruguay), bajó la calificación de las relaciones bilaterales de excelentes a positivas, lo cierto es que continuaron inalteradas las coincidencias y la colaboración en temas de gran importancia para la agenda externa de Washington (no proliferación nuclear, lavado de dinero, lucha contra el narcotráfico y terrorismo regionales, etc.).

2007-2011

La política exterior de la nueva presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, deberá profundizar el sesgo adecuado de la gestión de Néstor Kirchner: defensa de valores universales (derechos humanos y no proliferación nuclear) y dosis combinadas de realismo y prudencial autonomía, en el marco de relaciones cooperativas con la principal potencia mundial y hemisférica (Estados Unidos) y con la mayor potencia regional (Brasil).

“Resulta fundamental recuperar un vínculo que, más allá de las coincidencias ideológicas entre sus líderes, no se ha consolidado todo lo necesario. Se trata del eje Argentina-Brasil-Chile (ABC), vital para la integración regional, la paz y la estabilidad en América del Sur”

Sin embargo, con la continuidad de estos correctos lineamientos no bastará para el éxito internacional de la ya actual gestión. Resulta urgente extirpar de la política exterior argentina la tendencia a la excesiva personalización y concentración de las decisiones, que ha conducido, en el cuatrienio 2003-2007, al penoso entredicho con Uruguay por las fábricas papeleras y a las sospechas de corrupción en la diplomacia paralela con Venezuela.

Finalmente, resulta fundamental recuperar un vínculo que, más allá de las coincidencias ideológicas entre sus líderes, no se ha consolidado todo lo necesario. Se trata del eje Argentina-Brasil-Chile (ABC), vital para la integración regional, la paz y la estabilidad en América del Sur. Su relanzamiento es, a todas luces, fundamental para contrarrestar el potencial desestabilizador de Venezuela en el Cono Sur y para desarrollar estrategias que posibiliten contener la injerencia e influencia de Washington en la región.